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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Jugarreta constituyente

El poder constituido —integrado por la partidocracia desbocada, por funcionarios que sobrepasan los términos de los períodos electorales...

El poder constituido —integrado por la partidocracia desbocada, por funcionarios que sobrepasan los términos de los períodos electorales (magistrados, procuradores, jueces, entre otros), y sobre todo por los traficantes de influencias, esos que están en sectores empresariales y en su contraparte, sindicalistas oportunistas— se ve a sí mismo en peligro por lo que pueda traer una Constituyente, hasta la llamada paralela, ya maniatada intencionalmente desde su origen.

Por esto es que, hábiles miembros del poder constituido, los magistrados del Tribunal Electoral, leyendo las angustias de sus compañeros de poder y las de ellos mismos, lanzan lo de reglamentar la Constituyente Paralela, ahora que tienen todas las riendas en sus manos. ¿Por qué hacen esto? Porque ya vislumbran las condiciones para que el poder constituido pueda ser barrido, por las reacciones que se producirán ante la profundización de la crisis que, en todo orden, vive la nación panameña. Las reacciones se acercan a pasos agigantados. Al próximo gobierno le tocará lidiar con las vacas flacas de la crisis financiera mundial. Eso significa que el crecimiento se reducirá, más no así la inflación que se mantendrá superior al crecimiento, dando como balance cifras negativas ligeras en el mejor de los casos, lo que se traducirá en desempleo, aumento de la pobreza, incertidumbre social y definitivamente se transformará en la mecha de la bomba de la revancha social.

El poder constituido ya tiene cuerpos militarizados para reprimir la insatisfacción social, lo que producirá una confrontación, y más cuando el frente popular conocido como Frenadeso ha anunciado que promoverá una Constituyente Originaria convocada por las fuerzas populares. El poder constituido se organiza para contrarrestar esta opción política y por eso van a definir, desde ya, como decía el dictador Paredes, todos los amarres y trancas de la caricatura de Constituyente que tiene como instrumento el poder constituido en la Constitución antidemocrática que hoy nos rige.

En sondeo de opinión llevado por La Estrella el fin de semana pasado, solo el 21% de los participantes se manifestaba por no cambiar nada de la Constitución, y 79% querían cambios. Entre estos el 55% decían Constituyente, divididos en partes iguales entre originaria y paralela. Así las cosas, es evidente que se imponen cambios constitucionales y por Constituyente.

Lo de originaria o paralela lo definirá la correlación de fuerzas políticas que imperen en el momento de su instalación, porque ya tenemos el precedente de 1945, cuando el presidente de facto Ricardo Adolfo De La Guardia se atrevió a convocar una Constituyente, bajo promesa de que permanecería en el poder hasta 1948, que era el período que supuestamente iba a cumplir, y lo primero que hizo la Asamblea Constituyente fue defenestrarlo.

Cabe en estos momentos reflexionar profundamente, y los panameños de buena voluntad, esos que no están obnubilados por la embriaguez de poder que van teniendo los que se creen seguros ganadores y que luego de ganar se embriagan más, esos, los no embriagados de poder, tienen que buscar caminos de avenencia para conciliar la reestructuración del Estado, barriendo con los pelechadores de hoy y dándonos la Nueva República.

* Ex precandidato presidencial. jgamboarosemena@hotmail.com