26 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Quería ser reina...?

Como instrumento de comunicación de las ideas, el debate es usado ampliamente en nuestro tiempo. En época electoral es el medio político...

Como instrumento de comunicación de las ideas, el debate es usado ampliamente en nuestro tiempo. En época electoral es el medio político para enfrentar las dos caras de una verdad que se desea comunicar a los electores.

Comúnmente se trata del encuentro entre dos partes que tienen posiciones contrarias con respecto a un mismo tema y exponen sus ideas sosteniéndose sobre sólidos argumentos, porque de lo contrario, te expones a que te hagan papilla.

Algo fundamental del debate es contar con la presencia de un moderador, persona encargada de velar por que se cumplan todas las reglas previas de respeto y civismo.

Ha de suponerse que la persona que asiste a representar una postura debe tener la suficiente experiencia para manejarse con sus compañeros interlocutores, el moderador y el público que lo observa atentamente. Además, debe poseer una buena dosis de tolerancia para —en palabras de pueblo-pueblo— “aguantar el güaqueo”.

Si lo que se da a observar al elector es que el moderador abandona el debate para entrevistar a un candidato (a) por separado, después que la mesa esta servida con el tema, por muy polémico que este sea, por mucho que le afecte, tal actitud es irrespetuosa con el panel de participantes que espera pacientemente, a que el moderador termine la entrevista, para luego opinar. Muchas veces esa decisión proviene de pensar que los panelistas no tienen la estatura del candidato (a).

Flaco favor se le hace al electorado, tratándose de un tema tan serio que incide en la decisión más importante de la Nación como lo es escoger presidente, lo menos que debe hacer un candidato (a) es enfrentar las acusaciones con dignidad, decoro y someterse al escrutinio, no regalarle una entrevista de lujo para que haga un “show” mediático a sus anchas y sin cuestionamiento directo alguno.

Asimismo, si no se puede someter al candidato o candidata al fuego purificador de la opinión pública, lamentablemente, tenemos que concluir que entonces tal candidato o candidata no es apto para ocupar la más alta magistratura de la Nación.

Imagínese si llegara a ocupar la silla presidencial, lo que nos daría es más de lo mismo: rehuir responsabilidades, decir medias verdades y engañar a la ciudadanía.

Porque ellos siguen pensando que el pueblo panameño, perdonen la palabra, es pendejo e ignorante.

Lo asombroso es que una televidente del distrito de San Miguelito, pueblo-pueblo, me redujo a la nada y resumió este artículo a pocas palabras: “Ya saldrán más bellezas, como la venta de gasolina venezolana y el reparto del botín. Se le salió el cobre, que aguante su guaqueo, ¿quería ser reina?, tire besito...”.