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01 de Feb de 2023

Nacional

Subir la valla

El miércoles próximo no solo habrá elección de rector, sino también de decanos y directores de centros regionales

Eduardo Flores es postulante para la Rectoría de la Universidad de Panamá por el periodo 2016-21. Obtuvo la mayor cantidad de votos en la contienda anterior, si bien, con el sistema de voto ponderado, resultó victorioso García de Paredes. Flores empezó entonces a caminar, conversar y preparar su nueva campaña, en la que es favorito para triunfar.

La atención de nuestra sociedad está centrada en esa elección que se celebrará el miércoles próximo y en la que, no solo habrá elección de rector, sino también de decanos y directores de centros regionales de la mayor institución universitaria del país.

Conozco hace 30 años a Eduardo Flores, y sus preocupaciones por el desarrollo humanístico y cultural, no obstante su formación académica proviene de las ciencias exactas, de manera particular de la Física. En varias ocasiones, fue mi invitado en programas radiofónicos para acercar sus conocimientos a las audiencias no especializadas en el fascinante mundo científico y tecnológico.

Ha promocionado, incluso con publicaciones, la elevación de la enseñanza de las ciencias, ha sido presidente de la Asociación de Física de Panamá, y en la Universidad ha ocupado puestos, desde profesor asistente hasta decano. Una vida empeñada en los mejores valores universitarios, que, si es que triunfa, representará un aire de renovación para la educación superior nacional.

En su especialidad, Flores ostenta una maestría otorgada por el Instituto Politécnico Nacional de México y un doctorado por la Universidad Politécnica de Cataluña, España. Con altas distinciones. Un orgullo para él, su familia y nuestro país.

Seis profesores compiten por la Rectoría, sin embargo la pelea está entre Flores y Medrano. Si bien Flores considera que los votantes lo favorecerán, no pocos creen que la maquinaria liderada por García de Paredes no dará su brazo a torcer para mantener el ‘statu quo’, que abandera Medrano.

Esa calificación de ‘statu quo’ la empleó Blades cuando declinó aceptar el doctorado honoris causa que le otorgó, por unanimidad y en vísperas de la elección, el Consejo General Universitario, por recomendación de la Facultad de Humanidades. Egresado de la Facultad de Derecho, Blades precisó que no se rehúsa a ser condecorado en el futuro si es que no se ratifica la fórmula del ‘statu quo’.

Flores evalúa que el momento actual del país, con un crecimiento económico ponderado y concluida la megaobra canalera significa para la Casa de Mèndez Pereira una singular e inédita oportunidad para renovarse y reinventarse, y ponerse en sintonía con el clamor de desarrollo necesario. En esa institución se agotó el modelo de gestión y se requiere uno nuevo, proactivo, mancomunado con la sociedad y sus actores, motivado, participativo y creativo.

El tiempo pasa rápido. Ya la Universidad de Panamá tiene que pensar en su centenario. Fue creada el 24 de junio de 1935. En menos de 20 años, llegará a esa cifra mágica. Fue en medio de ambas guerras. Eminencias que fueron perseguidas en Europa le trajeron sus talentos y conocimientos. y La institución ha sido un soporte para el progreso de la nación.

Es un periodo en el que deberá robustecerse la oferta educativa y sintonizarla con las necesidades del mercado laboral y de las aspiraciones del país, así como ampliar el empleo en todas las esferas de las tecnologías de la información y la investigación para la superación para problemas nacionales puntuales.

Sobre la oferta educativa, Flores propone ampliarse tanto en los niveles de formación técnica, licenciatura, postgrados, doctorados y postdoctorados. Con una relación con mundo laboral, sectores productivos y centros de investigación, con sus correspondientes proyectos.

En su propuesta, se propone poner en los estudiantes, en primer lugar, la creatividad, innovación, crítica, solidaridad e inconformidad, así como fortalecer la relación extensión-docencia, con una formación integral por medio de la vinculación del proceso educativo con la realidad nacional.

“Que el claustro universitario sea un laboratorio de análisis y foro institucional sobre aspectos nacionales e internacionales”, sostiene.