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28 de Sep de 2020

Nacional

Un asturiano muy panameño: Gervasio García (1862-1947)

Gran emprendedor y trabajador incansable por causas benéficas españolas y panameñas. Su interés por la vida cultural dejó en el país importantes aportes

Nació don Gervasio García en Grado, cerca de Oviedo (Asturias, España), el 19 de junio de 1862, de familia humilde, sumida en la mayor pobreza. Joven, muy joven, apenas con 12 años de edad, emigró a América. Vivió en San Juan de Puerto Rico en 1874, y diez años después, el 29 de noviembre de 1884, llegó al istmo de Panamá. Fueron sus primeros años de residencia en esta tierra un duro bregar por la existencia: sirvió como camarero, luego como cantinero y, finalmente, como encargado de un hotel.

Un asturiano muy panameño: Gervasio García (1862-1947)
 Gervasio Garcia

La revolución de 1885 encontró a don Gervasio al frente del hotel de don Antonio Moya, cuartel de los genuinos representantes del liberalismo: Mateo Iturralde, Rafael Aizpurú, Carlos Antonio Mendoza, Heliodoro Patiño, etc. (Pudo presenciar con gran dolor, la ocupación de la ciudad de Panamá por las tropas americanas que se apoderaron de la torre de la iglesia de Santa Ana, santuario y baluarte del liberalismo criollo).

En ese mismo año (1885) se fundó la Sociedad Española de Beneficencia, y allí ingresó don Gervasio, como buen español de pura cepa. La fortuna le sonrió y fue dueño de hotel hasta 1888, cuando con motivo del desastre de la Compañía del Canal francés, quedó sin un centavo. No quiso don Gervasio, al igual que otros paisanos suyos, emigrar hacia Suramérica y prefirió quedarse entre nosotros.

Al año siguiente se refugió en una modesta bodega del Callejón del Estribo (calle G., de la antigua denominación) y se dio a la tarea de tostar café. En ese lugar del barrio de Santa Ana, llamado, por antonomasia, el corazón de la democracia, conoció e intimó don Gervasio con dos familias honorables: la del Dr. Mateo Iturralde, médico, orador, jurisconsulto, uno de nuestros valores auténticos del siglo XIX, y con la de doña Amelia Denis de Icaza –la que años más tarde sería su suegra–, dulce poetisa, ilustre matrona y una de nuestras glorias patrias.

Siempre adelante, como buen asturiano, se dedicó a la manufactura de chocolates, ahora en nuevo local, en la calle de Malambillo (extremo norte de la calle 15 oeste), llegando en 1894 a montar una verdadera fábrica. Pero a los pocos años fracasó en esta nueva empresa, como le ocurre a casi todos los precursores pobres, de nuestras incipientes industrias nacionales.

Uno de los verdaderos actos de confraternidad hispano-panameña fue la velada artística que se celebró en esta ciudad en 1893 a beneficio de las víctimas de una explosión acaecida en Santander (España). En ella tomó parte no despreciable don Gervasio.

El año de 1894 vino a marcar un bello jalón en la vida del Sr. García: contrajo matrimonio con doña Julia Icaza, hija de nuestra cantora del cerro del Ancón, doña Amelia Denis de Icaza y de cuyo enlace tuvo una honorable y virtuosa descendencia (Adela, Eduardo, Rosita y Rogelio).

Después del rotundo fracaso de la fábrica de chocolates, don Gervasio fundó un establecimiento comercial en la casa del Sr. Menotti hasta el año de 1913, con el nombre de “La Postal”, firma que estuvo bajo la administración de sus hijos hasta 1957. Allí le conocí. En ese almacén se vendían postales, tabacos, fotografías, discos, etc.

Desde ese establecimiento comenzó a divulgarse nuestro folclore. Data del año 1909, fecha en la cual don Gervasio, por su gran amor por nuestra tierra, hizo grabar en discos canciones, tamboreras y recitaciones panameñas, tales como “La teta de Panamá”, “Ron con Gallo”, “Yo quiero amanecer”, “Pescao”, “El tambor de la alegría”, “Bonito viento para navegar”, la marcha y el capricho típico “Panamá”, “Panamá Viejo”, “Taboga”, “Pegadita de los hombres” y “Viva Panamá”, el sentimental poema “Patria” de Ricardo Miró y el patriótico canto “Al cerro Ancón” de doña Amelia Denis de Icaza.

Cuando en mayo de 1910 la ciudad de Cartago, en Costa Rica, fue víctima de horrible terremoto, tocó a la directiva de la Sociedad Española de Beneficencia, de la cual formaba parte don Gervasio, salir en procesión por nuestras calles en demanda de auxilio pecuniario en favor de las víctimas del mismo, cuya colecta tuvo gran éxito, tocándole a Panamá por tal motivo, ser la primera en socorrer a nuestros hermanos ticos.

Siendo presidente de esa institución, cupo a don Gervasio el honor de inaugurar, el 12 de mayo de 1912, el edificio propio de la Sociedad Española de Beneficencia, en la Avenida Central, obra iniciada con el peculio de los españoles residentes en Panamá el año anterior.

De los males que afligían a la madre patria, se hacían participes los españoles radicados en esta ciudad. De tal manera que cuando en 1912 España fue castigada con una serie de inundaciones, don Gervasio reunió en su almacén “La Postal” a un grupo de compatriotas y se logró recaudar apreciable suma de dinero, que se envió a la afligida patria.

Siempre español, don Gervasio tuvo la feliz idea, en el año de 1913, de que la península tuviera en la ciudad de Panamá un edificio propio para exhibir sus productos, y se utilizara como oficina de información comercial, a la vez que residencia y oficina de la representación oficial del Gobierno español. El edificio se hizo, y es hoy la Embajada de España.

Con las festividades del 28 de noviembre de 1915, aniversario de nuestra separación de España, se inició por parte de la Sociedad Española de Beneficencia, siempre bajo la influencia de don Gervasio, la era de las fiestas cervantinas. Y por ello, con motivo del tercer centenario de la muerte del Manco de Lepanto, se celebraron en el Teatro Nacional de esta ciudad, el 11 de octubre de 1916, nuestro primeros y únicos Juegos Florales, de cuya comisión organizadora formó parte don Gervasio García en calidad de tesorero. Al siguiente día, se inauguró de manera oficial la Plaza de Cervantes, por el presidente de la República, Dr. Belisario Porras, plaza que en la actualidad se llama “plaza Belisario Porras”, en honor del gran estadista desaparecido.

Fue constante la preocupación de don Gervasio por la defensa de todo lo nuestro, y sobre todo, la del idioma español. Así lo vemos en 1915 y 1916 editar, en su propia imprenta, cuadernos para los escolares, con motivos panameños y con retratos y biografías de algunos de nuestros educadores nacionales, tales como Manuel José Hurtado, Melchor Lasso de la Vega, Abel Bravo y Nicolás Pacheco. Y en 1917 el Consejo Municipal de Panamá lo nombró miembro de la “Junta de conservación del idioma español”, en asocio de Julio Valdés, alcalde del distrito. La labor desplegada por don Gervasio fue intensa, pero tuvo que renunciar por falta de cooperación de las autoridades y de la prensa.

No podía pasar inadvertido al Sr. García el centenario del nacimiento de su paisano, el poeta asturiano don Ramón de Campoamor y Campoosorio, autor de las “Doloras” y de los “Pequeños Poemas”, y con tal motivo escribió una bella circular, en septiembre de 1917, solicitando opiniones y pensamientos sobre el eximio político y filósofo. A este simpático llamado, respondieron los literatos de antaño: Octavio Méndez Pereira, Enrique Geenzier, Gaspar Octavio Hernández, J. M. Blasquez de Pedro, Salomón Ponce Aguilera, Rafael Gutieri, Aizpurú Aizpurú, y el 24 del mismo mes y año se celebró en los salones de la Sociedad Española de Beneficencia, una velada literaria.

A don Gervasio García, en su calidad de delegado en Panamá de la Unión Iberoamericana, le tocó instituir y hacer celebrar la Fiesta de la Raza, a partir del 12 de octubre de 1917. Y más tarde, el 13 de diciembre de 1918, hizo entrega de los títulos de miembros de la Unión Iberoamericana, Delegación de Panamá, por iniciativa suya, a los señores Ricardo J. Alfaro, Nicolás Victoria Jaén, Melchor Lasso de la Vega, Octavio Méndez Pereira, Guillermo Andreve, Samuel Lewis y Narciso Garay, es decir, a los hombres más representativos de nuestra intelectualidad de entonces.

El presidente de la República, Dr. Belisario Porras, quiso que el 15 de agosto de 1919 se celebrara dignamente el cuarto centenario de la fundación de la antigua ciudad de Panamá. Con la cooperación del Consejo Municipal, de la colonia española y con el decidido entusiasmo de don Gervasio, aquella efeméride centenaria fue todo un feliz éxito.

Las fiestas cervantinas iniciadas por el Sr. García y auspiciadas por la Sociedad Española de Beneficencia a partir del 28 de noviembre de 1915, se dieron por terminadas el 21 de enero de 1923, con motivo de la inauguración del monumento a Cervantes, en la plaza del mismo nombre. El monumento se encuentra en la actualidad en el campus de la Universidad de Panamá a donde fue trasladado, y la plaza recibió el nombre de Belisario Porras, cuya estatua se erige en el sitio que antes ocupaba la del Príncipe de las Letras castellanas.

El monumento a Vasco Núñez de Balboa, obra de los artistas españoles Mariano Benlliure y Miguel Blay fue solemnemente inaugurado por el presidente Porras el 29 de septiembre de 1924. Fue don Gervasio García quien con más ahínco discutió con el Dr. Porras el lugar del emplazamiento de la artística obra, pero las razones de orden económico expuestas por el gobernante, llevaron al barrio creado por él, el monumento al descubridor del Mar del Sur.

Pasaron diez años. Y un día tal como el 29 de noviembre de 1934, la ciudadanía panameña puesta en pie aclamó al eximio español, que cincuenta años antes había posado su planta de peregrino en esta tierra, tierra que desde 1947 cubre los restos mortales del que en vida se llamó don Gervasio García.

Para ese entonces, la Cámara Oficial Española de Comercio, la Sociedad Española de Beneficencia y la Unión Iberoamericana lo declararon su presidente honorario, le obsequiaron con una bella lámina de oro y La Estrella de Panamá, la decana de la prensa istmeña, dedicó una página en su honor. El Consejo Municipal de Panamá, por medio del Acuerdo No. 63 del 29 de diciembre de 1934, lo declaró hijo honorario de esta ciudad. En importante ceremonia que se verificó el 21 de enero de 1935 el mismo Consejo capitalino, en sesión solemne, por intermedio de don Mariano Soto, auditor municipal, le hizo entrega de la insignia edilicia y del pergamino con copia del acuerdo por el cual se le honraba. Este grandioso homenaje tributado a don Gervasio, no lo hizo desmayar en su benéfica labor, sino, por el contrario, fue en él un estímulo para seguir haciendo el bien por el bien mismo.

Si ha habido entre nosotros un caso insólito de amor hacia una madre política, ese es el de don Gervasio García. Dígalo el caso de su suegra, doña Amelia Denis de Icaza. El 29 de noviembre de 1934, al cumplir don Gervasio sus bodas de oro de haber llegado al istmo, inauguró su busto en mármol blanco en el patio-jardín de la Escuela Profesional de Mujeres. En 1936 hizo traer los restos de la poetisa que reposaban en Managua, Nicaragua, y luego mandó a hacer, de su peculio, esos bellos monumentos que se yerguen en la plaza de Santa Ana y en el cementerio Amador, en honor de la madre de doña Julia, su esposa.

Y no dejó en el olvido a su buen amigo el Dr. Mateo Iturralde. Como muestra de su admiración hacia el ilustre galeno santanero, colocó su busto en bronce, el 28 de noviembre de 1934, en el jardín que existía frente a la antigua Escuela de Artes y Oficios, hoy “Escuela Ramón M. Valdés”, en la calle 12 oeste.

El nombre de España acompañó a don Gervasio en su mente y en su corazón. Cuando supo que allá en Natá de los Caballeros existía una escuela con el nombre de la madre patria, regaló libros para su biblioteca, y cada año envió obsequios de aguinaldos para los alumnos, y el 5 de septiembre de 1934 donó a Natá el retrato del licenciado Gaspar de Espinosa, iniciador de la población hispánica de Natá en 1516.

La historia de su existencia nos la legó don Gervasio, en dos folletos: Medio siglo de vida panameña: 1884-1934, Imprenta Hernández, 1935, 46 páginas, y A manera de inventario: 1821-1936, Imprenta “La Nación”, 1947, 107 páginas.

Una de sus últimas actividades fue la de erigirle un monumento al Dr. Belisario Porras, deseo que no pudo ver cristalizado, con motivo de su deceso. La estatua del Dr. Porras, obra del escultor español Victorio Macho, fue inaugurada, sin embargo, en julio de 1948.

Con motivo de las bodas de oro de haber llegado a Panamá, y como justo homenaje a don Gervasio García, grupo numeroso de sus amigos le obsequiamos, en 1934, un artístico álbum con la siguiente leyenda: “Este álbum presentado a don Gervasio García con las firmas autógrafas de sus amigos, es un homenaje al hombre que ha vivido en nuestra comunidad durante medio siglo haciendo el bien y ofreciendo el ejemplo de sus hermosas virtudes cívicas.

Sin haber nacido en Panamá ha mostrado constantemente, durante esos cincuenta años, su afecto sincero y desinteresado por el país.

Apóstol del trabajo ha laborado siempre con tesón en los campos de la industria y el comercio.

Amante del hogar ha levantado una familia honorable, que es gala y ornato de la sociedad en que vive.

Que recoja ahora próvida cosecha de cariño y de respeto por los generosos ideales que durante tantos años cultivó con noble afán”.

Damos por terminada esta semblanza con dos opiniones formuladas cuando el homenaje referido.

Don Samuel Lewis dijo entonces:

“Don Gervasio García es español. Por sus venas corre sangre asturiana con el ritmo patriótico de los que saben caer sobre el escudo por la patria.

Diez lustros de contemplarla a través del Atlántico, lejos de amenguar ese amor a España lo han acrecentado, lo han santificado hasta convertirlo en su verdadera religión. Mientras mayor es la distancia que de ella lo separa, más cerca de él está, a tal extremo que si en el istmo, España hubiera menester de un tabernáculo, este sería el pecho de don Gervasio”.

Y es de don Julio José Fábrega la frase lapidaria:

“Uno de los panameños más panameños, era don Gervasio García, que había nacido español”.

(Este artículo fue originalmente publicado en La Estrella de Panamá el 19 de junio de 1962).