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04 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Dónde ha quedado Dios?

El mundo moderno está lleno de prisas y de seguridades.. Tanto, que parece que Dios ha quedado excluido, arrinconado, entre las ideas q...

El mundo moderno está lleno de prisas y de seguridades.

Tanto, que parece que Dios ha quedado excluido, arrinconado, entre las ideas que no importan.

¿Quién tiene tiempo para pensar en un Ser misterioso y lejano, cuando lo importante es revisar las cuentas del agua y de la luz, ir al trabajo, hacer la cita con el médico y hablar con los amigos?

Las noticias, además, nos ponen ante problemas muy graves o ante temas que apasionan: la subida del petróleo, el “calentamiento global”, el hambre en tantos países del mundo, la malaria, los avances tecnológicos.

Pero ninguno de esos problemas es suficiente para apagar una pregunta profunda de los corazones: ¿alguien me espera tras la muerte? ¿Tienen valor eterno mis acciones y mis proyectos?

No es fácil saber si tenemos más o menos tiempo libre que en el pasado.

Lo que sí podemos decir es que necesitamos detenernos, por unos momentos, para pensar si este mundo terreno es lo único importante, o si existe Dios, si hay un cielo, si vale la pena el amor, si la esperanza nos prepara a lo que ocurrirá más allá de la frontera de la muerte.

Si Dios existe, si nos ha creado, si se interesa por cada uno de nuestros actos, no puede ser Alguien indiferente ante nuestra ceguera, ante nuestro mundo de imágenes y de dolores aparentemente absurdos.

Como tampoco nosotros podemos sentirnos ajenos ante la mirada de ese Dios que ha revestido de luces y de misterios este mundo efímero, dolorido, complejo y lleno de esperanzas.

Quizá ahora es el momento para abrirle una puerta, para dejarle entrar en mi mente inquieta, para permitirle curar ese corazón lleno de angustias y fracasos.

Quizá entonces me daré cuenta de que Dios estaba siempre a mi lado, que esperaba mi regreso, que encendía en mí una nostalgia profunda que no pude apagar ni con fiestas ni con cine ni con placeres pasajeros.

-El autor es sacerdote y filósofo, Roma, Italia.fpa@arcol.org