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17 de Nov de 2019

Nacional

Cuba: un viaje en el tiempo

En La Habana se recorre la arquitectura colonial española del siglo XV. Una noche en un cabaré. Conociendo las aguas del Pacífico

Un auto Cadillac del año 50 pasa a toda velocidad frente al Malecón. Habaneros intentan pescar en el larguísimo muro que se extiende sobre toda la costa norte de la capital cubana. En La Habana la vida transcurre entre música, tradición, cultura y monumentos nacionales. Es un viaje en el tiempo.

Declarada una de las siete ciudades maravilla del mundo en junio de 2016, La Habana tiene algo para todos. Un inigualable patrimonio que puede ser admirado en su Centro Histórico.

La arquitectura colonial española en el centro de La Habana Vieja del siglo XVI incluye el Castillo de la Fuerza Real, un fuerte y un museo marítimo. En el lugar también se encuentra la catedral barroca de San Cristóbal y la Plaza Vieja, cuyos edificios reflejan la dinámica mezcla arquitectónica.

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La Habana se desarrolló sobre cuatro plazas principales.

1982

La Habana Vieja fue declarada patrimonio de la Unesco y lo recomendable para explorarla es pasear de día caminando. La vieja ciudad se conecta entre sí por estrechas calles.

La Habana Vieja es el centro colonial más importante del Caribe y también uno de los más importantes de América, constituye el centro histórico de la ciudad de La Habana y atesora en sus calles muchos de los principales atractivos históricos. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982, ha venido teniendo desde entonces un sostenido proceso de restauración que ha devuelto a varios sectores su antiguo esplendor creando por momentos una atmósfera que transportan al caminante 200 años en el pasado. Aquí los viejos edificios hablan de un rico y orgulloso pasado.

Un recorrido casi obligado puede tomar como eje la calle Obispo, en cuyas cercanías se encuentran la Plaza de la Catedral, el Castillo de la Real Fuerza, la Plaza de Armas y los principales restaurantes como la Bodeguita del Medio, uno de los grandes lugares turísticos de la ciudad, por donde han pasado numerosos visitantes, desde escritores hasta políticos.

La mejor manera de conocer La Habana Vieja es a pie. Es como viajar en el tiempo. Tanto que la batería del celular nos duró todo el día, porque el acceso al Internet es limitado. Si tú como turista quieres acceso a internet, debes comprar una tarjeta (no la encuentras en todos lados) y después dirigirte a un lugar que tenga conexión wifi. Se sintió muy bien desconectarse totalmente del mundo virtual, nos obligaba a convivir entre nosotros.

Es la segunda vez en la isla. Hay algo que enamora en la isla más grande del Caribe. En La Habana habitan más de 2.1 millones de personas y el modo de transporte parece no ser un problema, en cada esquina una piquera, bicitaxis, cocotaxis, coches y particulares. Por donde se mire hay aventura. Para cancelar cada servicio se debe tener el CUC (moneda cubana para el extranjero), por lo que estamos obligados a cambiar de moneda: Por cada dolar, 0.87 CUC .

UNA NOCHE EN UN CABARÉ

Eran las 10:00 p.m. y la brisa cálida del Atlántico ingresaba con fuerza entre los árboles cercanos a Cabaré, que son centros culturales en los que venden licor y están prohibidos para menores de edad.

El Cabaret Tropicana se construyó durante 1939 en el barrio habanero de Marianao, nos explica Yadira, la guía turística que nos acompaña todo el viaje. La obra fue iniciada por un empresario deseoso de instalar un restaurante con animación, tipo night club , para al menos 300 visitantes. Este ‘paraíso bajo las estrellas' se encuentra dentro de una especie de bosque tropical con árboles gigantescos: palmas reales, mamoncillos, mangos, cedros y otros representantes de la flora local.

El recorrido por los ritmos cubanos más reconocidos y auténticos recrea las herencias hispana y africana e incluye momentos para la rumba, el mambo, el danzonete, el jazz latino, entre otros.

El espectáculo Tropicana resume de forma magistral un derroche de la singular mixtura de elementos que componen la cultura cubana, sus ritmos se entrecruzan con la sensualidad del Caribe, la estética, la elegancia y el gracejo de lo cubano.

Las noches de dividen en dos escenarios: hasta las 12:00 el público disfruta de las presentaciones artísticas, como de bailarines, después de esa hora la rumba entra en una especie de desenfreno y el público puede subir a la tarima a bailar con los y las artistas.

JARDÍN DEL REY

Viernes al amanecer. El destino era Cayo Coco, que es parte de una cadena de islas conocidas como Jardines del Rey. La expectativa era grande. Ese lugar había sido devastado por el poderoso huracán Irma. Era una prueba de fuego para conocer cuán veloz se recupera la región turística.

La aventura empezó una vez llegó el ómnibus, como se le conoce al transporte. Recorrimos La Habana con destino al Aeropuerto Internacional José Martí. Es una terminal con una sola pista.

En la fila para el chequeo de las maletas y para retirar el boleto de abordaje todos conversábamos de Cuba y Juan interrumpe la conversación con una exclamación ¡No encuentro el pasaporte. Se me quedó en el hotel! La adrenalina estaba al máximo, el vuelo salía a las 9:00 a.m. y ya eran pasadas las siete de la mañana.

El grupo seguía en la fila. Cada registro era a paso lento, pero una verdadera aventura. Los once viajeros hicimos nuestro chequeo para estar en el vuelo que nos llevaría hasta Cayo Coco, pero antes pasamos por Holguín, lugar en el que desembarcó el Gran Almirante Cristóbal Colón, dando inicio con su llegada a América. Juan aún no llegaba y quedarse del vuelo era viajar siete horas por tierra. Solo hay un vuelo diario en el Boeing 737 de Blue Panorama Airlines, una compañía aérea con sede en Roma, Italia.

Unas escaleras nos llevaron hasta el área de migración. Por una pequeña puerta ingresan solo diez personas para ser revisadas junto a su equipaje de mano. Dentro de la sala de espera la televisión cubana transmitía un programa de cultura. Todos preguntamos por Juan. Ya el vuelo estaba retrasado y un televisor lo decía. Como de película Juan llega a la sala de espera y los once aventureros aplaudimos. El lento proceso de registro le benefició porque el hotel estaba a 20 kilómetros de distancia del aeropuerto.

El vuelo salió a las once de la mañana. Dos horas de retraso. ‘Esto es Cuba', señalaba uno de los pasajeros que esperaba en una escalera para abordar el bus que llevaría a los 80 pasajeros al avión que estaba en la pista.

El recorrido para llegar a Cayo Coco sería de una hora. Los últimos quince minutos serían después de una escala técnica.

En la tierra de Jardines del Rey la fuerte brisa nos recibe. En el aeropuerto todo es manual. Todo estaba muy bien arreglado. A simple vista no parece que Irma haya devastado la región.

El impacto del huracán Irma sobre Cuba entre el 8 y el 10 de septiembre provocó una disminución del 50 % en la llegada de turistas a la isla en septiembre.

El turismo es la segunda fuente de divisas para la deprimida economía cubana, solo por detrás de la exportación de servicios profesionales como la médicos y maestros.

Las aguas que rodean los cayos son muy buenas para la práctica de snorkeling. Un fin de semana en Cayo Coco para regresar a La Habana es lo mejor y seguir en el viaje en el tiempo.

Sin duda una aventura. Una aventura que inició en Panamá por la invitación de la aerolínea colombiana Wingo, filial de Copa Holdings, que vuela desde el aeropuerto Internacional Panamá Pacífico, ubicado en el área económica especial Panamá Pacífico, 15 minutos del centro de la Ciudad de Panamá, en el corregimiento de Veracruz, distrito de Arraiján, a 30 minutos de las playas del Pacífico. Los vuelos son a bajo costo y a cuatro destino de Colombia.