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04 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sentimientos del alma

El panorama político se percibe desordenado y desorientado a estas alturas del proceso electoral. Cumplidas las primarias para escoger l...

El panorama político se percibe desordenado y desorientado a estas alturas del proceso electoral. Cumplidas las primarias para escoger los cuatro candidatos a la Presidencia de la República, los partidos oficialistas y de oposición no las tienen todas consigo.

Sólo restan dos primarias y una convención para escoger candidatos a puestos de elección a niveles inferiores, pero tal parece que, como resultado de las primarias, han quedado moretones, arañazos, heridas, temores e indiferencias, cuales “sentimientos del alma”.

El resultado es que los partidos de gobierno y de oposición, quiérase o no, han quedado de hecho partidos —valga la redundancia— en varios pedacitos. En efecto, por el lado del Partido Revolucionario Democrático —PRD— es evidente que, al producirse un resultado que dio a la triunfadora menos de la mitad del total de votos, mientras sus dos contrincantes juntos obtuvieron el 51% de la votación, significa a las claras que más de la mitad de los votantes no apoyaron a la candidata vencedora.

Si a eso le sumamos las abstenciones, podemos colegir que esa candidatura no contó con el respaldo activo de aproximadamente el 66% de los adherentes de su partido. Los medios de comunicación reportan fuertes fisuras dentro del PRD que han originado dos corrientes antagónicas y perfectamente identificadas, y cuyo divorcio augura serias repercusiones adversas el próximo mayo para el oficialismo, pero favorables a la oposición.

En el Partido Panameñista sucede algo parecido, según reportan los medios. Aunque el ganador aparentemente logró un triunfo menos apretado frente a la suma de votos obtenidos por sus dos contrincantes, se dio una competencia salpicada de acusaciones previas sobre favoritismos hacia la facción ganadora que dejó un amargo sabor a inequidad entre los perdedores. Si acudió a votar el 56% de los inscritos en el partido y el victorioso obtuvo algo más de la mitad de esos votos, se concluye que cerca del 69% de la membresía no respaldó activamente al ganador.

Desde el punto de vista que aquí se analiza, las primarias de Unión Patriótica y de Cambio Democrático carecieron de interés por cuanto no existió competencia entre diferentes facciones para legalizar la candidatura presidencial común. Mientras UP reportó una pobre participación del 20% de sus miembros, CD se atrevió a anunciar una votación del 75%. Asumiendo la veracidad de las cifras publicadas por cada partido, las primarias en el mejor caso no arrojaron un respaldo monolítico de sus copartidarios a favor del triunfador(a); y, en el peor caso, quedaron por añadidura los “sentimientos del alma” y el resquemor producido por una organización electoral interna cuestionada y una campaña proselitista ácida.

Si al 66% de PRD’s que se abstuvo de votar por Balbina Herrera, al 69% de panameñistas que no votó por Juan Carlos Varela y al 80% de patrióticos más el 25% de CD’s que no acudió al llamado de Ricardo Martinelli, se le suma el casi 48% de votantes independientes no inscritos en ningún partido político, podemos concluir que la carta del triunfo en las próximas elecciones no dependerá del partido político que sea, sino de la confianza que por su trayectoria inspire a los abstencionistas e independientes el candidato presidencial.