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07 de Apr de 2020

Política

‘La propia democracia es la que nos causa estos problemas’

PANAMÁ. ‘¿Cómo hacemos para que los políticos sean animales éticos?’, lanzó un sociólogo desde las gradas, rompiendo la seriedad que por...

PANAMÁ. ‘¿Cómo hacemos para que los políticos sean animales éticos?’, lanzó un sociólogo desde las gradas, rompiendo la seriedad que por una hora se mantuvo irreemplazable entre panelistas que hablaban de una simbiosis casi olvidada: la ética y la política.

Ese fue uno de los pocos episodios que arrancó una carcajada del aforo. La última de las doce jornadas ético políticas de la Fundación Ética y Civismo (Fupec) debatió el lado más agrio de nuestro ego. La política se hunde a la falta de ética y moral. El esquema que la propia democracia se tejió, hoy le juega mal.

En él, pensadores políticos locales como Mario Galindo y Stanley Muschett, describieron los principales flaqueos del Estado. La separación de poderes y la independencia judicial. La última más clave que la otra.

‘Hay que lograr que nuestro mundo político arraigue el respeto a los valores éticos, y sin los cuales se sumergiría en las tinieblas, donde prevalece la ley del más fuerte o el más astuto... la propia democracia es la que nos causa estos problemas’, trazaba Galindo.

El exmolirena pronosticó, de todos modos, que hablar de un mejor país será una utopía por mucho tiempo: ‘yo no creo que vaya a desaparecer el clientelismo y la compra de votos’, problemas que enmarcó en la superposición de los partidos políticos a los poderes del Estado, y la consecuente cohesión que se ha formado al margen de las normas.

Muschett, empero, insistió en la necesidad de humanizarnos para conseguir cambios. ‘Mi realización no puede ser a costa de otros’, reflexionaba. Conectó la idea con la aspiración de conseguirlo todo como sea. El juega vivo. Como si el fin justificara los medios.

Y ese razonamiento, develaba el magistrado del Tribunal Electoral (TE) Erasmo Pinilla, es el que el país debe abocarse a detener. ‘Nuestra sociedad debe afrontar la realidad y tener una distinción clara ente la ética y la moral’. Si no, argumentaba, seguirá el círculo vicioso de la democracia en comillas: ‘la politiquería barata se rige por el que el fin justifica los medios’.

Siguiendo la línea de ideas, Pinilla reflexionó sobre el más reciente altercado político del país. El fallo Moncada Luna contra del TE. ‘La sociedad civil supo levantarse’, dijo. Allí hubo un rompimiento de la danza de la inmoralidad desde el Estado. Y eso, a su juicio, sólo se logró desde la presión pública. Pero retó, en nombre de la ética: ‘¿quedará impune tamaña felonía?’.