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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¡Sin patear las loncheras!

Podrán haber contratado los mejores publicistas y directores de campañas, pero fracasaron al dejar de transmitir a través de las mismas ...

Podrán haber contratado los mejores publicistas y directores de campañas, pero fracasaron al dejar de transmitir a través de las mismas ese mensaje conciliador capaz de cerrar la brecha existente entre quienes se apoyan y adversan políticamente después de este 3 de mayo, cuando —sólo juntos— como inquilinos de un mismo hábitat llamado Panamá, tendremos que reemprender la tarea de ordenar la casa, unificar criterios y echar a andar el modelo de país que democráticamente adoptamos.

Durante nueve largos meses esperé infructuosamente —de los candidatos— un mensaje exhibitorio de la importancia y los mecanismos propuestos para alcanzar una reforma sustancial en temas sensitivos y estructurales como: administración de justicia, depuración y saneamiento de la corrupción institucionalizada en el país, una reingeniería en la cultura del servidor público, la descentralización del poder y una mayor participación ciudadana en el mismo, una reforma a las estructuras cognoscitivas del estudiantado, la sensibilización en las tareas y el personal que tiene a su cargo la delicada tarea de ofertar salud dentro del sistema público e incluso la conducción y el manejo de la Cosa Pública en manos de aquellos que con mando y jurisdicción la administran.

Afortunadamente llegamos al ocaso de esta apoteósica, deslucida y onerosa campaña política que logró abrirse paso —a empujones— y retratar paisajes de indiferencia e impotencia entre los miles de menesterosos que —sin figurar en la agitada agenda o el trasnochado discurso de los candidatos— sobreviven de espaldas a un selectivo progreso y se mantienen distantes de escuchar la campanada final que marque el despertar a su eterna e insufrible pesadilla.

Ahora el turno nos asiste a quienes por gracia y voluntad divina se nos ha concedido el don de discernir e influir con nuestras decisiones sobre el panorama político social que se avecina, recalcándole a los candidatos que ponerse en los zapatos del pueblo era actuar de corazón, con una mano dura y decida a desviar recursos millonarios de sus estériles campañas en pro de las necesidades de aquellos que luchan afanosamente por mantenerse a flote en este océano de mezquindad e indiferencia.

Cuando escasas horas nos separan de las elecciones generales, la convergencia entre las encuestas y la realidad da por descontado el inminente triunfo del desprestigio, la intriga y la violencia mediática.. en un torneo donde perdimos la oportunidad de allanar con propuestas las sinuosidades que el país enfrenta, una contienda donde perdió el pueblo y por ende los más necesitados del país.

Nuevamente un viejo adagio nos recuerda que “cuando se recurre al insulto y la descalificación, es porque realmente no se tienen argumentos”; eso es lo que hace que sea una verdadera pena no poder despedirme lanzando una invitación a que gane el mejor.

Ojalá quienes —en lo futuro— decidan emprender la peregrinación hacia la meca del poder, hallan aprendido de esta nefasta experiencia, que siempre es posible alcanzar la cima de forma altruista y honesta, con cuidado y sin patearse las loncheras.

-El autor es financista, docente e independiente.alfasa13@cwpanama.net