04 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Desde el amor hacia el amor

Dios Padre ama al Hijo. El Hijo ama al Padre. Del amor mutuo brota el Espíritu Santo. Y de ese Dios Uno y Trino es creado un universo en...

Dios Padre ama al Hijo. El Hijo ama al Padre. Del amor mutuo brota el Espíritu Santo. Y de ese Dios Uno y Trino es creado un universo enamorado.

En este mundo de amor nace el hombre. Cada existencia humana, en este universo inmenso y apasionante, es como un rayo de amor que embellece el todo.

Cuando un hombre y una mujer, desde el amor que han recibido, desde el amor que explica su existencia, deciden amarse hasta la muerte, se abren a la fecundidad, dan “permiso” a Dios para que la vida continúe, para que nazcan hijos.

A veces, es cierto, la pareja no es fecunda, pero no por ello el amor debería ser más pobre: encontrará nuevas maneras de darse a otros, pobres, ancianos, niños huérfanos necesitados de cariño.

El amor tiene un dinamismo incontenible: no ceja de trabajar hasta que otros toquen y vivan en la entrega que hace hermoso cada hogar de enamorados.

Cuando un hijo es concebido, la gratitud brota espontánea en quienes han dado su sí a la vida y a la esperanza.

Es por eso que el universo sonríe y canta de alegría cuando llega un nuevo “comensal” a participar del “banquete de la vida”.

La vida del hijo vale así, simplemente, por ser fruto del amor y por pedir migajas de amor.

Sus llantos y sus penas, su hambre y su sonrisa, sus ojos sorprendidos y sus manos temblorosas, sirven para continuar el camino del amor en este mundo sediento de alegrías.

Desde el amor sigue la vida.

La que tú y yo hemos recibido de nuestros padres. La que tantos esposos ofrecen a sus hijos.

Aquella que nace del corazón mismo de Dios que un día dijo: “Creced y multiplicaos”.

Porque el amor comparte y da sin límites. Porque el amor inicia en este mundo de zozobras y alegrías para llegar, más allá del horizonte, a un cielo donde nos espera Dios, amigo del hombre y amante de la vida.

- El autor es sacerdote católico y reside en Roma. fpa@arcol.org