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16 de Jan de 2020

Nacional

Los desafíos de la cenicienta del país, las comarcas indígenas

En el marco de la celebración de los treinta años de la firma de la Convención sobre los Derechos del Niño, Unicef presenta un informe sobre la situación de la niñez y adolescencia en Panamá

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Los niños y niñas indígenas representan un 19% del total de la población nacional de 0 a 17 años.Archivo | La Estrella de Panamá

“No desayunamos porque no había comida. Me siento triste”, son las palabras de un pequeño de ocho años de edad originario de la comarca Ngäbe-Buglé, donde la incidencia de pobreza alcanza al 95.4% de los niños, niñas y adolescentes (NNA).

La mala alimentación durante los primeros años de la vida, que conduce a casos extremos como la desnutrición y el sobrepeso, tiene un efecto negativo en la salud, en el desarrollo físico y cognitivo de los niños, niñas y adolescentes del país.

El 15.6% de esta población que vive en pobreza multidimensional carece de una alimentación variada, un factor de riesgo para contraer enfermedades. Esta situación es mucho más grave en la comarca Guna Yala, donde el 62% de los menores de 18 años viven privados de este derecho. Mientras que en las comarcas Ngäbe-Buglé (59.3%) y Emberá-Wounaan (49.9%) más de la mitad del grupo población experimenta el mismo problema. En las provincias de Darién (27.7%) y Bocas del Toro (23.9%) también existe un número importante de NNA privados de una alimentación integral.

La información se desprende del informe “Situación de los Derechos de la Niñez y Adolescencia de Panamá”, presentado este miércoles por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en conmemoración de los treinta años de la Convención sobre los Derechos del Niño .

Este texto es un análisis de los progresos, retos y oportunidades de los NNA en el disfrute de sus derechos. El informe está estructurado en cinco capítulos: el derecho a la vida, el crecimiento y desarrollo, el derecho a la educación, el derecho a vivir una vida libre de violencia, a un ambiente seguro y limpio y el derecho a un nivel de vida adecuado.

En un análisis del estado del derecho a la vida, crecimiento y desarrollo se establece que los niños y niñas no sobreviven al primer año por causas que pueden prevenirse, por ejemplo, el embarazo adolescente que perpetúa el ciclo de la pobreza y la deficiente oferta de los servicios de salud.

La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida es una práctica promovida para la supervivencia de los niños y niñas. Pero, según la última Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2014-2015), solo el 28.1% de los niños y las niñas menores de seis meses son amamantados de manera exclusiva. Esto podría ocasionar riesgos de contraer enfermedades respiratorias, diarreicas y desnutrición, además de otras enfermedades crónicas como obesidad y diabetes.

En el otro extremo existe un problema, igualmente relacionado con la malnutrición: el sobrepeso. El 11.7% de los niños y niñas menores de 5 años presentaron exceso de peso, un aumento del 1.1% con relación a las cifras del 2014. Y existe una elevada presencia de este problema en las provincias de Los Santos (20.2%), Veraguas (19.0%) y Chiriquí (16.2%).

La obesidad infantil se asocia a dificultades respiratorias y efectos psicológicos, así como a una mayor probabilidad de discapacidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes en la edad adulta.

La falta de información actualizada, representativa y confiable sobre el estado nutricional de los niños y niñas representa un desafío para generar políticas públicas que garanticen el derecho a la vida, al crecimiento y al desarrollo de los niños y niñas en Panamá, establece el documento de la organización encargada de velar por el desarrollo adecuado de los NNA.

“En 30 años, los progresos para la niñez y adolescencia en el mundo son innegables...”

Embarazos

Otro de los grandes problemas que afecta el desarrollo de las niñas y adolescentes son los embarazos. El 53% de los casos de embarazos adolescentes en menores de 14 años son de niñas indígenas, principalmente de la comarca Ngäbe.

El embarazo adolescente tiene repercusiones negativas en el derecho a la salud y al desarrollo integral de las jóvenes y contribuye a perpetuar el ciclo de la pobreza intergeneracional. En 2018, se reportaron 254 niñas embarazadas entre 10 y 13 años y 7,502 entre 14 y 17 años.

En las comarcas indígenas, también es preocupante la alta prevalencia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La mayor cantidad de niñas, niños y adolescentes contagiados entre 2016 y 2018 con el virus provenían de la comarca Ngäbe-Buglé (56 casos).

En ese tiempo se registró un incremento de nuevos casos entre niños, niñas y adolescentes de 0 a 19 años (2016 con 81 casos; 2017, con 102 y 2018 con 107 casos). Esta tendencia se debe al aumento de registros entre adolescentes de 15 a 19 años (2016 hubo 69 casos; 2017 se contaron 72 casos y en 2018 registraron 92 casos), indica el documento de Unicef.

Cobertura médica

Una de las razones, podría atribuirse a la cobertura de profesionales salud en áreas rurales y comarcas indígenas que es limitada. La comarca Ngäbe- Buglé mantiene las peores cifras en cuanto a médicos (0.1 galenos por cada mil habitantes. Las comarcas indígenas no cuentan con pediatras. Mientras que la Emberá-Wounaan tiene los peores registros en cuanto a enfermeras se refiere (ninguna en 2017).

Las medidas de mitigación de riesgos dirigidas familias en situación de pobreza, especialmente en áreas rurales y comarcas indígenas, con mayores dificultades de acceso, son limitadas y no involucran una dimensión de protección social, plantea la organización .

De acuerdo con las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) en el año 2018, los niños y niñas indígenas representaron un 19% del total de la población nacional de 0 a 17 años. La niñez y adolescencia indígena de las comarcas representa el 32% de la población de niños y niñas que vive en pobreza multidimensional.

Desafíos

Después de treinta años de haberse firmado la Convención sobre los Derechos del Niño, los progresos son innegables. Sin embargo, quedan muchos desafíos para proteger los derechos de los NNA, dijo Markova Concepción Jaramillo, ministra de Desarrollo Social. Por ejemplo, los 450 mil NNA que viven múltiples carencias, cambios disciplinarios, la mala nutrición, el acceso a agua y tecnología. Concepción Jaramillo reconoció que también existen muchos desafíos para garantizar salud y educación a este grupo poblacional. La ministra convocó a todos los sectores a apoyar en la protección de los derechos de los NNA. “No es una tarea exclusiva del sector gubernamental”, agregó.

Kyungsun Kim, representante de Unicef en Panamá, recomendó la implementación eficaz de programas universales para nutrición, prevenir embarazos adolescentes y salud mental. Para tener una educación próspera, recomendó mejorar el alcance, la cobertura y la calidad. Y, además, debe haber agua y saneamiento en todas las escuelas. Sobre la violencia contra la NNA sugirió la prevención y una respuesta eficaz contra abusos y maltratos.

La representante de Unicef también consideró importante educar a los niños, niñas y adolescentes sobre el cambio climático e implementación de elementos para hacer mediciones precisas sobre los alcances de los derechos de esta población, y otorgar más inversión pública para garantizar sus beneficios.

17% de jóvenes entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja

educación

En Panamá, la cobertura de la escuela primaria es del 90%. Mientras que la matrícula de la educación media es solo del 52%.

El sistema educativo panameño no llega a todos ni garantiza aprendizajes de calidad. A pesar de que la educación preescolar es obligatoria, solo 6 de cada 10 niños y niñas de 4 a 5 años están matriculados en este nivel. Nueve de cada 10 niños y niñas entre 6 a 11 años están matriculados en primaria. Sin embargo, solo 7 de cada 10 adolescentes entre 12 a 14 años cursan educación pre-media y, aún más preocupante es que solo 5 de cada 10 adolescentes entre 15 a 17 años, están matriculados en educación media. El 17% de los jóvenes entre 15 y 24 años (unas 120 mil personas) no estudia ni genera ingresos; el 50% de ellos son amas de casa, el 32% está desempleado y el 15% está inactivo por otras causas.