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29 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Unidad de desarrollo humano

Desde hace años el país se revuelve en una falta de Unidad Nacional. La causa fundamental, la ausencia de justicia. Cuando la violencia ...

Desde hace años el país se revuelve en una falta de Unidad Nacional. La causa fundamental, la ausencia de justicia. Cuando la violencia y la inconstitucionalidad se instalaron con la tragedia de la dictadura, lo cual fue manipulado internacionalmente para destruir nuestro nacionalismo, utilizando a Torrijos y Noriega, para presionarnos a aceptar tratados de neutralidad del Canal que han permitido a USA, con su interpretación, intervenirnos militarmente (eliminado en 1936) y coartar nuestra soberanía económica en los peajes.

El partido de la dictadura está en deuda con la patria. Para ejecutarlo violaron los Derechos Humanos y se corrompieron. Panamá exige revisar esos tratados, para eliminar todas las enmiendas y artículos que cuestionan nuestra total soberanía. Hacer justicia con todas las víctimas que se dieron para concretar ese entreguismo. Todos tenemos que actuar en esa dirección para reencontrar la panameñidad que nos una.

Nuestros objetivos de progreso están íntimamente relacionados con los beneficios de nuestra posición geográfica, de la que han usufructuado los poderes económicos nacionales e internacionales. De allí la trascendencia del concepto de desarrollo económico, social-nacionalista y de justicia social. En el mundo forzadamente globalizado, las grandes ganancias y capitales se quedan en las grandes potencias; y los usuarios, consumidores y trabajadores se quedan con las depresiones, los altos precios, el desempleo, la delincuencia y la pobreza.

La administración económica del mundo y el país no puede dejarse solo en manos de los capitalitas y sus gerentes. Han demostrado que no pueden resolver el problema de la pobreza, ni siquiera sus propios problemas financieros internos. Y tienen que recurrir a fondos del Estado.

La producción empresarial debe ser efectiva. Pero no puede ser autoregulado con el criterio del libertinaje de precios. Tiene que existir por su propia sostenibilidad y sustentabilidad una “social-regulación” (no digo estatal). Producir con efectividad (algunos) empresarial “socialregulada” por profesionales, sindicatos; y distribuir con sensibilidad social (indígenas, pobres). Es un buen híbrido de desarrollo. Es factible que el crecimiento no sea tan veloz, pero tendremos mejores índices de desarrollo humano, con lo cual baja la delincuencia y habrá seguridad.

Estas metas humanísticas tienen que darse, con un profundo sentido nacionalista socializante y luego con una metodología participativa de todos, especialmente los independientes organizados (patéticamente los políticos están autodesprestigiados). Para que el electorado reconozca credibilidad deben existir antecedentes de ética, honestidad, democracia, y capacidad. Las trayectorias de entreguismo dictatorial, violación de derechos humanos, corrupción identificación con las esferas tradicionalmente oligárquicas monetarias, descalifican a los que por contradicción son los favorecidos por la publicidad autoevaluada por sus propias encuestas. El cuadro ya sea ha dado en América Latina surgiendo nuevas fuerzas populares o retomado algún partido sus raíces sociales, populares, laborales y campesinas, el caso del Justicialismo. Es con el reencuentro con los independientes, con los más humildes, manos limpias, fuerza joven, una ideología, con estructuras de base, heroico pasado y amplia participación de las capacidad, para que den credibilidad con un programa realmente de avanzada, nacionalista, socializante, radical y con medidas concretas de ejecutabilidad real demostrada.

-El autor es médico y analista político.grollap@cableonda.net