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18 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Perfil de la primera magistratura

La primera pregunta que en lo interno me formulé era si valía la pena adentrar en estas reflexiones, y así estimo, deben apreciarse.

La primera pregunta que en lo interno me formulé era si valía la pena adentrar en estas reflexiones, y así estimo, deben apreciarse.

Si entramos a la Constitución, a partir de 1904, se establece como requisito mínimo indispensable para ser presidente de la Nación, el “ser panameño por nacimiento y haber cumplido treinta y cinco años de edad”. Igual principio impera en las Constituciones siguientes, 41, 46 y 72, dentro de las reformas introducidas. Cuando ejercía en el campo de la docencia siempre cuestionaba antes los estudiantes este tópico y en relación con las exigencias mínimas que también se hace a los legisladores, llámense ahora diputados.

La Constitución en vigencia abre un poco más la rigurosidad y exige al diputado que debe ser “panameño por nacimiento o naturalización con 15 años de residencia en el país; ser ciudadano en ejercicio; haber cumplido por lo menos 21 años a la fecha de la elección; no haber sido condenado por delito doloso o pena privativa de la libertad de 5 años o más, mediante sentencia ejecutoriada, proferida por un tribunal de justicia; y ser residente del circuito electoral correspondiente, por lo menos un año inmediatamente anterior a la postulación”. Una diferencia abismal existe entre los requisitos para ser educador, contador, secretaria, administrador o gerente —para ilustrar con el ejemplo—, y las exigencias mínimas para ocupar la silla presidencial. Si en un banco, cooperativa o una empresa cualquiera se han instituido normas de selección y el riesgo por la baja administración que sería casi insignificante, ¿por qué no pensar en otro tipo de perfil para ser presidente de la República cuando se hable de una nueva Constitución?

Este tema puede y va a generar conflictos de intereses, pero pensemos ante todo en el país rodeado de un mundo de problemas y necesidades. De innovaciones y estrategias que requieren inteligencia o sabiduría que ofrezca confianza dentro y fuera de nuestras fronteras. Si queremos garantizar el “crecimiento y desarrollo económico” el cual apunta la economía en los últimos años, en contradicción con toda una gama de problemas de pobreza y pobreza extrema; con un déficit en el campo de la salud, en la seguridad ciudadana, en el transporte, vías de comunicación y la gran brecha educativa, debemos examinar, exhaustivamente, lo que más conviene a Panamá.

Se habla de delegar muy responsablemente en aquella persona que tenga la capacidad para administrar o gerenciar positivamente la Cosa Pública. Usted y ningún buen ciudadano contrata personal a ciegas ni para ejercer como trabajadora doméstica. Escogemos siempre al o a los que reúnen las mejores cualidades. Este pensamiento lo dirijo a todos los ciudadanos panameños en esta hora de grandes decisiones.