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18 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Tanto que nos preocupamos...

La azarosa vida moderna colma de preocupaciones a todos los mortales. Algunas son desvelos válidos, mientras que otras son causadas por ...

La azarosa vida moderna colma de preocupaciones a todos los mortales. Algunas son desvelos válidos, mientras que otras son causadas por verdaderas nimiedades. A pesar de la diferencia, ambas causan el mismo grado de intranquilidad, desasosiego y ansiedad en quienes las sufren. Pero vale la pena detenernos a estimar la trascendencia y valor de las preocupaciones baladíes, sobre todo cuando la vida es tan corta y a todos se nos puede acabar en el momento menos pensado.

En los últimos días, hemos sido testigos de trágicos hechos que han terminado con preciosas y valiosas vidas, que fueron pérdidas dolorosas, no solo para sus familias sino para la Nación. Esas tragedias deben servirnos para ubicar en su justa perspectiva las preocupaciones fútiles que acaparan nuestra atención y desgastan nuestra energía.

Independientemente de su color político, la trágica muerte de un funcionario público a cargo de una bala perdida, nos llena de inmenso pesar. El día que se iniciaba como una cordial y pacífica visita de cortesía para despedir a un grupo de artistas extranjeros, terminó segando la vida de un individuo con grandes méritos propios y excelente futuro. De forma igualmente trágica, se pierde una valiosa vida cuando una distinguida dama acude a tempranas horas de la mañana a cumplir con su compromiso ciudadano de cancelar tributos en una oficina pública y resulta abatida en medio de una inesperada balacera cruzada entre forajidos y estamentos de la ley.

No solo se trata de víctimas inocentes de actos delictivos como los apuntados, en los cuales no estaban involucrados en forma alguna. Se trata también de dolorosos accidentes de tránsito que nos han llenado de profunda tristeza. Hemos perdido a dos conspicuos políticos, de aquellos pocos que han dado realce a la clase política, quienes en un instante de descuido al volante dejaron inconclusos sus planes políticos para beneficio de la población que representaban en ese momento. De igual dolorosa forma, cuatro pasajeros de un automóvil, que hace fila ordenadamente esperando pagar el peaje para entrar a la carretera expedita, encuentran la muerte súbita al ser impactados por un enorme vehículo que se les viene encima a gran velocidad y sin frenos.

Fueron valiosas vidas que acabaron en un santiamén, en un abrir y cerrar de ojos, en el momento menos pensado, cuando realizaban actividades cotidianas y corrientes para cada uno de ellos. Si nos puede suceder a cualquiera en cualquier momento en cualquier lugar, vale pensar en lo innecesario e inútil que resulta dedicar siquiera un instante de preocupación a problemas intrascendentes. Y es que por lo general permitimos que esos problemas enanos nos agríen la existencia. Una reflexión en esa dirección nos haría reducir esas contrariedades a su minúscula proporción e insignificante tamaño.

Ciertamente un tiempo tan importante para la cristiandad, como lo es el inicio de la Semana Mayor, es ocasión propicia para pensar en estos temas y preguntarnos: ¿Son realmente importantes y constructivas las cosas que me preocupan? ¿Realmente vale la pena seguir preocupándome por todo lo que me hace perder el sueño y la dulzura del carácter? ¿Esas preocupaciones me hacen mejor persona, mejor ciudadano, mejor cristiano? Cada cual busque las respuestas y sea honesto consigo mismo.

-La autora es diputada de la República por el nuevo Circuito 8-7/VMP.mireyalasso@yahoo.com

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