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06 de Mar de 2021

Política

Agricultores, una especie en peligro de extinción

Sin duda, la noble labor de producir alimentos para la familia, el país y el mundo, es de primera importancia; sin embargo, en este ofic...

Sin duda, la noble labor de producir alimentos para la familia, el país y el mundo, es de primera importancia; sin embargo, en este oficio, el agricultor y la agricultora se encuentran siempre llenos de desafíos y dificultades.

El agricultor y la agricultora esperan que su trabajo le retribuya los ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades económicas y sociales, y por otro lado, la sociedad en su conjunto le exige que lo hagan con responsabilidad, produciendo alimentos sanos, a buenos precios, procurando mantener y preservar los recursos naturales y el ambiente que ocupa para ello, permitiendo así que las próximas generaciones también tengan la oportunidad de usarlos para su sustento.

EL PANORAMA NACIONAL

Panamá se está quedando sin agricultores y agricultoras. Cualquiera sea la actividad que desarrolle, es un ciudadano que, como autónomo, tiene unos derechos sociales muy limitados: no disfruta de vacaciones ni de días feriados, su pensión de jubilación es reducida y a veces inexistente y para colmo de su desdicha, los bienes que produce tienen un precio en origen varias veces inferior al que paga el consumidor en el mercado, con lo cual sus rentas son muy inferiores a la media nacional.

Los elementos que contribuyen a que en nuestro país vayan desapareciendo los agricultores y agricultoras son diversos: la creciente importación de productos al país (hoy día Panamá importa más del 50% de los alimentos que consume), los intermediarios que intervienen en las cadenas de comercialización destacándose las grandes cadenas de supermercados, autoservicios, hipermercados que se conocen como ‘distribución moderna de alimentos’ que tras su liberalización actúan prácticamente en régimen de oligopolio imponiendo los precios de los alimentos.

Los tratados de libre comercio, por otro lado, la falta de interés de ideas y de instrumentos por parte del Estado, la escasa organización de nuestros agricultores y agricultoras les imposibilita hacer frente a unos y a otros y mientras el Estado, vaciado de competencia en materia agraria, los mantiene en la más deplorable indefensión. Todo lo anterior provoca también que los jóvenes continúen abandonando masivamente el campo, llegando a límites en que no existe reemplazo, como ya viene ocurriendo hoy con unos agricultores y agricultoras envejecidos.

ROLES DEL AGRICULTOR Y LA AGRICULTORA

El papel del agricultor y la agricultora es doble: por un lado, y como función primaria y principal, produce alimentos para el autoconsumo y para el mercado y es en esta en la que el agricultor necesita organizarse para hacer frente a los intermediarios y a las grandes cadenas llamadas de ‘distribución moderna de alimentos’.

Las otras dimensiones trascienden el ámbito económico y recogen lo que podríamos denominar los elementos no comercializables de la actividad agraria. Aquí encajan aspectos de los que los demás nos beneficiamos: lo social, el ocio y la recreación que el medio rural nos proporciona a todos, que marca las tradiciones, el paisaje, la lengua y la cultura propia, condicionando festividades, aleccionando una serie de costumbres autóctonas, saberes ancestrales, etc.; lo medioambiental y la seguridad y soberanía alimentaria que el agricultor y la agricultora deben garantizar en términos de calidad y de control estratégico.

LA REVOLUCIÓN VERDE

Hoy día la agricultura más que un arte y una técnica de producción y de medios de vida se ha transformado en una empresa para lucrar.

La llamada ‘revolución verde’, introducida a partir de los años 70 del siglo XX y difundida por el mundo trajo consigo el uso de químicos en casi toda la producción agrícola.

Sus efectos son ahora notorios; empobrecimientos de los suelos, deforestación y perdida de millares de variedades naturales de semillas que son reserva frente a crisis futuras.

La aparición de los supermercados, autoservicios, hipermercados (distribución moderna de alimentos) ha sometido la alimentación, la agricultura y el consumo a la lógica del capital y del mercado. El modelo de distribución moderna o supermercados tiene graves impactos en el agricultor.

La distribución moderna determina un modelo de agricultura y de campesinado donde las producciones familiares no tienen cabida. No en vano se observa que en nueve años en la provincia de Chiriquí se ha perdido 19,4% de los productores y se han dejado de sembrar rubros como la cebolla, arroz y maíz.

Las explotaciones agropecuarias han ido decreciendo y la población campesina activa se ha reducido y las importaciones van en aumento. La FAO ha señalado que los países que enfrentarán mayores dificultades de alimentos en el futuro serán aquellos que importan más del 20 al 30%.

EL INFORME DE LA FAO

La Oficina Regional de la FAO para Centroamérica informa en su Boletín de Agricultura Familiar (octubre-diciembre 2012) que la agricultura familiar produce más del 70% de los alimentos para Centroamérica, a pesar de que sufre de baja productividad, que los agricultores familiares en Centroamérica representan entre el 80 y el 90% de los productores de maíz y frijol. ‘Sin embargo, en América Central la mayoría de los hogares que producen granos básicos vive en pobreza y seis de cada diez de estos hogares rurales sufren inseguridad alimentaria’. Señala el señor Deep Ford, Representante Sub -regional de la FAO para América Central, que pese a su importancia en la producción de alimentos, la mayoría de las familias dedicadas a la siembra de granos básicos viven en la pobreza y el 60% de esos hogares sufren inseguridad alimentaria.

Según, el señor Ford, es en la agricultura familiar donde reside el mayor potencial para incrementar la productividad y dinamizar el sector agrícola de América Central, contribuyendo a una mayor estabilidad del abastecimiento y de los precios de los alimentos.

LA VISIÓN AL FUTURO

La imagen estereotipada de Panamá como un país rico, próspero y pujante tiene más de reminiscencia o de publicidad turística que de realidad.

En un panorama contradictorio, conviven una riqueza inmensa de recursos y potencialidades, un Potosí de liderazgos e inteligencias navegando en un mar de inequidades. En el país, el sector primario representa solo el 3% del PIB y le brinda empleo al 17% de la población ocupada del país.

Se acerca la contienda electoral y ya se puede observar a los partidos políticos que empiezan sus campañas mirando al campo, priorizando la seguridad alimentaria, sobre todo, prometiendo a su electorado bajar el costo de la canasta básica y poner en funcionamiento una cadena de frío en los mercados nacionales: Como se observa el panorama, se pondrá a funcionar esta cadena de frío importando productos, para las ganancias de las grandes ‘distribuidoras modernas de alimentos’ sin tomar en consideración el ocaso de nuestros agricultores y agricultoras ni la seguridad y soberanía alimentaria del país.

Todo ello a pesar de que el tipo de medidas políticas de apoyo a la agricultura que ha predominado en la agenda reciente, muestra poca eficacia en las medidas políticas implementadas en el agro para estimular la producción y dar apoyo a los hombres y mujeres que cultivan la tierra.