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23 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Si las estatuas hablaran

Según la mitología griega, Pigmalión, rey de Chipre y magnífico escultor, obsesionado con la belleza perfecta esculpió una estatua que l...

Según la mitología griega, Pigmalión, rey de Chipre y magnífico escultor, obsesionado con la belleza perfecta esculpió una estatua que llamó Galatea y de la cual se enamoró perdidamente. Afrodita le concedió vida a la estatua y le dijo a Pigmalión: “Ámala y defiéndela del mal”. Siendo esta, entonces, la única estatua que ha podido hablar.

Al calor de la política electoral y de unas recientes estatuas perdidas, caso este que deberá ser aclarado y así lo ha señalado el propio presidente de la República, hay quienes sin ningún tipo de escrúpulo, hurgan en la basura y los estercoleros con el tóxico propósito de atacar la imagen de la candidata a la Presidencia, Ingeniera Balbina Herrera Araúz, y con el fin de establecer alguna vinculación con la supuesta desaparición de la destruida estatua del ex presidente Franklin Delano Roosevelt.

Gracias a la dedicación del investigador panameño Rolando Guardia, pudimos conocer la verdad de la estatua de Roosevelt a través de una noticia publicada el 12 de Abril de 1990 en La Estrella de Panamá. La noticia da cuenta de una investigación realizada por la Alcaldía de San Miguelito de ese entonces, que logró ubicar, en pedazos, partes del mencionado monumento de bronce en el patio de una empresa llamada 'Procesos Metálicos', ubicada en el corregimiento de Pueblo Nuevo, así como lograron detectar otras cuatro grandes partes en una quebrada al lado de las oficinas del IDAAN en el sector de Chanis.

Es importante aclarar que la mencionada diligencia logró recopilar las partes de la estatua de Roosevelt, las que fueron entregadas a la Dirección de Responsabilidad Patrimonial para su custodia e investigación patrimonial. Igualmente el Ministerio Público inició una investigación quedando las sumarias del caso a cargo del entonces Fiscal Undécimo, licenciado José Candanedo. La Estrella de Panamá publica junto a la nota de prensa una foto en donde aparece la cabeza de bronce del monumento de Roosevelt, rodeado por los licenciados Menéndez Franco y Marchosky, ambos de la DRP, así como el contralor Carles, el alcalde Darío Campos, entre otros. Esto demuestra que no existió tal desaparición del monumento como lo han querido señalar en algunos medios los enemigos de la ingeniera Balbina Herrera.

Pero el monumento a Roosevelt, ejecutado por el artista colombiano Gabriel Acevedo por la suma de 12 mil balboas y que fuera develado en 1955, también tuvo sus antecedentes oscuros cuando en 1949 un escultor venezolano de apellido del Villar no concluyó la obra contratada por el gobierno de Enrique Jiménez a un costo de $40 mil, de los cuales se le adelantaron $36 mil al artista venezolano, quien se regresó a Caracas con la promesa de regresar algún día. Pero esa es otra historia. La tragedia de las estatuas y monumentos no es nueva. Las placas de bronce de los monolitos de la Avenida de los Poetas desaparecieron sin verso ni rima desde hace muchos años.

Si las estatuas hablaran, como la Galatea de Pigmalión, también sabríamos qué se hizo el enorme monumento de bronce del general José Antonio Remón Cantera, ubicado en las escalinatas del desaparecido Cuartel de las Fuerzas de Defensa en la Avenida 'A', tras la invasión de 1989. Pero como las estatuas no hablan, los gobernantes y autoridades de aquel entonces tienen la palabra.