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24 de Nov de 2020

Política

Escuelas públicas, trampas de muerte

PANAMÁ. Las condiciones de inseguridad en las que se encuentran algunos colegios públicos del país es tema al que no se le presta mucha ...

PANAMÁ. Las condiciones de inseguridad en las que se encuentran algunos colegios públicos del país es tema al que no se le presta mucha importancia, hasta que una tragedia cobre vidas y sea la que reactive el verdadero estado físico de estos planteles: verdaderas trampas de muerte. Es entonces cuando las autoridades reaccionan.

Sin duda, una verdadera desgracia. Corrían las 7:40 de la mañana de ayer cuando la vida de Angélica Chávez, de 9 años de edad y estudiante de quinto grado de la escuela República de Japón, en La Locería, se segó repentinamente al caerle encima, y en toda su magnitud, un muro de la fachada exterior del plantel, que también lesionó considerablemente a otras dos niñas que jugaban con una cuerda. Como es ampliamente conocido, este hecho generó una histeria colectiva y encendió los reclamos de padres de familia que cerraron la vía Ricardo J Alfaro, a la altura de Plaza Edison, en demanda de la atención de las autoridades educativas.

Familiares de la menor, vecinos de La Locería y Brooklincito y algunos docentes de la escuela que exigen responsabilidades, pidieron a la ministra de Educación, Lucy Molinar, que investigue a los encargados de la construcción de la colapsada pared, la cual no tenía las varillas de acero en la base de soporte.

Lamentablemente, este no es un hecho aislado. Hay registros de situaciones similares en otro plantel educativo público.

En julio del año pasado, al estudiante Dorian Yángüez, del quinto grado de la escuela San Antonio de Río Sereno, en Chiriquí, el asta de metal de la enseña patria que se disponía a izar, le cae encima lesionándolo gravemente en la cabeza.

Posteriormente, las autoridades que inspeccionaron el lugar determinaron que el asta estaba podrida y se desplomó cuando el menor ejerció presión sobre ella Afortunadamente Yángüez sobrevivió luego de varias intervenciones quirúrgicas.

ABANDONO

Los hechos descritos nos hablan de las deficiencias de las autoridades educativas entorno a la forma de ejecutar trabajos que contrata el Estado para mejorar o dar mantenimiento dentro de los colegios públicos, así como en obras gubernamentales.

En el 2008, según Gaceta Oficial, la escuela República de Japón tuvo una partida para mejoras de su infraestructura y desde allí no se le ha metido mano.

Según los padres de familia de este plantel capitalino, la estructura está descuidada y aseguran haberle advertido a la directora Zaida Palacios que el muro que colapsó era sostenido por una soga, lo que representaba un peligro para los niños.

La Ley 22 de 2006, en el artículo 87, que se refiere a derrumbes en construcciones públicas indica que: ‘ La terminación de la obra objeto del contrato se recoge en el acta final de la obra, después de comprobar que se han cumplido todos los requisitos del contrato. La Corte, si se percata de que el Estado no hizo bien su trabajo en alguna de las fases del proceso de contratación pública, lo condena a pedido de parte, independientemente de las acciones que pudieran caber en contra de un contratista negligente’.

La ministra Molinar, por su parte, lamentó lo ocurrido y dijo que empezarán las investigaciones sobre el contrato de esta obra y el estado de la escuela. También agregó que le brindará apoyo a la familia de la menor fallecida y de las otras dos que resultaron heridas (se encuentran en el Hospital del Niño bajo observación debido a que resultaron con golpes de consideración en las extremidades inferiores).

El director regional de Educación, Federico Castro, aseguró que no existían reportes de que la pared presentaba irregularidades.

Añadió que para las investigaciones de este caso se conformará un equipo con unidades del Cuerpo de Bomberos y de la Universidad Tecnológica, que inspeccionarán el resto de la estructura del plantel.

Mientras todo esto ocurría, en un punto de la apartada Veraguas, 400 alumnos de la escuela La Primavera, en Santiago, protestaron por el mal estado del gimnasio. La directora cerró las operaciones en ese centro por precaución.