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06 de Apr de 2020

Nacional

‘¡Ooops! ¡Cometimos un error!' ‘El ganador fue el doctor Arias'

En noviembre de 1949, año y medio después de las elecciones de mayo de 1948, el Jurado Nacional de Elecciones se percató de su error

‘¡Ooops! ¡Cometimos un error!' ‘El ganador fue el doctor Arias'
De izquierda a derecha, el diputado Jorge Illueca se dirige a sus colegas en la Asamblea Nacional, la noche del martes 22 de noviembre de 1949; foto oficial del presidente Roberto Chiari.

En la madrugada del domingo 20 de noviembre de 1949, después de una larga noche de amenazas y negociaciones, Roberto F. Chiari Remón, hijo del expresidente Rodolfo Chiari (1924-1928) y líder del Partido Liberal, se juramentaba como nuevo presidente de la República de Panamá.

Apenas unos minutos antes, había salido por la puerta del Palacio de las Garzas, con la cabeza baja, su antecesor, el doctor Daniel Chanis, forzado a renunciar — al puesto heredado de Domingo Díaz (julio, 1948)— por el coronel José Remón Cantera, jefe de la Policía Nacional de Panamá, en lo que se consideró el primer golpe militar de la historia de la República.

Antes del mediodía, el nuevo presidente, un político ambicioso pero determinado a mantener su reputación, anunciaba por radio al país la formación de su gabinete, a la vez que invitaba a la ciudadanía a ‘deponer las pasiones políticas o de partido' y ‘dedicar nuestros mejores esfuerzos a la obra grandiosa de reconstrucción nacional'.

Pero los llamados de Chiari encontraron oídos sordos en una ciudadanía indignada, que exigía respeto al orden constitucional y que consideraba el nuevo poder que se alzaba desde la comandancia —los coroneles Remón, Bolívar Vallarino y Saturnino Flores—, como una amenaza a la democracia y a la libre empresa (ver ‘Tres presidentes en cinco días', la semana anterior).

CHANIS ACUDE A LA ASAMBLEA

El martes 22 de noviembre, en horas de la tarde, curiosos y simpatizantes empezaron a reunirse en los alrededores del palacio legislativo, en la Avenida Central, donde se viviría lo que los medios noticiosos han calificado de ‘una de las sesiones más dramáticas que recuerde la historia de la República de Panamá'.

Según se había explicado a la opinión pública, la renuncia de Chanis no era final hasta que no hubiese sido aceptada por la Asamblea Legislativa, como señalaba el artículo 120, ordinal 3ro de la Constitución vigente (1946). Esa noche, se rumoraba, los diputados debatirían la dimisión.

A las 7:30 pm, en medio de una gran ovación del pueblo presente, apareció Chanis rodeado de familiares, amigos y simpatizantes.

Pocos minutos después, adentro del palacio, el presidente del legislativo, Aquilino Boyd, otorgaba al doctor, por petición del diputado Jorge Illueca, cortesía de sala para que se expusieran ‘los lamentables sucesos que se habían dado en la madrugada del domingo 20'.

INTERROGATORIO

Ante la mirada atenta de los diputados, secretarios y un público que se comía los hechos a través de las abarrotadas ventanas del hemiciclo, el diputado Illueca, un joven abogado de 31 años, apoyado por el Frente Patriótico y el Partido Revolucionario Auténtico (PRA). Impecablemente vestido, con su traje blanco, y gestos mesurados , pero de inmensa voluntad, Illueca abordó el asunto.

—Doctor, díganos usted: ¿Renunció el pasado domingo a la presidencia por voluntad propia?

—No. La renuncia la hice obligado por la más brutal coacción que ha sido seguida por un ultimátum a la Presidencia de la República—, contestó el interpelado, un urólogo de 57 años, que gozaba gran prestigio en el país.

—¿Habría renunciado usted por voluntad propia?—, continuó Illueca, con su voz de trono.

—Jamás en mi vida, si no se me amenaza...—, respondió, a su vez, el mandatario, poniendo de manifiesto la indignación que lo embargaba.

—¿Desea usted retirar la renuncia ante esta augusta cámara?—, volvió a preguntar el diputado.

Chanis se levantó de su silla. Miró al presidente de la sala, Aquilino Boyd, posteriormente a los diputados, y, al público, y, finalmente, anunció:

—Todavía soy el presidente constitucional de la República de Panamá y lo continuaré siendo hasta que esta Asamblea no disponga lo relativo a la renuncia.

En este momento, uno de los diputados presentes se acercó al doctor y le ofreció un documento: el original de la carta de renuncia firmada apenas dos días atrás.

—Retiro mi renuncia—, dijo Chanis, mientras tomaba la carta, la estrujaba y la arrojaba con fuerza al suelo, en medio de nuevos aplausos.

—¡Acompañemos al doctor Chanis a la presidencia!—, gritó el diputado Illueca.

—!A la presidencia!—, corió el público presente.

SE ARMA LA MARCHA

Así, mientras la mayoría de los diputados permanecían en el palacio legislativo conversando o redactando una nota dirigida a la Corte Suprema de Justicia sobre la decisión de esa sala de ‘no aceptar la renuncia de Chanis', otros diputados se unían a las filas de gentes que se preparaban para marchar hasta el Palacio de las Garzas.

Tomando las banderas del hemiciclo y con el todavía presidente a la cabeza, la marcha salió de la Asamblea y tomó por la Avenida Central en dirección a San Felipe. Mientras avanzaban en medio de la noche hacia su destino, se les iban uniendo numerosos ciudadanos.

A la altura de la Plaza de la Independencia, la masa humana sumaba entre 10 mil y 30 mil almas desbordantes de entusiasmo, cuando repentinamente, empezaron a salir de las bocacalles numerosos destacamentos de la Policía, de caballería, de infantería, motorizados, que abrieron fuego contra los manifestantes desde distintos ángulos.

La gente salió despavorida. Doce personas fueron heridas. Un niño de seis años, de nombre Manuel Pazmiño, que observaba la escena desde la plaza junto a su padre, murió con el impacto de una bala.

Los manifestantes, furiosos, no se conformaron con ser repelidos y se abalanzaron hacia otras áreas de la ciudad, especialmente la Avenida Central, a continuar sus protestas. Allí permanecieron hasta las 9:30 pm, volteando y quemando autobuses de una línea comercial que se decía era propiedad del coronel Remón.

La violencia continuaría la noche siguiente, cuando la Policía Nacional se tomó la Plaza de Santa Ana y se introdujo en el campus universitario, disparando y lanzando bombas lacrimógenas para evitar una marcha planeada por los estudiantes.

CHIARI ECHA PARA ATRÁS

A pesar de los continuos llamados de Chiari a la calma, el día 24 era claro que la ciudadanía no estaba dispuesta a cruzarse de brazos.

Tras dos noches consecutivas de violencia, la sociedad civil gestaba ‘un gigantesco movimiento de protesta civil', para exigir la renuncia de los tres coroneles de la Policía Nacional.

Los establecimientos comerciales, los bancos, los cines, fábricas, cerraban sus puertas. El cuerpo médico se rehusaba a atender pacientes fuera de las salas de urgencia. El Ministerio de Educación, el Magisterio Panameño Unido y la Contraloría General de la República también anunciaban su adherencia al paro. Incluso las empresas petroleras se negaban a enviar combustible a la ciudad hasta tanto no reinara ‘la normalidad'.

La fortaleza del movimiento hizo dudar a Chiari, quien, ese mismo día, en horas de la tarde, anunciaba por radio a la ciudadanía que ponía su puesto a disposición de la Corte Suprema de Justicia.

‘Como he manifestado al país, si tomé posesión de la presidencia de la República fue debido a solicitud encarecida formulada por el alto magistrado dimitente, doctor Daniel Chanis. Lo hice con la seguridad dada por él mismo, de que se trataba de una medida seria y formal, de carácter definitivo.'

‘En tal virtud, vengo a someter a vuestro ilustrado criterio el problema relativo a la constitucionalidad de mi actuación como segundo vicepresidente encargado de la Presidencia de la República'.

DESENLACE

Todavía la Corte no había emitido respuesta, que se suponía a favor de Chanis, cuando, por toda la ciudad empezó a correr el rumor de que Remón no estaba dispuesto a aceptar ninguna decisión.

Efectivamente, de acuerdo con relatos de prensa, al caer la tarde, el comandante, instalado a sus anchas en el Palacio de las Garzas, hacía llamar al expresidente de la República Arnulfo Arias, que, casualmente, había llegado al país la noche anterior procedente del exterior.

‘Vente para acá a hacerte cargo del poder', le habría dicho Remón al doctor Arias, quien, pocos minutos después, se presentaba en la mansión presidencial.

Mientras tanto, también por invitación del comandante de la Policía, se reunía el Jurado Nacional de Elecciones, para rescatar las actas de las elecciones de 1948, guardadas en las bóvedas del Banco Nacional, y hacer un recuento de votos.

Después de analizar las actas, el Jurado Nacional de elecciones, compuesto por los señores Carlos N. Brin, Didacio Silvera, Ernesto Zubieta, Max Arosemena, José Guillermo Batalla y Juan M. Villalaz, llegaba a un veredicto. A través de una resolución, que hacía llegar a la Asamblea Nacional y a la Corte Suprema, ‘rectificaba el resultado de las elecciones últimas'.

La razón: se había encontrado un error en el conteo. El ganador de aquellas elecciones no había sido Domingo Díaz, como en su momento se había dicho, sino el doctor Arnulfo Arias Madrid.

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LOS HECHOS

Noviembre de 1949

DOMINGO, 20

El presidente Daniel Chanis pide la renuncia del comandante José Remón. Pero, este, a su vez, amenaza al presidente: O renuncia él o las fuerzas policiales se tomarán a la fuerza la Presidencia. A las 6:00 am., Roberto Chiari se juramenta como nuevo presidente y pide al pueblo sumarse a su gobierno.

MARTES, 22

El doctor Chanis acude a la Asamblea Nacional, donde los diputados se niegan a aceptar su renuncia forzada.

MIÉRCOLES, 23

Diversos sectores de la ciudadanía anuncian un paro general para exigir la renuncia de los tres coroneles de la Policía Nacional: José Remón, Bolívar Vallarino y Saturnino Flores.