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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

En política y economía vale la ética

El mundo de hoy observa cómo el sistema económico enfrenta tal vez una de sus peores crisis. El colapso financiero es tan grave que ha t...

El mundo de hoy observa cómo el sistema económico enfrenta tal vez una de sus peores crisis. El colapso financiero es tan grave que ha terminado por afectar la producción y el comercio mundial, y las consecuencias están a la vista, verbigracia el desempleo en los Estados Unidos y Europa, y amenaza con desencadenar movimientos de masas, que de no revertirse, se convertirán en la antesala de situaciones prerrevolucionarias, augurando ambientes favorables para un mayor protagonismo de las corrientes políticas que reivindican la democracia social y la vuelta del Estado regulador y constructor de equilibrios en la sociedad.

Algunos gurús del pensamiento económico vieron venir la crisis, pero sus cálculo y pronósticos se estrellaron contra el muro de la especulación desenfrenada y las ganancias insaciables de los grandes magnates y ejecutivos que se articulan al manejo financiero del sistema económico, que terminaron llevando a grandes bancos, compañías de seguros, tenedoras de documentos negociables, a una virtual bancarrota. Ha quedado en evidencia que no es tan absoluta la teoría de que el sistema se autorregula solo; y son los trabajadores y pobres del mundo los que cargan con las consecuencias apocalípticas de la crisis por la que atraviesa el planeta. Con seguridad, la crisis se reproducirá en Latinoamérica; en algunos países con mayor rigor que otros. El empleo será afectado, aunque no con la gravedad que se ha dado en el orbe capitalista desarrollado, en virtud de que la economía de la región, en la última década, se ha conducido con tasas positivas.

Latinoamérica tiene sus propias especificidades; a diferencia de Europa y Estados Unidos, aún en medio de las prédicas de absoluto libre mercado, en nuestro países, los Estados no han desatendido su papel mediador; sobre todo cuando en los últimos años la base de legitimidad de los gobiernos en la mayoría de los electos, se ubica en las grandes zonas de pobreza, desempleo urbano y rural. Lo anterior ha sido determinante a la hora de escoger a sus gobernantes. Los pueblos latinoamericanos se inclinan por gobernantes que salen de sus entrañas o con los que tienen o han mantenido relaciones fraguadas al calor de sus luchas históricas.

Panamá es un experimento donde coaligaciones capitalistas, pero conservadoras desde el punto de vista de su real forma de pensar, trataron de capturar el poder, articulando un discurso de populismo conservador, sustentado en una monstruosa campaña publicitaria, que se planteaba la constitución de un Estado de control y reparto prebendal, pero fracasaron. Estas propuestas constituyen una amenaza y peligro para la paz social y la democracia. La experiencia de estos modelos de reagrupamiento populista conservador, muy a pesar de su poderío mediático, en Latinoamérica se ha estrellado contra la decisión de sus pueblos de escoger a candidatos de su propia gente. El pueblo panameño debe saber que los reagrupamientos mencionados constituyen retroceso popular y democrático.

El autor es abogadoramiroguerra50@yahoo.es