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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

A tres domingos

A pesar de que faltan tres domingos para que se celebren elecciones generales en suelo istmeño todo parece indicar que Ricardo Martinell...

A pesar de que faltan tres domingos para que se celebren elecciones generales en suelo istmeño todo parece indicar que Ricardo Martinelli Berrocal será electo presidente de la República de Panamá.

La trayectoria personal de los tres candidatos postulados, confrontadas con las expectativas de cambio real y esperanzas de vivir en un país mejor — y no lo vacuo de los discursos políticos ofertados por ellos durante una larga y costosa campaña electoral — han definido casi que a priori quién dirigirá virtualmente a la Nación panameña a partir del 3 de mayo venidero.

Dicho lo anterior me referiré ahora al segundo puesto en importancia dentro de la contienda que se avecina. La Alcaldía de la ciudad de Panamá, no sólo es jurisdicción vital para el buen desenvolvimiento físico de la principal urbe nacional, sino también fuente de donde emanen constantemente valores y conductas morales que mejoren, radicalmente, todos aquellos defectos que han aquejado la ciudad más grande e importante de Panamá por largo tiempo.

He manifestado muchas veces la necesidad de una genuina concertación nacional. Pero ese noble fin — auténtico, honesto y desinteresado — se puede dar solamente dentro de un ambiente sano y donde predominen los valores éticos como probados marcos de referencia por encima de esos muchos incorrectos comportamientos que afectan — a diario y directamente — la salud moral de la sociedad panameña.

La campaña a tan alto puesto se ha visto viciada, recientemente, por dos incidentes que ameritan una pausada reflexión por parte de ese electorado municipal que desea transformaciones sustanciales para nuestra ciudad y el comportamiento honorable que merecemos los que en ella habitamos.

El primero de ellos — las muy serias acusaciones de David Murcia, y más preocupante aún la inexcusable fluctuación de respuestas por parte del candidato Roberto Velásquez Abood sobre las afirmaciones vertidas por el personaje antes citado — crearon un ambiente putrefacto que sólo pudo haberse corregido de haber aflorado declaraciones sensatas y honestas en el momento apropiado.

El caso de Bosco Ricardo Vallarino — dada su flagrante violación a las disposiciones que sobre el tema dispone nuestra Carta Magna — ha colocado en serio peligro su candidatura a la Alcaldía capitalina y atiza, de persistir en su empeño, un problema serio e innecesario para la alianza de oposición que se dice representar.

Así las cosas pareciera que el futuro de este importante puesto pudiese estar ligado a dos personajes aquejados por situaciones que en nada favorecen las bases éticas y morales donde estructurar el mejoramiento solicitado por todos. En el caso de la alianza gubernamental — pringada también con las mismas acusaciones por haberse involucrado funcionarios del SPI en atenciones fuera de su competencia a ese personaje hoy prisionero en una cárcel extranjera — dispondrá qué hacer para intentar solventar semejante entuerto.

Por otro lado la alianza opositora, no sólo tiene una salida honrosa al tema que nos ocupa, sino que con su puesta en marcha se distinguiría al candidato que — a mi modesto entender — mejor representa el conjunto de valores necesarios para llevar a cabo las transformaciones municipales antes mencionadas.

Miguel Antonio Bernal, postulado por el partido Unión Patriótica en decisión soberana, representa la salida lógica a la delicada situación que nos ocupa. Su vida pública ha sido siempre la mejor carta de presentación y su formación profesional — amén de todos los que lo acompañan dentro de esta gesta heroica — seguro servirán para cristalizar ese conjunto de sueños y esperanzas para con nuestra ciudad y quienes en ella habitamos.

Seguro estoy de que la alianza de oposición — a través de su dirigente Ricardo Martinelli Berrocal, el partido Unión Patriótica y el resto de los colectivos políticos que la conforman — no sólo verán la conveniencia de lo antes dicho, sino también podrán hacer realidad ese discurso de cambio que muchos hemos apoyado con nuestro trabajo por largos años y así consolidar — de una vez por todas — esa noble y novedosa propuesta que emanó de una generación cansada de la politiquería criolla y la amalgama de defectos que la han caracterizado por demasiado tiempo.

-El autor es arquitecto.