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03 de Jul de 2020

Nacional

Guillermo Endara G., protagonista del siglo XX panameño

Guillermo Endara Galimani es uno de los presidentes más complejos y controvertidos de la historia panameña y, definitivamente, uno de sus grandes protagonistas

En nuestra serie de publicaciones sobre las biografías de los Protagonistas del Siglo XX Panameño, no podía faltar la de uno de los presidentes más complejos y controvertidos de la historia del país, Guillermo Endara Galimani, escrita por la periodista Darma Zambrana.

Guillermo Endara G., protagonista del siglo XX panameñoCedida

“Transcurridos más de 30 años de la invasión estadounidense a Panamá, y de la finalización de su periodo presidencial, se puede hacer un análisis desapasionado y más ecuánime sobre el momento que le tocó vivir”, sostiene Darma, quien considera que Endara debió afrontar como mandatario un momento único y complicado de la historia nacional, que logró superar: “el país salió adelante con un crecimiento económico de alrededor del 8%, se reactivó la banca y el comercio, y se inició una nueva etapa de consolidación democrática”.

¿Como terminaste encargándote de la figura de Endara? ¿Solicitaste el tema especialmente o te lo asignaron?

Cuando los organizadores del proyecto me contactaron, acepté muy satisfecha. Inicialmente quería encargarme de la biografía de Rubén Blades, a quien había entrevistado dos veces, pero ya había sido asignado a otro colaborador. Entonces solicité a Laffitt Pincay y a Omar Torrijos, pero también lo estaban. Quedaban varias opciones y la que más me agradó fue la del expresidente, a quien había conocido personalmente al desempeñarme como directora de noticias de Radio Hogar.

El proceso de investigación resultó una magnífica experiencia. Conocí a personas interesantes y simpatiquísimas, como su hija Marcela, y su nieto Javier; a su colega y amigo Mario Galindo, también ministro de Hacienda y Tesoro durante su periodo presidencial; a Menalco Solís, su socio y mejor amigo.

Lo más anecdótico de las experiencias fue cuando logré contactar a su viuda Ana Mae Díaz de Endara, en una misa de aniversario por la muerte del expresidente. Todavía en la iglesia, ella accedió a colaborar, pero cuando supo que también había entrevistado a Menalco Solís, se echó para atrás.

Darma ZambranaCedida

Es conocido el hecho de que Guillermo Endara fue el heredero político del líder panameñista Arnulfo Arias Madrid, pero hasta leer la biografía de Protagonistas del Siglo XX Panameño (www.protagonistaspanamasigloxx.com), no supe que hubo una temprana relación entre ambos, que inspiraría a Endara a convertirse en el más fiel de los copartidarios del doctor Arias durante toda su vida. ¿Cómo surgió esta relación y qué implicaciones tuvo en su vocación política?

El padre de Guillermo Endara fue amigo, copartidario y admirador de Arnulfo Arias, un sentimiento que transmitió a su hijo. Incluso fueron compañeros de exilio en Buenos Aires, después de que Arias fuera derrocado. Era tanta la devoción que Endara sentía por el líder político, que al graduarse de la secundaria intentó convertirse en médico como él, aunque terminó graduándose de derecho y ciencias políticas.

A los 25 años, Endara participó en la formación del Partido Panameñista y terminaría consagrando 43 años de su vida a este colectivo.

Cuando Arias fue elegido presidente en 1968, Endara fue nombrado en una posición en el corto gobierno, que terminaría con el golpe militar del 11 de octubre, un evento que lo llevaría al exilio, la clandestinidad y la cárcel.

En 1977, cuando el gobierno de Omar Torrijos permitió el regreso de los exiliados políticos, volvió a seguir al Fufo en sus actividades y fue una figura muy cercana a él durante los últimos años de su vida, como miembro de la junta directiva del partido y como vocero y portavoz personal. Antes de morir, en 1988, Arias lo nombró secretario general del partido.

La relación con el Partido Panameñista se mantendría hasta 2004, cuando por desavenencias con la presidente Mireya Moscoso renunció para lanzarse como candidato presidencial apoyado por el Partido Solidaridad.

En 2009 formó un nuevo partido, Vanguardia Moral, para volver a postularse a la presidencia por última vez en su vida, pues falleció ese mismo año.

Endara era bastante desconocido al llegar a la presidencia, pero durante su gobierno quedó al descubierto una personalidad peculiar, incomprendida en muchas ocasiones. ¿Qué balance puedes hacer de esa forma de ser tan especial?

En lo poco que lo conocí me pareció un buen hombre, muy ingenuo y hasta simplón, que no tenía siquiera la habilidad para poner “cara de póker”. Era entonces el último año de su gobierno, y recién me incorporaba a Radio Hogar como directora de Noticias. Pude tratarlo en algunas actividades a las que asistí en representación de la emisora, y era amable y educado, y siempre estaba sonreído. Esa fue mi experiencia.

Ahora, de acuerdo con personas que lo conocieron de cerca, era honesto, conciliador, bondadoso y sin malicia. Según su hija Marcela, se hacía el tonto y simulaba no darse cuenta de las cosas para obtener más información.

Su gobierno fue muy complicado. Recibió muchas críticas. Se le acusó de corrupto, de mal presidente y, sin embargo, al pasar de los años se ha convertido en símbolo de la honestidad y buen gobierno. ¿A qué crees que se debe ese cambio?

Guillermo Endara recibió un país absolutamente descalabrado: a Panamá no le podía ir peor. Las circunstancias lo obligaron a tomar decisiones difíciles y controvertidas. Una de estas fue la abolición de las Fuerzas de Defensa, la creación de un cuerpo policial, un servicio marítimo y un servicio aéreo bajo la autoridad del Ejecutivo. Era un cambio radical, pues el país había estado durante más de dos décadas bajo el control de los uniformados.

En lo económico, suspendió las convenciones colectivas, lo que permitió despidos masivos en el sector privado, y despidió a 13 mil empleados públicos por exigencia de las instituciones internacionales de crédito, que habían pedido despedir a 25 mil. Su gobierno consideró que ambas medidas eran necesarias para enderezar la economía, pero provocaron la movilización obrera más grande de la historia republicana.

Otros de los serios reveses de su gobierno fueron la ruptura con su aliado y vicepresidente, Ricardo Arias Calderón; su derrota en el referendo para reformar la Constitución; un complot contra su vida; el alejamiento de sus aliados políticos; acusaciones de narcotráfico contra su bufete de abogados y un banco del cual era directivo.

¿Crees que la personalidad de su esposa Ana Mae de Endara le habría perjudicado adicionalmente?

Los exabruptos de su esposa no lo ayudaron. Cuando revisé las noticias de la época, durante el proceso de la investigación, pude percatarme de que Ana Mae Díaz de Endara hacía y decía lo que quería. Ella representaba a sectores de la población panameña opuestos a lo que representaba Guillermo Endara: mientras que él provenía de la clase alta panameña y tenía más de 50 años –era 31 años mayor que Ana Mae–, ella, con sus 23 años, pertenecía a la clase media y a la juventud. En principio, el rechazo provino de las clases acomodadas que la acusaban de “arribista”, pero a medida que esta iba entrando en una espiral de insultos, ataques, improperios y descalificaciones hacia sus rivales políticos, crecía la animadversión de otros sectores sociales, políticos y hasta eclesiásticos. Curiosamente, el jefe de Estado festejaba sus exabruptos y aseguraba que ella tenía derecho a expresar sus opiniones. Incluso la apoyó cuando ella no tuvo reparo en hacer confesiones sobre su vida íntima con “Pichulo”, y motivó la ruptura con sus socios políticos. De ello, su hija Marcela nos dice que su padre “era fiel y cariñoso y, como estaba profundamente identificado con la figura de Don Quijote, solo tenía ojos para su Dulcinea”. Su Dulcinea era Ana Mae.

Durante mucho tiempo se ha cuestionado el comportamiento de los periodistas que cubrieron su gestión presidencial, que tal vez no fue del todo justo. ¿Qué piensas tú de este tema?

Cuando yo me mudé a Panamá, hace más de 30 años, me impactó el comportamiento de mis colegas panameños frente a las autoridades. Mientras en La Paz, Bolivia, tal vez a causa del clima frío, todo era más formal, ceremonioso y distante, aquí todo era cercanía, compadrería e informalidad. En el fondo, considero que Endara quería hacerse cercano a la gente y se comportaba como era: auténtico y hasta excéntrico, aunque era suficientemente inteligente como para no darle color a las críticas.

En medio de toda esta maraña de dificultades y de presiones y luchas de poder, Endara tuvo importantes logros. ¿Cuáles crees tú que serían los principales?

Creo que lo más importante fue la recuperación de las instituciones democráticas y la organización de las elecciones más limpias de la historia del país. Se restableció la economía, la situación fiscal se fue normalizando y se alcanzaron acuerdos aceptables con los organismos financieros internacionales. Se impulsó la reforma constitucional que creó la Autoridad del Canal de Panamá y la Autoridad de la Región Interoceánica. Ha sido el único presidente en la historia de este país que se ha rebajado el salario y el de sus ministros. Fue un gobierno de reconstrucción y estabilización, que preparó el camino para que su sucesor, Ernesto Pérez Balladares, realizara una primera generación de reformas estructurales, que incluía la privatización de los servicios públicos, la entrada de Panamá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la modificación del Código de Trabajo, por citar algunas.

Uno de los aspectos que más me gustó de la biografía que escribiste para Protagonistas fueron los recuerdos de su nieto, Javier Yap, quien es hoy un joven abogado, con mucho futuro, tanto en lo político como en lo profesional. ¿Qué puedes comentarnos sobre tu contacto con él?

Me reuní con Javier y conversamos varias horas. Noté que no quería dejar de hablar de su abuelo, porque la relación entre ambos había sido muy cercana y afectuosa. Javier fue su único nieto, hijo de su única hija, y entre ellos surgió una complicidad que tenía que ver con el hecho de que eran varones y de que vivieron juntos en la casa presidencial, mientras su hija fungía como primera dama. Según su nieto, el apodo de “pan de dulce” se lo pusieron por ser una persona buena y sin malicia, pero también por ser muy goloso. Javier era conocedor de varios secretos de su abuelo, por ejemplo, el lugar del Palacio de las Garzas donde el presidente escondía chocolates y caramelos. También me contó que su abuelo no bebía alcohol y que cuando debía participar en un brindis, le servían una copa de ginger ale que simulaba el aspecto de la champaña.

Como adulto, Javier admira a su abuelo y considera que gracias a su capacidad de conciliación y tolerancia, a su facilidad para aceptar las críticas, pudo llevar el país hacia la democracia.

Darma Zambrana

Biógrafa

Nacida en Bolivia y naturalizada panameña. Ejerce el periodismo hace más de tres décadas, primero en su país de origen en medios escritos, radiales, televisivos, agencias de noticias y relaciones públicas, y después en Panamá desde que llegó como diplomática en el año 1985. Estudió en la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad de La Plata, en Argentina, completando su formación profesional en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana de la ciudad de La Paz. En el año 2011 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo del Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información con un reportaje sobre menores con VIH publicado en 'La Estrella de Panamá'.