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01 de Dec de 2020

Nacional

Diez cuentos cortos con finales felices

Los protagonistas son los niños, su entorno familiar, el ambiente en que disfrutan sus primeros años, con escenas plenas de humor y diálogos que exaltan los valores humanos

Diez cuentos cortos con finales felices
‘10 cuentos cortos con finales felices' es la más reciente obra de Rodríguez.

No se trata del tradicional género de historias infantiles. La obra introduce al lector en un mundo que tiene como protagonista a los niños, su entorno familiar, el ambiente en que disfrutan sus primeros años, con escenas de humor y diálogos que exaltan los valores humanos. Todo eso y más está contenido en la nueva producción de Eduardo Rodríguez Jr.: 10 cuentos cortos con finales felices .

Lo motivó el deseo de ejercitar el pensamiento sano, canalizar emociones y transmitir de manera sencilla historias humanas con lecciones prácticas para el diario vivir. La obra es producto de la comprensión de que ver crecer a los niños, es lo que eterniza a sus padres, abuelos y familiares cercanos, pues son una prolongación de la vida por generaciones y generaciones.

Rodríguez ya había entregado a sus lectores una veintena de publicaciones sobre materia jurídica, especializadas en el campo el derecho –su profesión- junto a cuentos como Remembranzas , poesía ( Luz del Alma ) y autobiografía ( Bajo Perfil ).

Impregnada de sentimientos

Ahora se estrena con esta nueva obra de alta sensibilidad e impregnada de sentimientos, en la que destila, con la paciencia del alquimista, gota a gota, trazos de espiritualidad, sabiduría, filosofía aplicada, conjugados en una síntesis existencial por el conocimiento del camino recorrido y el deseo de allanar la senda de los más pequeños, llamados a ser los mimados de las familias y la sociedad.

Hay que adentrarse en la ternura del cuento De regreso a casa y revivir la imaginación, ingenuidad y bondad que experimentan los niños ante los lagos de chocolate en que se ven convertidos los baches llenos de agua en las calles y sus deseos de llevarle esa bebida a los abuelitos enfermos y a quienes no tienen con qué alimentarse.

El más valiosos de los presentes, otro de los cuentos, de una ternura sin igual, recoge la emoción de una madre al verse premiada por un manojo de chavelitas rojas, blancas y azules, que su hijo pide con timidez a una anciana, para inundarla de plena felicidad. Ahogada en lágrimas en los ojos y la voz, la madre solo atina a decir: ‘Gracias hijo por ser mi hijo'.

Las travesuras y picardías de un abuelo ante un árbol desconocido que da extraños frutos, y que –soñador y complaciente- zanja el misterio llamándolo ‘árbol de Navidad', se mezclan con la virtuosidad de un niño que en su andar por el bosque graba en su memoria las sinfonías de las aves y al correr de los años las reproduce con un violín, cuya música transporta al cielo a los vecinos y al cura del pueblo, en un viaje espiritual plácido y sereno.

Lecciones de un niño precoz

En otro cuento, el precoz y adelantado Óscar trata de dar lecciones sobre las medidas que una persona debe tomar para evitar el riesgo de ser atacado por animales salvajes, para concluir con hilaridad –dese por servido- pues es poco lo que puede hacerse al encontrarse frente a un felino.

‘El primer día de clases' resume las emociones de los padres al dejar en la escuela a uno de sus pequeños al inicio del año escolar, lo mismo que la fragilidad ante la momentánea separación y el proceso de adaptación a la rutina de la enseñanza.

La imaginación de Andrés, convertido en bombero al recibir un carro bomba de juguete -salvando la vida de un niño atrapado entre las llamas- solo es comparable con el pequeño que descubre por primera vez los postres regalados por unos visitantes que incursionan en un pueblo que vive de los cocos.

José Vicente, criado entre Estados Unidos y Panamá, pone color en un cuento sobre el amor a la Patria y en que resaltan sus raíces al añorar el arroz con guandú, el sancocho de gallina, la música típica, el tamborito, su bandera tricolor y el Canal.

La colección de cuentos cierra con ‘Los juegos de hoy y de ayer', que rescata la importancia de que los niños equilibren el tiempo entre entretenimientos, el ejercicio físico y los juegos electrónicos (tablets y celulares), como una necesidad para la formación de su conducta y carácter individual.

Las canicas de cristal, los platillos de soda, las piedras de los ríos, las cometas, la lata escondida, se suceden en una lista de antiguas formas de entretenimiento. Pero como pocos abuelos aran en el mar, un día los nietos lo sorprenden al invitarlo, con pelota y bate en mano, a jugar baseball. Dolores de cintura y de rodillas, de por medio, resultaron poca cosa ante la invaluable felicidad de compartir un tiempo de calidad con los nietos.

El recorrido por los 10 cuentos cortos con finales felices , la última y emotiva obra de Rodríguez, es un homenaje a los niños, los padres, a la existencia misma, y un viaje que transporta al lector por los entretelones de uno de los más excelsos regalos del cielo: la familia.