Temas Especiales

01 de Jul de 2022

Política

Polémica por museo de Torrijos

PANAMÁ. Un remoto lugar llamado Coclesito cobró notoriedad en la década del 70, cuando el entonces general Omar Torrijos Herrera empezó...

PANAMÁ. Un remoto lugar llamado Coclesito cobró notoriedad en la década del 70, cuando el entonces general Omar Torrijos Herrera empezó a mirar hacia esos lares. En 1975, en una colina rodeada de pinos, la comunidad de Coclesito decidió construirle una casa al general. Era como una manera de agradecerle su amor por esa comunidad.

De la selva extrajeron la madera con la que edificaron la casa, una especie de refugio en las montañas, donde el general se desconectaba de la política y el ruido citadino y se mezclaba con la gente del campo. Alguien recuerda que el general Torrijos viajaba a Coclesito y permanecía dos días después de regresar de sus periplos por Europa, porque era su manera de desintoxicarse de la champaña y el caviar de los festejos pomposos y regresar a la realidad de un país pobre como Panamá.

Desde aquel 13 de julio de 1975 —cuando oficialmente se le inauguró la casa— hasta ahora han pasado muchos años. Tras la muerte del general en 1981 en un accidente aéreo en Cerro Marta, la casa se convirtió en un museo. Esa misma casa se empezó a usar para la formación de líderes del Partido Revolucionario Democrático (PRD). La casa museo Omar Torrijos Herrera pasó al cuidado de la comunidad y en 2003 pasó a ser patrimonio de la Fundación Omar Torrijos.

Víctor Lozano, un asiduo visitante de la casa museo y que ahora reside en Coclesito, le sorprendió que la casa museo empezó a sufrir algunas reformas, sin que se supiera quién las había autorizado.

Lo peor, dice, fue cuando descubrió que Martín Torrijos, presidente de la República, intentó convertir ese museo en un refugio personal, como si fuera su casa de campo, olvidándose que el museo pertenece a la comunidad y no puede reformarse.

Dice que el presidente Torrijos incluso instaló un generador eléctrico de gran capacidad agregó dos cuartos para dos miembros del Sistema de Protección Institucional (SPI) que llegaron a custodiar la casa como si fuera de él.

“La casa museo es un regalo de la comunidad al general.. por eso me duele que quieran usarla como una casa de campo privada...”, relató Lozano.