24 de Sep de 2021

Publicando Historia

Al rescate del patrimonio audiovisual: un hombre y una misión

Como coleccionista privado y más recientemente como coordinador del Centro Audiviovisual de la Biblioteca Nacional, Mario García Hudson ha dedicado 38 años de su vida a reunir y preservar nuestro disperso patrimonio audiovisual

Al rescate del patrimonio audiovisual: un hombre y una misión

La memoria de un país no consta solamente de libros y publicaciones. También forman parte de ella nuestros registros de imágenes y también de sonidos, entiéndase grabaciones de sonidos, voz y música, así como de imágenes en movimiento. Y a la conservación de este patrimonio audiovisual ha dedicado toda una vida Mario García Hudson, coleccionista privado y coordinador del Centro Audiovisual de la Biblioteca Nacional. El especialista destaca la importancia de estos documentos que reflejan mucho de nosotros los panameños.

¿Mario, cómo te involucraste en esto de la preservación del patrimonio audiovisual panameño?

Me gradué de la Universidad de Panamá con un título de filosofía e historia, pero desde adolescente coleccionaba discos. Al principio, mis intereses eran variados, pero me fui volcando hacia la música panameña a raíz de un programa radial que empecé a hacer en KW Continente, en 2003, coincidiendo con el primer centenario de la República. Buscaba temas panameños para alimentar el programa y empecé a hacer entrevistas a personalidades como Marta Estela Paredes, y otras. Noté que era muy escasa la documentación existente sobre la música popular. Se habían hecho algunos estudios, más que todo con un enfoque hacia la música clásica, lo que me pareció curioso porque Panamá no tiene producción discográfica clásica, sino más bien popular. A raíz de la experiencia, me planteé estudiar el desarrollo de la música popular panameña. Eso me llevó a estudiar a Ricardo Fábrega, a Arturo “Chino” Hassan, Delia Arias, Silvia De Grasse, a todos los personajes que de alguna u otra forma gravitaban sobre la música de Panamá.

¿Cómo te ligaste con la Biblioteca Nacional?

Yo publicaba algunas de mis investigaciones, sobre todo en el extranjero, y di conferencias sobre Hassan y Fábrega que fueron como mi puerta de entrada a la biblioteca. Coincidió con la formación del Centro Audiovisual, por lo que me llamaron. Eso fue en el año 2005, a raíz de una donación del Gobierno de Japón para iniciar el proceso de digitalización de materiales diversos. Este año el centro cumple 16 años de labor.

¿Qué nos puedes decir sobre los antecedentes de la música panameña? ¿Cuán antigua es la grabación de la música panameña?

La evidencia que tengo es que la música panameña empezó a grabarse primero fuera del país. Los registros más antiguos vinculados a Panamá datan de 1907, con la grabación del himno nacional, que se grabó en Estados Unidos en 1907.

Otra de las primeras grabaciones fue “La Reina Roja” (música de Máximo Arrates Boza y letra de Mario Horacio Cajar), que se compone en el año 1919 y se graba en 1929 o 1930, también fuera del país. Lo mismo sucedió con temas como “Taboga” y “Panamá Viejo” (de Ricardo Fábrega), por mencionarte dos emblemáticos de nuestra música.

Uno de los grandes exponentes de esta época fue Alcides Briceño, probablemente la primera figura en términos de canto que trasciende la frontera nacional. Nació en 1886, comenzó a grabar en 1919 y logró reunir un catálogo asombroso. A mi modo de ver fue el intérprete más completo de su época. Estaba radicado en Estados Unidos y grabó bambucos, pasillos, marchas, vals, sanjuanitos, tangos, corridos mexicanos, danzas, danzones, sones, valses, fox trots, guabinas, pasodobles, torbellinos, villancicos, aguinaldos, mapalés, porros, rumbas... lo que te da una lectura del alcance y de la capacidad vocal que tenía.

Entre la música grabada en Panamá, los primeros de los que se tienen evidencia son “El tambor de la alegría” y “Bonito viento para navegar”. La primera la compuso Carmen Lagnon en 1918, como una forma de promover el toldo de su propiedad que quedaba en Santa Ana, que rivalizaba con el Lirio Rojo, que era más grande. Ella unió esfuerzos con Juan Pastor Paredes, quien puso la letra, y la pieza se convirtió en un éxito para la época. Posteriormente, en 1928 la grabaron en la tienda “La Postal”, de la familia García como un jingle.

¿Qué más has logrado reunir en estos 16 años de labor en la Biblioteca Nacional?

Nuestra gran fortaleza es la música popular, con muestras de música de todos los periodos, representaciones de los que te he mencionado, de Briceño, grabaciones históricas de Silvia De Grasse, de Avelino Muñoz, de la orquesta de Raúl Ortiz, de Armando Bossa, incluso de rock, por ejemplo, de Yigo Sugasti, que es una figura fundamental.

¿Cuáles consideras como los mayores valores panameños del centro?

Además de estos que te mencioné, es importante la labor de Ricardo Fábrega, que es un personaje importante porque sus canciones se logran internacionalizar y todavía hoy siguen siendo parte de la memoria panameña y de otros países afines. Por ejemplo, “Taboga” es un referente dentro de la música venezolana, y “Guararé” se ha incorporado a la cultura de la salsa. Son piezas fundamentales, lo mismo que la figura de Alcides Briceño, que no solo eleva a la grandeza la música latinoamericana, sino que colaboró con las primeras interpretaciones de Ricardo Fábrega. Silvia De Grasse es un referente obligatorio para el estudio de la música y, de hecho, este año es el centenario. También es esencial Avelino Muñoz, porque con él tienes al director de orquesta, al director artístico, al descubridor de talento, al compositor y al poeta. Avelino y sus hermanos fueron genios de la música, todos ellos, incluyendo a Salvador, Rafael, Cristóbal, Emilio y Lucho, que forman una dinastía importante por sus contribuciones. Tenemos muestras representativas de todos ellos. No tenemos todo.

¿Han recibido apoyo, donaciones?

Heredamos 85 discos compactos con grabaciones sonoras, producto del esfuerzo de Gonzalo Brenes, quien en los 50 impulsó en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá la iniciativa de hacer grabaciones sonoras de las manifestaciones de música popular de Azuero. Él se iba con sus alumnos a los festivales y fiestas populares para grabarlos. Pudieron recopilar todas estas muestras que ahora reposan en la biblioteca.

El apoyo de Discos Tamayo ha sido vital. Con esta disquera panameña, fundada en 1963, se firmó un acuerdo. Ellos nos donan un ejemplar de cada producción de su catálogo. Lo fantástico de este acuerdo es que no solo nos han proporcionado sus discos, sino las colecciones que compraron a otros sellos discográficos que hubo, como Discos Istmeños, Selecta, Loyola Records, Grecha, logrando un gran acopio en cuanto a documentación de música panameña. Si no hubiese sido por Rodrigo Escobar Tamayo, esta labor de recuperación de la música panameña habría sido mucho más difícil.

¿Qué dice nuestra música de nosotros y de nuestra cultura nacional?

Panamá no es como dicen, un país de tránsito, sino un país con una privilegiada posición geográfica, que nos ha permitido establecer contacto con gente procedente de todo el mundo. Todos esos elementos se ven representados en la música. La época de oro de la música panameña fue la década de 1930, del siglo XX, y a inicios de los 60 hay un repertorio musical muy acentuado en lo raizal. Está el tamborito, la tamborera, y está la cumbia panameña, y esos elementos musicales se mezclan con sonidos de otras latitudes y hacen una sonoridad rica y especial, única, en la que puedes encontrar expresiones del jazz, del soul, pasillo, con sonidos propios.

¿En cuánto al tema audiovisual, qué han logrado reunir? ¿Tienen videos históricos importantes?

Tenemos una colección de entrevistas en video y audio a intelectuales y artistas panameños como Vitín Paz, Fernando Peña –el cantante, papá de Peña Morán– escritores, César Young Núñez, Tony Stanziola, Néstor Castillo Restrepo, al poeta Ricardo Jiménez, el profesor Ricardo Arturo Ríos Torres, Ariel Barría, Mauro Zúñiga, Carlos Winter Melo, José Rodríguez, Juan Antonio Vití, Enrique Jaramillo Levi, Luis Pulido Ritter. Son entrevistas que traje al centro audiovisual como producto de un programa radial que mantuve durante muchos años en Ser Tv, que se llamó 'Especiales de Crisol'. Son entrevistas que permitirán que dentro de unos años se conozca cómo pensaban, cómo hablaban estas personas, pero nos gustaría fortalecer esta mucho más. Fuera de eso no tenemos mucho.

En realidad, hemos tenido muchas dificultades para hacer un acopio de videos y cintas históricas por varias razones. Está lo económico, ya que no disponemos de fondos suficientes. Además, lo cultural. En nuestro país, cuando las cosas “pasan de moda”, las descartamos. La memoria histórica en formato sonoro o movimiento audiovisual es mucho más frágil que la escrita, por ejemplo, porque ha habido malas prácticas en la preservación de ese material.

Lamentablemente, las generaciones anteriores no cumplieron su rol y ahora nosotros nos enfrentamos a la necesidad de reconstruir una historia que no fue preservada. Hay que tomar conciencia y tenemos que decirle a la gente que esto es importante. Las televisoras, por ejemplo, grabaron en cintas, videotapes y no tuvieron la visión de preservar los materiales. Las radionovelas, no las tienen. Videos históricos, tomas presidenciales, grabaciones de las voces de presidentes del siglo XX, cuando ya estaban los medios audiovisuales, no existen. O tal vez sí existen y están desperdigadas en manos privadas, con el riesgo de que no se aprecien y se descarten. Yo he querido rescatar “El Show de la 1”, pero no existen las grabaciones materiales.

Tal vez el centro de mayor acopio lo tiene SerTv, que nos ha facilitado algún material, pero no es tan antiguo, bien más bien desde hace 20 o 25 años.

¿Aceptan donaciones?

Por supuesto. Nos interesa preservar las piezas originales, los discos nacionales. Si hay personas que tienen discos de Panamá, si tienen videograbaciones de Panamá, y ya no las quieren, tráiganlos a la Biblioteca Nacional. No tenemos presupuesto para compra. Apelo a la conciencia de la comunidad para que nos apoye. Pueden ver el trabajo de la base de datos que se ha hecho en 15 años con tres personas. Ha sido un trabajo arduo.

¿Han utilizado el material para crear programas educativos?

Educar no es parte de la responsabilidad del centro. A nosotros nos toca preservar y divulgar lo que hacemos. Ya educar sería un compromiso de los medios y de otros grupos. Cuando yo era joven los cuadernos de escuela que comprábamos tenían impresos poemas y materiales locales, valores como 'Incidente de cumbia', el poema 'Patria', había una búsqueda de fortalecer la identidad... Se necesita un compromiso a nivel nacional. La cultura es un proceso sistemático, un proceso de reconocimiento que nos permita conocer a nuestros ancestros y mantener un orgullo e identidad. La cultura es fundamental. Mira cómo un país como el nuestro que tiene cuatro millones y medio de habitantes ha tenido gente de la altura de Rubén Blades, o de Vitín Paz, o de Silvia De Grasse, o de Alcides Briceño o Avelino Muñoz. Si vieras los comentarios que se hacen internacionalmente sobre Vitín Paz como trompeta, o sobre Avelino Muñoz,que luego de más de 50 años de muerto lo recuerdan en República Dominicana, por ejemplo.