18 de Sep de 2021

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Opinión

Realidad política nacional panameña

Aquí en Panamá, el “país decente”, los demócratas y el pueblo en general nos hemos planteado la vía de la democracia ciudadana y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente

Los conglomerados hispanoamericanos, latinoamericanos y del caribe, tienen mucho en común, ello llevó al apóstol cubano, José Martí, en el siglo decimonono, a hablar de “nuestra América”, para diferenciarla de la América anglosajona. Pero también Omar, líder de la dignidad nacional, señaló -en el tramo final de la lucha contra del neocolonialismo y del enclave colonial denominado ´Canal Zone´- “cada pueblo tiene su propia aspirina”.

De manera que –para bien o para mal- no se puede estar extrapolando, ni examinando con métodos simplistas o reduccionistas, realidades sociológicas y políticas o procesos de transformación o cambios de correlación de fuerzas sociales y políticas que se vienen dando en nuestra región latinoamericana como resultado del agotamiento del modelo neoliberal acicateado por una terrible corrupción de la “clase política” y por los efectos desastrosos de la pandemia.

Los hijos de Bolívar y de Miranda de la República Bolivariana de Venezuela han llegado al convencimiento – y, aparentemente, también el imperialismo estadounidense- que el diálogo político y la consulta popular democrática es el camino correcto y socialmente menos doloroso para zanjar las diferencias que polarizan las fuerzas sociales y políticas de ese hermano País. El pueblo salvadoreño con su líder popular surgido de las entrañas del partidismo tradicional de los últimos lustros (ARENA y FMLN) está logrando -por la vía democrática institucional- reducir las enormes desigualdades heredadas desde las luchas de independencia, pasando por el combate contra la oligarquía cafetalera y el pugilato contra el neoliberalismo de la plutocracia de las “14 familias”.

Nuestros hermanos colombianos –hoy en las calles- luchan contra la desigualdad insoportable, el asesinato sistemático de líderes sociales y comunitarios, contra una Fuerza Pública totalmente divorciada de la gente de a pie y un gobierno que ha perdido todo respeto ciudadano y el derecho a continuar gobernando un pueblo noble y valiente como los hermanos cercanos colombianos. Hacemos votos por la unidad de toda la nación colombiana para que pueda encontrar una salida democrática y de justicia social a décadas, sino centuria de enormes sufrimientos.

Chile es un caso singular. No nos engañemos, ni nos dejemos engatusar por la propaganda antidemocrática antipopular y, sobre todo, desinformadora difundida u omitida por los servicios internacionales de prensa a favor del “Norte revuelto y brutal” y de la oligarquía o plutocracia istmeña, orientada a desvirtuar la revolución democrática de la juventud chilena. En la tierra de Pablo Neruda y de Salvador Allende una juventud informada y formada, desafió en las calles al régimen de derecha y lo obligó a ir a las urnas, y allí, le propinó la más grande derrota de su historia y, a contrario sensu de lo ocurrido con el gobierno de la “Unidad Popular”, en esta ocasión, son remotas las posibilidades de asonadas militares y de conspiraciones imperialistas. Ahora una nueva generación política se dispone a redactar y aprobar y aplicar una Carta Política, cuyo lema principal será: Un nuevo Chile es una realidad.

En síntesis, ninguno de los contextos nacionales –reseñados a “vuelo de pájaro”- son iguales, como tampoco el camino recorrido y el itinerario político seguido por nuestros hermanos latinoamericanos. De manera que no podemos “copiar” o pensar que por estar gobernados a lo largo de treinta y dos (32) años por una plutocracia corrupta similar y que se encamina como aquellas al paroxismo del cohecho y del descaro político; podemos concluir que debemos o tenemos que seguir el mismo sendero político de nuestros amigos de la Región.

Aquí en Panamá, el “país decente”, los demócratas y el pueblo en general -ocho de cada diez panameños no quieren saber de la Constitución autoritaria y presidencialista de 1972 reformada en 1978, 1983, 1994 y 2004- nos hemos planteado la vía de la democracia ciudadana y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente como mecanismo democrático y popular para deshacernos de la coyunda del neoliberalismo y del clientelismo corrupto y corruptor; pero estamos frente al valladar de grupos oportunistas de la supuesta “sociedad civil” y de entelequias políticas de la plutocracia que al socaire de la reforma constitucional, mal llamada “constituyente Paralela”, pretenden desvirtuar el anhelo de la mayoría del pueblo panameño de raer por completo del suelo istmeño a politicastros rebuscones que han hecho de la política el dispositivo de enriquecimiento por “arte de magia” ilícita. ¿Cuál es nuestro desiderátum? Constituyente y punto. ¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.