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26 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Justicia plena

NO SIEMPRE EL DERECHO ES JUSTICIA. Conocí el caso de un hombre que había perdido ambas extremidades, su abogado recurrió en casación, a...

NO SIEMPRE EL DERECHO ES JUSTICIA. Conocí el caso de un hombre que había perdido ambas extremidades, su abogado recurrió en casación, a fin de enmendar lo que a todas luces parecía algo injusto.

Ya que de toda acción penal se desprende una responsabilidad civil derivada del delito, se pretendía que el mutilador pagara en dinero al agraviado. Pero no se podía conceder esa petición, puesto que el recurso de casación penal no era el instrumento idóneo para tal indemnización. Además, esa reclamación civil, según nuestro derecho, requiere procedimientos que deben cumplirse previamente al pie de la letra y que de obviarlos no es posible enderezar; por lo tanto el fallo no pudo ser favorable al peticionario. Impericia del coadyuvante más el desconocimiento del recurso de casación penal, todo ello, pero la persona aún evidenciaba su falta de extremidades, en situaciones como estas, definitivamente el derecho no es justicia.

¿Por qué Patria Portugal tuvo que recurrir a la CIDH? Simple, porque en su país tácitamente durante más de 30 años hubo denegación de justicia, que es distinto al caso anterior. Simplemente el Estado se negó a reconocer lo derechos de la familia Portugal y aún lo hace.

Ante el fallo de la CIDH el Estado panameño, mediante sus voceros, ha dictaminado que ellos se van a tomar su tiempo para revisar el fallo, es decir van a retrasar lo más que puedan el pago a la familia Portugal. Contrasta esta miseria con la rapidez con que se aprueba la compra de un carro cercano a los $100 mil para el presidente de la Asamblea Nacional. Contrasta esta bellaquería con las espantosas cifras de millones que se gastan en la publicidad estatal para convencernos de las bondades de este gobierno, que todo va por buen camino y que están cumpliendo. Es hora de reconocer que los seres humanos nos equivocamos.

Que quede claro que una lucha de una treintena de años no es por lograr escasos $250,000, no es por el dinero, esa lucha representa que el reconocer ese derecho es el camino a la justicia plena.