Temas Especiales

29 de Mar de 2020

Nacional

‘El trabajo honrado es el único que da réditos', alerta Rosario Gago

Rosario Gago, matriarca española de un linaje panameño, sostiene orgullosa que este país se lo ha dado todo y que le retribuye con la misma generosidad. ‘No hay más fórmula que dar para recibir. La cultura del esfuerzo es el único camino al éxito', manifiesta convencida y satisfecha

Habiendo nacido en España, Rosario Salinero de Gago es panameña por mérito y convicción. Panamá, dice, se lo ha dado todo y no es una mujer que desatienda sus deudas. Aquí pace y aquí yacerá, sostiene a sus 85 años, al frente de la familia de tres hijos y siete nietos que forjó con Lázaro Gago, ya fallecido. Desde que llegó a tierras panameñas, con solo 17 años, y desembarcó en Colón, ‘entonces una ciudad hermosísima', no ha dejado de sentirse agradecida. ‘Esta es una tierra de oportunidades, abierta, generosa y amable con los extranjeros, no tengo más que aprendizajes de este país', sostiene Rosario, que ha recibido condecoraciones tanto de España como de Panamá en reconocimiento por su trabajo social. Es hija meritoria de Panamá desde 2002, recibió la orden ‘Manuel Amador Guerrero' en 2003 y ese mismo año el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España le entrega la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social. ‘Si uno recibe, tiene que dar, no hay otra fórmula para la vida', precisa como máxima universal que ha llevado a la práctica en su vida privada y profesional. Su método para el éxito: ‘trabajar duro y valorar la familia'. ‘Desde el hogar se hace patria', declara orgullosa de su panameñidad.

‘El trabajo me lo ha dado todo. Este es un país generoso y lleno de oportunidades. Hay que aprender a pescar y no esperar a que nos regalen el pescado'.

¿QUÉ CONOCÍA DE PANAMÁ CUANDO LLEGÓ?

Cuando llegué a Panamá no sabía nada del país. Tenía una hermana que se había casado con panameño y como mi vida era muy difícil en España, me dijo que me traía. Yo nací un poco antes de estallar la guerra civil española y cuando tenía cuatro años, murió mi madre y al cumplir nueve, murió mi padre. Yo era la más pequeña de siete hermanos. Esa es una historia muy larga, pero el caso es que me vine a Panamá.

¿CÓMO ERA EL VIAJE EN ESA ÉPOCA?

Me pagaron un pasaje en un barco que se llamaba ‘Marco Polo', italiano, donde solo nos daban de comer macarrones y había una habitación grande para hombres y otra para mujeres. Yo tenía 17 años. Salimos desde Barcelona y estuvimos en alta mar 21 días antes de llegar a Panamá.

¿Y CÓMO FUE LA PRIMERA IMPRESIÓN ?

Nos bajamos en Colón y en seguida me enamoré de la ciudad. ¡Qué bonita era! Tan tranquila, con gente tan amable, todo el mundo atento y con tiendas tan bonitas. Se podía caminar por sus aceras. Me gustaría volver a ver la ciudad así, pero no sé si será posible. Es muy triste que la hayan dejado deteriorar tanto.

¿TRAÍA ALGÚN PLAN?

Me puse a trabajar en seguida, pero el amor fue mi salvación. Siendo cajera en un supermercado me presentaron al que sería mi marido, Lázaro Gago, y en poco más de un año ya tenía una familia que me ató a este país para siempre. Nos casamos en la Iglesia del Carmen cuando todavía estaba en construcción. He tenido tres hijos y siete nietos. De España no traje nada. Este país me lo ha dado todo. Todo lo que tengo es panameño.

¿FUE FÁCIL LA ADAPTACIÓN?

Este país fue generoso conmigo desde el principio. Hice muy buenas amistades en mi primer apartamento, chiquito y alquilado, en Perejil. Me encontré con una sociedad abierta y plural, sin prejuicios. Me hice íntima amiga de mi vecina, Dora, que era de Colón, una mujer grande y de raza negra, casada con un griego al que le gustaban los caballos. Aprendí con ellos valores de tolerancia y convivencia. Panamá era un buen sitio para vivir y empezar una familia.

¿CÓMO CONSIGUIÓ SALIR ADELANTE TAN JOVEN Y SOLA?

Siempre fui una mujer curiosa. Todavía lo soy. Esperando a mi primer hijo, Ricardo, mataron al presidente José Remón Cantera y como si fuera una novela, todas las tardes me iba a escuchar el juicio a la Corte Suprema de Justicia, en Las Bóvedas. Aprendí mucho. Fue una iniciación sobre la clase gobernante del país. Recuerdo la declaración de uno de los testigos, que fue muy significativa. Frente a todos, bajo juramento, declaró: ‘Si lo que digo es mentira, que me entierren sin la mano derecha'. Ni bien había salido de la audiencia, cuando bajando por una curva, le chocaron el carro y perdió la mano ofrecida.

PERO, USTED ‘QUEMÓ LAS NAVES'...

He querido ser tan panameña como la más panameñas. Mi casa es una casa panameña, las costumbres, las comidas, me adapté desde el principio. No tuve ninguna nostalgia. Vine para quedarme y nunca pensé en una vuelta atrás. Yo vine a echar raíces. Ese sentido de pertenencia es tan grande que me resultó muy gracioso cuando el segundo de mis hijos, Pepe, llegó un día a casa de la escuela, todavía muchacho, reclamando saber qué parte de su sangre era española, para sacársela, después de haber aprendido las atrocidades de algunos conquistadores en el país. Hasta ese punto eduqué a mis hijos como panameños.

¿APRENDIÓ SOLA A QUERER AL PAÍS?

Para mí ha sido todo siempre muy intuitivo y autodidacta. Creo que por mi gran espíritu de lucha. Por la guerra, fui al colegio solo tres años. Pero siempre he tenido pasión por la lectura. Recuerdo como revelador, la primera vez que vi una mujer con una pollera. Quedé encantada. Era como una caminata en Santa Ana. Nunca había visto un traje más precioso y me juré que si Dios me daba una hija, tendría la mejor pollera. Llegué a tener siete polleras y algunas de concurso. Mi hija, Mary Carmen, aprendió desde chiquita a bailar típico con el conjunto de Margarita Escala y con Chabelita Pinzón, y fue la primera en ganar el concurso nacional Dama de la Pollera dos años consecutivos, cuando se hacía en el Teatro Nacional. De la pollera llegué a la historia del traje, a sus joyas, a las costumbres, al folclore, a la historia del país. Lo he leído todo y todo me ha interesado. Creo en la superación personal como la mejor estrategia para sortear dificultades.

¿CUÁL CONSIDERA SU MEJOR HERENCIA?

En mi familia ha primado la cultura del trabajo. Lázaro y yo empezamos de cero un emporio que llegó a ser el más grande negocio de alimentación de Panamá, con más de siete supermercados. En el momento de la invasión estábamos inaugurando uno. Estaba totalmente equipado y listo para abrir. Todo se perdió. Pero desde el trabajo volvimos a reponernos y sin pedir nada a nadie. Ese es el mejor legado que dejamos a nuestros hijos. Un ejemplo de trabajo y de superación. Desde el trabajo se crece. El trabajo es el único camino hacia la superación. Nosotros hemos demostrado que se puede prosperar con buenas prácticas. Mis hijos saben que tienen una obligación con este país y espero que se lo enseñen también a los nietos. Yo sé que el panameño de corazón es noble. Hay que enseñar a pescar y no regalar pescados. Mi Panamá es el mejor país del mundo.

CORAZÓN PANAMEÑO

Llegó a Panamá con solo 17 años. Tiene tres hijos y siete nietos

Nombre completo: Rosario Salinero de Gago

Nacimiento: 27 de mayo de 1932 en Salamanca, España

Ocupación: Empresaria

Creencias religiosas: Católica

Cónyuge: Lázaro Gago (q.e.p.d)

Resumen de vida: Fundadora y copropietaria de Supermercados Gago, empresa de alimentación que llegó a tener siete establecimientos. Fundadora de Hogares CREA Panamá (1982) y benefactora de La Ciudad del Niño, ha recibido distinciones del Club Soroptimista, Rotario Internacional y fue ‘Mujer destacada en la Vida Nacional' de la USMA, en 1997 y ‘Ciudadana Notable' de la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, en 2003.