Temas Especiales

09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Éxito = medidas apropiadas y capacidad del pueblo

El proceso de armonización de la expansión educativa con las necesidades industriales y comerciales y el estado de libre empresa del pac...

El proceso de armonización de la expansión educativa con las necesidades industriales y comerciales y el estado de libre empresa del pacífico comenzó en Japón a fines de los años cuarenta. La base fue una excelente constitución.

La constitución japonesa de 1947 no fue un compromiso entre los partidos ni la representación de un mínimo común denominador de acuerdos, sino un concepto homogéneo, que incorporó los mejores aspectos de las constituciones británica y norteamericana, siguió un sensato curso medio entre el Ejecutivo y la Legislatura y entre el Poder Central y el que ejercían otros organismos. Si consideramos este aspecto, al mismo tiempo que otras leyes, como las que determinaron la creación de los sindicatos libres, la existencia de una prensa libre y las que restablecieron el control de la Policía (las fuerzas armadas propiamente dichas fueron abolidas). Podemos observar que se consiguió destruir el dominio hipnótico que el Estado había ejercido hasta el momento sobre el pueblo japonés.

Lo que las reformas constitucionales consiguieron, en esencia, fue persuadir a los japoneses de que el Estado existía para beneficio de sus ciudadanos, y no a la inversa. Puso los cimientos de un nuevo y saludable individualismo, porque fomentó el ascenso, como alternativa de la lealtad hacia el Estado, de la familia y de muchas instituciones japonesas que expresan el ámbito de aquella. La familia, tanto en sus formas biológicas como ampliadas, fue el antídoto natural de la infección totalitaria.

La independencia del Poder Judicial y una Corte Suprema de Justicia de estilo norteamericano reforzaron los derechos de la propiedad individual y las libertades civiles a expensas del Estado y la colectividad.

De esta manera, Japón completó su reconstrucción de la posguerra en 1953; se inició un periodo de veinte años durante los cuales creció de acuerdo a un índice anual de 9.7.

No había nada milagroso en este fenómeno, las razones del éxito eran muy evidentes. Un elevado porcentaje destinado a la formación de capital fijo, muy poco consagrado a la inversión no productiva. Impuestos moderados, gastos reducidos en la defensa y el gobierno. Un índice muy elevado de ahorro personal, canalizado eficientemente hacia la industria gracias al sistema bancario. Inteligente importación de tecnología extranjera bajo licencia. Un ritmo muy veloz de reemplazo de la planta existente, posibilitado por una gran eficiencia de la mano de obra, de modo que la productividad sobrepasaba holgadamente a los salarios. Era un plantel excepcionalmente bien educado y diestro, porque Japón (y en general los estados asiáticos de mercado) armonizaban cuidadosamente su expansión educativa con las necesidades industriales, y no con las ideologías de las ciencias sociales.

El gobierno japonés suministró cierto grado de protección externa y de apoyo a las exportaciones. Creó un clima de benevolencia hacia las empresas. Lo que fue peculiar de Japón, y quizás su aporte más creador al mundo moderno, es el modo en que las empresas utilizaron el principio del antropomorfismo y la nueva tenencia anticolectiva que destacaba el papel de la familia, para humanizar el proceso industrial y así debilitar el influjo destructivo de la guerra de clases. La mayoría de las firmas japonesas complementaban los esfuerzos de los sindicatos creando alrededor del trabajador una suerte de ambiente de familia que incluía la vivienda, las comidas, la atención médica, la orientación ética, los deportes y las vacaciones.

El antropomorfismo se extendía al producto e incluso a las costumbres.

El progreso de Taiwán siguió el mismo curso. En 1949 la economía era básicamente preindustrial con ingresos per cápita inferiores al nivel de los 100.00 dólares. La transformación comenzó con una reforma agraria de mucho éxito, seguida por un rápido aumento de los ingresos reales de los agricultores; y de este modo se creó un mercado local para las nuevas fábricas. Hacia finales de la década del 70, gracias principalmente a la Ley que creó las zonas de procesamiento para la exportación libres de impuestos, el ingreso per cápita había alcanzado a más de 1,300.00 dólares americanos.

Sin embargo, el crecimiento fue quizás más notable en las principales economías de Entrepot. Gracias a la economía pura de mercado Hong Kong elevó el ingreso per cápita, sextuplicando el de China Continental. También aquí, como en Japón y Taiwán, la estabilidad del gobierno y la consecuencia de la política económica durante un cuarto de siglo y aún más, suministraron el ambiente hospitalario ideal para los negocios.

Singapur finalmente halló un sólido marco oficial en 1959 bajo la dirección del Partido de Acción Popular de Lee Tuan Yew.

El régimen aplicó un sistema de libre empresa, atemperada por la filosofía socialista de la igualdad de oportunidades en la educación, los empleos, la salud y la vivienda.

El aspecto notable de estas cuatro economías del Pacífico (y ciertamente en el Japón) fue la falta de recursos naturales. El éxito responde casi totalmente a las medidas apropiadas y a la capacidad del pueblo, y casi nada a las circunstancias favorables o a un buen punto de partida.

-El autor es abogado.opinion@laestrella.com.pa