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29 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La vida del más allá

Muchas personas basan su increencia en la vida eterna en el argumento de que no han experimentado nada que se les pruebe a Dios o la ete...

Muchas personas basan su increencia en la vida eterna en el argumento de que no han experimentado nada que se les pruebe a Dios o la eternidad. No es que carezca de valor este argumento: es que no es universal, es decir, no se aplica a todos.

Hay personas que han experimentado la existencia de una realidad espiritual: visiones o locuciones interiores que tienen que ver con Dios, ángeles, espíritus que son para ellos prueba de un “más allá” que les quiere hablar. Para los ateos y los agnósticos estas afirmaciones son producto de mentes enfermizas que, por supuesto, no son las suyas ya que ellos, “sanamente”, no creen. O bien, las personas creyentes han sido testigos de sorprendentes milagros morales de situaciones inesperadas o de curaciones. Para el ateísmo y el agnosticismo, esto es ingenuidad.

Durante todos los siglos ha habido santos suscitados por Dios y estos tienen una clara visión sobrenatural de las cosas, pero el mundo no los escucha, los considera personas normales en el mejor caso, y en el peor, neuróticos.

Después de su muerte, se generaliza el conocimiento sobre la vida de estos santos, y entonces las masas se enteran de que se bilocaron (estuvieron en dos lugares a la vez), se comunicaron con el más allá y resucitaron muertos inclusive...como san Juan Bosco (1815-1888) o el padre Pío de Pietrelcina (1887-1968). Aunque los ateos no se enteran de esto, o hacen como si no se enteraran, solo se enmarcane dentro de la conducta descrita por Jesucristo, “hay algunos que, aunque resucitase uno de entre los muertos no creerían”. Así describió el Señor al corazón empedernido.

En la basílica de Lourdes muchos tullidos han dejado sus muletas, como testimonio por haber sido liberados de la parálisis. Un filósofo ateo, Howard Selsam, decía que en Lourdes no están las muletas de los que no fueron curados. Vaya, como si yo negase que haya pintura azul solo porque todas las casas no están pintadas de azul, o como si Dios estuviese obligado de curarlos a todos, o todos estuvieran receptivos (preparados) para el milagro.

El autor es filósofo e historiador jordi1427@yahoo.com.mx