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18 de Oct de 2019

Nacional

El discurso engavetado de Omar

Torrijos, entonces jefe de Gobierno de Panamá, debió enviar un mensaje televisado a 300 millones de latinoamericanos, con motivo de la celebración del sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1976

La cruzada diplomática de Torrijos a nivel hemisférico finalizó en septiembre de 1977, con la firma de los tratados canaleros.

‘América Latina sigue siendo hoy explotada en su conjunto por potencias extranjeras, como hace 50 años; y la necesidad de una integración es tan apremiante ahora, como cuando Simón Bolívar lo propuso', afirma el general Omar Torrijos Herrera en un discurso que nunca se hizo público.

Torrijos, entonces jefe de Gobierno de Panamá, debió enviar el mensaje televisado a 300 millones de latinoamericanos, con motivo de la celebración del sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá en 1976. ‘Los actos no se realizaron como se habían programado debido a algunas discrepancias insalvables entre los gobiernos invitados y, de hecho, ningún presidente vino a Panamá, ni el general Torrijos pronunció discurso alguno', reveló el doctor Alfredo Oranges Bustos, presidente de la Sociedad Bolivariana de Panamá.

RESCATE DE LA HISTORIA

Oranges cuenta que Fernando Manfredo, ministro de Comercio e Industrias y responsable de organizar el evento, ya tenía un borrador del discurso con los lineamientos que le habían dado.

Manfredo pasó el texto a Abelardo Carles, uno de sus asesores, para que lo revisara, mejorara y le diera el estilo más adecuado a la forma combativa, como acostumbraba hablar el comandante.

Carles cumplió su misión y el discurso fue revisado y aprobado por el mismo general, pero nunca se pronunció. El consultor guardó y conservó por décadas el texto original, digitado en una máquina Underwood de aquella época. En diciembre de 2018 lo entregó en custodia a la Sociedad Bolivariana de Panamá.

El discurso, comenta Oranges, es un documento excelentemente hilvanado, lleno de ilusión americanista y construido con frases cortas, un orden lógico y una conclusión clara: la unidad de los pueblos de América Latina, con la que soñaba Bolívar en 1826.

DESTINO COMÚN

A pesar de haber pasado 193 años del Congreso, las palabras de Torrijos tienen validez hoy: ‘Los enemigos de Latinoamérica son menos visibles; los objetivos comunes son menos precisos o menos evidentes, las cosas son ahora más complejas'.

‘¿Tiene sentido hablar hoy día de una unidad de América Latina… o es solo demagogia? ¿Tiene importancia el hecho histórico de nuestro común origen y de nuestra identidad de razas, cultura o religión o es puro romanticismo intrascendente? ¿Tiene vigencia el pensamiento de Bolívar o está archivado en lo más profundo del pasado?', señala el militar.

Afirmó que en los tiempos del Libertador ‘las cosas parecían estar más claras'. Había un enemigo tangible y manifiesto para toda la región: España y sus ejércitos.

El Congreso Anfictiónico de 1976 era la oportunidad de oro para Torrijos, para dirigir un mensaje directo a 300 millones de latinoamericanos, atentos a una cobertura televisiva de avanzada para aquellos tiempos.

LIBERTAD Y UNIDAD

El Congreso Anfictiónico de Panamá fue convocado por Bolívar en 1826 para unir a los pueblos americanos y hacer realidad el sueño del prócer venezolano Francisco de Miranda, precursor de la independencia hispanoamericana.

El congreso se realizó en el antiguo convento de San Francisco, hoy Palacio Bolívar, localizado en el Casco Viejo de la ciudad de Panamá. ‘¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso…', expresó Simón Bolívar en la Carta de Jamaica de 1815.

El congreso se instaló el 22 de junio de 1826 (entonces Panamá pertenecía a Colombia). Asistieron representantes de la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centroamérica, y observadores de Gran Bretaña y los Países Bajos (Telesur).

La agenda contemplaba la unificación de las nuevas repúblicas, creación de una confederación de pueblos iberoamericanos, que comprendía desde México hasta Chile y Argentina. Se procuraba, además, facilitar acuerdos de defensa, una reforma social pacífica y la búsqueda de igualdad jurídica entre las naciones.

LIDERAZGO

En 1976 Torrijos gozaba de renombre internacional. Ganó experiencia como dirigente del tercermundista Movimiento de Países No Alineados, creado para preservar la independencia frente a las grandes potencias.

Su lucha nacionalista por la recuperación de la llamada Zona del Canal le ganó simpatías en el mundo. Sostuvo una batalla diplomática hemisférica que terminó en septiembre de 1977, con la firma de los tratados Torrijos-Carter. Por su estatura continental, millones de latinoamericanos esperaban con interés su discurso integracionista.

En su libro Mi amigo Omar Torrijos, su pensamiento vivo , Juan Materno Vásquez, consejero y ministro de Estado durante la era militar, comenta sobre la campaña internacional del ‘General': ‘Desde luego que los jefes de Estado visitados no tenían voto. Pero su peso en la política internacional hacía de sus opiniones un factor concurrente en la votación favorable o desfavorable del Senado de Estados Unidos'.

DOMINIO IMPERIAL

El comandante sabía con certeza hacia donde dirigía sus cañonazos: ‘Pensamos que hay dos núcleos de poder en este mundo de 1976; y que uno de ellos está más cerca de América Latina que el otro, apenas si esperó que saliera de nuestro suelo el último soldado español, para empezar a enviar sus primeros hombres. La penetración ha sido lenta pero sostenida durante todo el siglo pasado y lo que va del presente'.

Reitera en su proclama que los hombres y las inversiones foráneas están apoderándose de los recursos naturales de los países pobres y que las ideas imperialistas siguen adueñándose de los pensamientos de las naciones pequeñas, y hasta condicionan su escala de valores y hábitos de consumo.

‘Para nosotros no puede ser más evidente; las similitudes del presente y del pasado son muy claras: la ubicación de la América Latina ante los poderes del mundo no ha variado mucho en siglo y medio', anotó.

Según él, desde el punto de vista práctico inmediato, pareciera que el Congreso Anfictiónico de 1826 hubiese sido un fracaso. Y recordó las amargas palabras de Bolívar: ‘El Congreso de Panamá, institución admirable si fuese efectiva, no es otra cosa que el griego loco que creía poder dirigir a los barcos en el mar, desde una roca de la costa'.

El General terminaba su discurso con la siguiente reflexión: ‘Pensamos, finalmente, que si esta cosecha se hubiera dado antes, si América Latina hubiera realizado plenamente el ideal de integración y solidaridad que señaló Bolívar; si el coloso inerte que integramos tuviera vida, no estarían aún Belice (país libre hoy) y Las Malvinas (Argentina) en manos extranjeras, ni mi país sería un país ocupado'.

Sin embargo, Torrijos y sus aliados latinoamericanos demostraron que el ideal de Bolívar no se perdió entre la invisibilidad del viento, sino que se hizo realidad con la recuperación del Canal de Panamá.