Temas Especiales

01 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Calentamiento global...

Debajo de los hielos eternos de nuestro planeta, que abarcan un cuarto de su superficie, se esconde un nuevo peligro que, según expertos...

Debajo de los hielos eternos de nuestro planeta, que abarcan un cuarto de su superficie, se esconde un nuevo peligro que, según expertos en climatología, podría desembocar en una mayor aceleración del cambio climático.

En zonas de suelos que hace miles de años están permanentemente congelados, como los de Siberia, Alaska y Canadá, se está produciendo un deshielo acelerado que podría traer, a largo plazo, consecuencias dramáticas para el clima.

Por la región pantanosa de la tundra siberiana, del tamaño de la ex República Federal de Alemania, se hallan depositadas bajo el hielo cantidades descomunales de carbono, en forma de turba que por quedar al aire libre a causa de los deshielos, pueden transformarse en CO2, por oxidación, o en metano, por la acción de bacterias, y ser absorbidos por la atmósfera, lo que aceleraría el calentamiento de la Tierra.

Científicos de Rusia, Finlandia y Holanda, unidos en el proyecto CASUS, reportan una gran disminución de la capa de hielo siberiana. El deshielo es normal en esta región, pero los cambios actuales son extremos.

Aún no se puede determinar el desarrollo que experimentarán los hielos permanentes de forma definitiva, ya que los lapsos de medición son demasiado cortos, y los modelos de investigación no reflejan fielmente todas las interacciones posibles.

Sin embargo, los expertos en estos temas tienen hoy datos suficientes como para advertir responsablemente que los gases despedidos podrían acelerar más aún el cambio climático, porque agudizarían notablemente el ya existente “efecto invernadero”.

El ártico no solamente es clave por reaccionar sensiblemente a los cambios climáticos, sino que influye a su vez en el clima global respondiendo al más mínimo de ellos.

En él se articula la circulación de los océanos, y es dicha circulación la que, a su vez, asegura la estabilidad de nuestro clima.

Si la circulación oceánica se modifica, se desplaza o colapsa, esto puede tener consecuencias fatales para el ecosistema.

En la zona ártica se registró un aumento de la temperatura media de tres grados en los últimos treinta (30) años.

En Panamá ya es hora de un cambio no climático; sino más bien de actitud, de toma de conciencia, de los que vivimos en este bello territorio, porque todavía tenemos áreas que puedan servir como pulmones naturales vitales para la supervivencia; pero que hoy están siendo amenazadas por el destino inequívoco del progreso y los altos costos del petróleo.

Hoy con los carburantes a tan altos precios se vislumbra en la naturaleza la forma más eficaz de conseguir energía más limpia y renovable, lo cual puede ser la solución para los gobiernos de tercer mundo, entre ellos nuestro país.

Pero sin oponernos a esto, también se deben buscar proyectos armoniosos con el ambiente donde el Estado brinde seguridad a sus asociados, para que puedan vivir con desarrollo y ecología a la vez.