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16 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Instantes fugitivos

Hay momentos especiales, de belleza, de dicha, de riqueza profunda en nuestro corazón inquieto. Quisiéramos, entonces, que el tiempo det...

Hay momentos especiales, de belleza, de dicha, de riqueza profunda en nuestro corazón inquieto. Quisiéramos, entonces, que el tiempo detuviese su paso despiadado, que el momento durase más tiempo, que no cesase este instante de alegría intensa.

Pero la vida es una marcha sin descanso: todo empieza y todo acaba tan deprisa.. El amanecer entre cantos de mil pájaros se ha transformado en un día espléndido, soleado y caluroso, mientras el viento acaricia las copas de unos plátanos.

Las horas pasan, las sombras se alargan. Llega el crepúsculo. El sol se zambulle entre el brillo inquieto de las olas.

Todo empieza y todo termina: demasiado rápido como para detenernos en un momento de dicha. Los gozos dejan paso a la fatiga. El tiempo de descanso nos arrastra de modo irresistible a ese trabajo que nos gusta o nos corroe poco a poco.

El instante es así, fugitivo. Deja en nosotros sabores de nostalgia, deseos ilusos de detener el camino del sol para quedarnos fuera del tiempo, en un gozo profundo e intenso.

Pero somos mortales, efímeros. Somos humanos de carne y hueso. La gravedad nos saca de los sueños. El cuerpo nos pide alimento y descanso. La cuenta del banco nos avisa que tenemos que volver a la fábrica, al campo o a la oficina para el trabajo.

Es misteriosa esa sensación de impotencia, casi de fracaso, ante lo fugaz de una vida hecha de instantes. Todo invita a seguir hacia adelante, con la duda del porqué, con el miedo del silencio, con la angustia de no saber si mañana, nuevamente, habrá ocasiones para el amor y la alegría.

El mar agita olas de nostalgia, y el sol dibuja mil caricias entre olas inquietas, mientras la luna juega con nubes que hacen de pañales. Una madre y su hija miran a lo lejos, junto a la playa, en la hora vespertina que levanta nuestros ojos hacia el cielo. Las estrellas juegan a escondidas, y Dios sonríe al ver a cada uno de sus hijos..

-El autor es sacerdote y filósofo. Roma, Italia.fpa@arcol.org