30 de Nov de 2021

Publicando Historia

El 10 Noviembre de 1821 y su Acta de Independencia

Nota del Editor: El presente artículo recoge partes de un ensayo publicado por el historiador Ernesto J. Nicolau en la Revista Lotería de noviembre de 1944. Nicolau tiene el mérito de ser quien encontró en los Archivos Nacionales de Colombia y trajo al Panamá el Acta de Independencia que se firmó el 10 de Noviembre de 1821, como lo reconoce la Ley No. 45 de 6 de noviembre de 1961

El 10 Noviembre de 1821 y su Acta de Independencia
El 10 Noviembre de 1821 y su Acta de Independencia

El ambiente que reinaba en 1821 era de protestas y levantamientos armados, ante los desafueros del gobierno del general Mourgeón, pero siempre fuertemente reprimidos.

En esta situación anormal, alarmante en grado extremo, surgió desde la población de Natá el espíritu fuerte y decidido de Francisco Gómez Miró quien en una proclama escrita, que hizo circular por todos los pueblos de los Partidos de Natá, La Villa de los Santos y Santiago, inspiraba a sus conciudadanos la confianza en el éxito redentor de tantos males, si persistían con valor en la arrogante decisión de sostener la protesta airada que todos habían asumido. Entre tanto, personalmente, el mismo Gómez Miró incansable, propagaba las ideas de libertad entre sus paisanos, y aventuraba su tranquilidad, hasta su propia vida, al predicar esas mismas ideas en los propios cuarteles de las tropas españolas acantonadas en Natá, cuya valiosa adhesión trataba de ganarse, en momentos en que no contaba con ningún respaldo ulterior y positivo, presentándoles de relieve las ventajas que obtendrían si abrazaban el sistema republicano, cuyo más brillante ejemplo era la Gran Colombia.

En esas circunstancias, y debilitadas las fuerzas militares con el retiro de sus principales unidades para engrosar las filas expedicionaria del Sur, la Corona fue perdiendo prestigio, mientras que los rebeldes ciudadanos adquirían más coraje, principalmente en La Villa de Los Santos.

La exaltación general y las ideas de Gómez Miró llevaron al pueblo al más alto grado de resolución valerosa, pero faltaba algo; faltaba el golpe iniciador y la voluntad directriz que encerrara en un solo cauce, voluminoso y potente, esa corriente arrolladora de patriotismo delirante que se desbordaba por los pueblos. Esa voluntad directora la tuvo el pueblo santeño en la persona de don Segundo de Villarreal, su más prestigioso caudillo, quien identificado con el movimiento revolucionario y con los valerosos ciudadanos que lo aclamaron como su jefe, formó un batallón de voluntarios y armándolos con escopetas, escasos y viejos arcabuces, machetes y palos, montó una guardia resuelta a dar la vida por la proclamación de la Independencia de su patria. Acto continuo los patriotas se propusieron terminantemente a derrocar el Gobierno español y de modo resuelto atacaron el cuartel y pasando a la Cárcel pusieron en libertad a todos los ciudadanos que ahí se hallaban detenidos.

Un acto de justicia nos mueve a consignar aquí, en honor al civismo tradicional del pueblo santeño, el hecho muy edificante de que, en medio de este torbellino de excitación, no se registró un solo crimen, ni siquiera el más leve ultraje a la dignidad personal de los vencidos. Estos, como tales, fueron tratados con una caballerosa hidalguía, digna de la mayor loa para sus autores, hasta que pudieron ser remitidos, bajo custodia, a la ciudad de Panamá de donde fueron enviados para Cuba en unión de los demás desafectos a la causa de la democracia en el Istmo. Y fue entonces cuando el pueblo santeño entusiasmado por sus rápidos y brillantes triunfos, por el desarrollo progresivo de su viril entusiasmo libertario, cuyo progreso era ya incontenible, y deseoso de dar el golpe final a la Monarquía tambaleante, exigió que se celebrará Cabildo abierto, y así se hizo. Todos los rebeldes, respaldados por su improvisado pero valeroso y resuelto batallón, rodearon la Casa Consistorial, penetrando al recinto de sesiones, colmado ya por una abigarrada multitud, y estimulando con su decisión inquebrantable a los miembros del Ayuntamiento, los cuales, convocados que habían sido por su Presidente don Julián Chávez a reunión solemne, proclamaron y juraron con toda solemnidad su Independencia del Gobierno español, manifestando sus deseos de anexión voluntaria a la República de la Gran Colombia el día diez (10) de Noviembre de 1821.

… Los Cabildantes se dedicaron a la tarea de despachar postas a todos los pueblos, anunciándoles la grata nueva de que ya eran libres; de que ya la Monarquía española no gobernaba en el país…

Con la más sincera y respetuosa admiración que la gratitud nos inspira hacia esos rebeldes ciudadanos de La Villa de Los Santos, sacamos del olvido en que por más de cien años reposaba en los archivos colombianos, el Acta de aquella sesión memorable y la presentamos a la veneración de las actuales y futuras generaciones panameñas como un elocuente homenaje de respeto a la llama patriótica que iluminó a sus firmantes y a sus heroicos sostenedores, y para que sus nombres preclaros queden grabados eternamente en el recuerdo de nuestros conciudadanos:

En la ciudad de Los Santos, Noviembre diez (10) de mil ochocientos veinte y uno: El señor don Julián Chávez, Alcalde Constitucional, Primer nombrado, Presidente de este Muy Ilustre Ayuntamiento, hizo convocar a la mayor parte de sus componentes, y con los que suscriben: no habiendo podido asistir el resto por enfermedad y ausencia, igualmente que el Cura Párroco, doctor José María Correoso, y muchos vecinos, a quienes manifestó dicho señor Presidente el Voto General del Pueblo, para separarse de la dominación española, por motivos que eran bastante públicos, y que son tanto más opresores, cuanto que no pierden un momento de subyugar cada día más la libertad del hombre: Atentando cada español, por ridículo que sea, principalmente si tiene mando y es militar, hasta contra, lo más sagrado, que se halla en todo ciudadano, que es su individuo:

Que por todo ello deseoso de vivir bajo el sistema republicano, que sigue todo Colombia, anhela el mismo pueblo que esta Villa jurase la Independencia del Gobierno español, con otras muchas razones, que al efecto profirió dicho señor presidente, las que oídas, tuvieron a bien discutir, procurando que ante todas las cosas se oficiase a los pueblos del Partido, para conocer si se inclinaban o no a adoptar el sistema propuesto; puesto de otra manera se podría decir con certeza era aventurar exponiéndose esta población sola a hacer frente, no sólo a los referidos pueblos, sino también a la Capital, cuyo Jefe es don José de Fábrega tomaría muchas providencias a fin de sujetar este paso y emplearía para ello todo cuanto tuviera a su alcance, cómo que tiene provisto sus almacenes de armamentos, municiones, etc., de que esta Villa carecía; pues aunque aquí ay suficiente número de hombres, qué es lo que se carece en Panamá, y pueden defender tan justo intento, hay falta de provisiones bélicas de que allí se abunda: Por lo que se tenía por arrojo No obstante que el Patriotismo exigía un esfuerzo que acaso superaría a toda dificultad, que pudiese ofrecerse tomándose a otros medios para hacer sucumbir a los Pueblos y a la Capital. En efecto, vistas todas las reflexiones que se hicieron dándoseles soluciones a las que eran en contra, se determinó, según el voto general del pueblo, si procediese al Juramento de Independencia, como en efecto se hizo, habiéndolo prestado, ante todos, los individuos del Ilustre Ayuntamiento cuyo acto se celebró con plausible gozo y una indecible conmoción del espíritu de cada uno del Pueblo, quien aclamó se titulase esta Villa “Libre Ciudad” con consideración a ser la primera en todo el Istmo, que había tenido la felicidad de proclamarse libre e independiente bajo el auspicio y garantía de Colombia: a cuya solicitud accedió gustosa esta Ilustre Corporación con respecto a ser un día de Gloria y de Merced. También se hizo presente, por varios vecinos, que debía nombrarse un Comandante de Armas para la mejor dirección de las tropas con consideración al abandono con que se han tenido estas milicias por la dominación española, y de facto se siguió a sufragar para tal nombramiento, y resultó este en la persona de don Segundo de Villareal, vecino honrado de reconocida probidad, y que en otro tiempo ha sido Comandante accidental, a quien, estando presente, se le hizo saber la elección que aceptó de buena gana ofreciéndose al pueblo para cuanto estuviese en sus manos. Acto continuo varios vecinos hicieron ver al Ilustre Ayuntamiento que supuesta la elección de tal Comandante de Armas en el dicho don Segundo de Villareal igualmente que su aceptación les parecía residían facultades en el Ilustre Ayuntamiento para darle un grado correspondiente a su patriotismo y superioridad en las armas, que juzgaban sería extensivo en todo el Partido, siempre que este se decidiese, como lo esperaban por la causa de la Libertad: Que en su virtud el grado de Coronel lo hará tan adecuado que no encontraban otro más alto para compensarle su heroísmo y su patriotismo, según había manifestado con el acto de juramento de independencia. Y bien examinados los pormenores de esta solicitud, se vio que era arreglado prestándose espontáneamente el Ilustre Cuerpo a conferirle, al referido don Segundo, el Grado de Coronel, como en efecto le confirió, Ciertos los individuos que le componen de esta gracia sería aprobada por el Excelentísimo Señor Presidente de la República de Colombia, a quien se dará cuenta cuando sea tiempo. Con lo que y con encargársele por el pueblo el Muy Ilustre Ayuntamiento hiciese las invitaciones necesarias, no solo a los pueblos del Partido, sino también a los Ayuntamientos de la Capital de Panamá, de la Provincia de Veraguas y Alanje y Natá, se concluye este acto que firman los señores Capitulares, ante mí el infrascrito Secretario del que certifico.

Julián Chávez. José Antonio Moreno. José María de los Ríos. José Antonio Salado. Salvador del Castillo. José Catalino Ruíz. Manuel José Hernández. Pedro Hernández, Secretario.