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20 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Veladas intenciones presidenciales

Aunque lo haya negado reiteradamente, no se requiere de maña especial para descifrar las intenciones reeleccionarias detrás de la candor...

Aunque lo haya negado reiteradamente, no se requiere de maña especial para descifrar las intenciones reeleccionarias detrás de la candorosa expresión del actual mandatario. Ha tratado de hacernos creer que jamás se le ha pasado tamaña ocurrencia por la mente, pero, por las señales que observamos desde hace tiempo y los actuales persistentes rumores, podemos intuir que desde siempre esbozó un plan para intentar repetir su mandato inmediatamente después del próximo quinquenio.

La estrategia comprende tres elementos: imagen apropiada, cambios constitucionales imprescindibles y necesario apoyo político.

Ayudado por una eficiente asesoría de familia, el cuidado de su imagen es evidente desde un principio y parece rendirle buenos frutos, según resultados con que nos obnubilan los encuestadores. Se nos presenta como el presidente más admirado y querido en los últimos tiempos en todo el continente, con un grado de aceptación que por varios años será la envidia de muchos mandatarios. Siempre fotografiado alrededor de gente humilde, repartiendo subsidios, prometiendo aumentos salariales y otros gestos bondadosos de igual largueza, ha seguido escrupulosamente al pie de la letra su plan para lograr caer bien y ser bien recordado después que deje el poder.

Pero la anhelada vuelta no puede esperar diez años, porque muchas circunstancias podrían ocurrir en ese plazo que impidan el retorno, entre ellos, la potencial competencia de nuevos líderes que surgirán para retar sus ambiciones. La limitación constitucional, que exige actualmente una espera de diez años, debe ser removida mediante una reforma que reduzca el periodo de veda a cinco años para abrir la posibilidad de reelección presidencial con un periodo más corto de por medio. La aprobación del cambio constitucional a la medida se logra, en secuencia, con el voto de los “viejos” diputados de la Asamblea que termina el 30 de junio y con la ratificación por los nuevos diputados que se estrenan el primero de julio. Se supone que no habría problema para lograr la aprobación por la mayoría de la Asamblea saliente, que siempre se ha mostrado obsequiosa con cualquier proyecto enviado por su jefe político, al tiempo que para lograr la ratificación por la Asamblea entrante, el cambio constitucional propuesto seguramente incluirá, para los nuevos diputados, alguna oferta tentadora de aquellas que resulten “imposible” despreciar.

El tercer factor es el control político de su partido. A diferencia de otros colectivos donde la representación legal y otras facultades importantes están concentradas en la figura del presidente, en el PRD el cargo individual de mayor poder e importancia es la Secretaría General. Desde esa posición y como parte de sus funciones, tendrá justificación para un contacto permanente con dirigentes y bases del partido en todo el país y, de ese modo, en los próximos cinco años podrá maniobrar su candidatura. Con ese trato personal directo sacará ventaja sobre cualquier posible contrincante, sea la candidata o candidatos que recién compitieron en las primarias de su partido o cualquier otro que ande iguales aspiraciones.

La franqueza de los políticos es cuestionada en nuestro país. Aquí queda registrada para contrastarla con la futura conducta del actual mandatario.