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30 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pobres, malos y malditos

No podemos negar que el mismo Jesús dijo que siempre tendremos entre nosotros a los pobres. Pero en estos tiempos podemos observar a pob...

No podemos negar que el mismo Jesús dijo que siempre tendremos entre nosotros a los pobres. Pero en estos tiempos podemos observar a pobres por sus condiciones de vida y económica. Pero también podemos observar a otros de ellos que se hacen más pobres por su manera de actuar, vivir y andar, y gran ejemplo es ver a un pobre tratar de lograr una cantidad X o Y realizando labores ilegales como robar, vender drogas o matar a otro por dinero.

He podido observar cómo algunos pobres se hacen más pobres, miserables y malditos. Ellos no viven bien, porque son a la vez pobres de espíritu; la sociedad los aborrece por lo que hacen y estos, aunque obtengan algunas ganancias se sienten miserables, aunque por fuera demuestran ser felices. Y como ellos que cometen estas malas acciones, existen otros que están en esa misma posición, pues por algunos dólares, por licor, por droga venden su voto electoral cada cinco años para después seguir siendo más pobres y caer a un estado de miserableza de maldición y de lamentos por cinco años, por no haber depositado su voto de manera legal.

Como ya lo dijo Jesús, todo hombre que ponga su confianza, fe y futuro en manos de otro hombre es maldito; y en nuestro país existe un gran porcentaje de estas personas. Más claro que lo que dijo Jesús no puede ser; que a Dios le debemos dar todo lo que Él merece; es decir, adoración, alabanza, honra, gloria, la cual Él no comparte con nadie, el alma y que lo amemos a Él por encima de cualquier cosa o persona; y que al César le demos lo que él se merece (al hombre lo que es del hombre) solo eso y no más. Es decir, cumplamos con nuestras obligaciones como ciudadanos, hijos, padres de familia y que amenos a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Porque cuando cumplimos como Dios manda, aunque no tengamos riquezas, seremos ricos en espíritu y no pobres, miserables y malditos como otras malas personas, que ojalá se arrepientan y dejen de ser lo que hoy son, porque de alguna manera tienen sumergidos en estos males a sus familiares.