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05 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Regreso de Dios a la política

La presencia de Dios, o de la religión, en la política y en las campañas electorales no es resiente, y, en consecuencia, mejor que habla...

La presencia de Dios, o de la religión, en la política y en las campañas electorales no es resiente, y, en consecuencia, mejor que hablar de regreso, hay que hablar de nuevas manifestaciones de la influencia de la religión en el mundo político.

En los países europeos Dios no tiene protagonismo en las campañas electorales y el caso más sobresaliente es España, que pasó de ser una sociedad católica, de un catolicismo sin alternativa y sin libertad de cultos, impuesto por la victoria militar de Franco en 1939, a una sociedad que ahora no entiende ni usa el lenguaje de la religión en las campañas políticas.

En América Latina se vive una experiencia diferente y los escenarios cambian en cada país. La Iglesia Católica sigue siendo una de las instituciones más poderosas del Continente.

Si bien el escenario es diferente en cada país latinoamericano, y ahora la Iglesia Católica tiene que competir con otras iglesias cristianas procedentes muchas veces de los Estados Unidos, una de las realidades que revela el análisis de algunas campañas electorales es el peso real de la Iglesia Católica, y su influencia social, cultural, institucional y política, ante la competencia de grupos cristianos con gran penetración social.

Un ejemplo de lo que estamos planteando lo vimos en la campaña electoral peruana de 1991, que enfrentó a Fujimori con Vargas Llosa. Los evangelistas contribuyeron a la victoria de Fujimori, que curiosamente es católico, y los católicos apoyaron a Vargas Llosa que, paradójicamente es agnóstico.

En Estados Unidos es frecuente que los políticos apelen a Dios en sus mensajes electorales, y lo hizo George W. Bush para legitimar su acción bélica ante Irak, pero si en los Estados Unidos la modernidad no excluye a Dios y entre los latinoamericanos su presencia es variable, entre los europeos la modernidad es crítica de la eternidad.

En Panamá se ha generalizado la costumbre en los dirigentes políticos de recurrir a Dios como fuerza suprema para dirimir sus problemas políticos y legales. Es frecuente escuchar que se encomiendan a Jesús o que si se está con Dios no se puede perder, refiriéndose a la campaña política. Como si Dios tuviera una preferencia partidaria.

Hemos llegado al ridículo de proponer no un día, sino un mes, para estudiar la Biblia en la Asamblea Nacional de Diputados. El juego del lenguaje religioso sustituye la propuesta política y se ha convertido en una muletilla que indica la poca preparación intelectual del dirigente político.

Ahora es frecuente ver las imágenes de candidatos políticos panameños rezando en las iglesias y participando en cultos de sectas religiosas que nada positivo aportan al desarrollo de la conciencia ciudadana. Todo es válido para ganar votos. Se puede robar y pedir perdón a Dios, porque él todo lo resuelve.

Esta realidad de nuestro mundo político, está introduciendo el imperio del dogma contra la razón y está volviendo el debate político en un debate de intolerancias, de igual manera se reduce el espacio democrático para debatir temas que afectan a la sociedad.

Esto ya lo vimos cuando discutimos la Ley de Sexualidad, en donde imperó la ignorancia sobre la ciencia. Al final debemos recordar el proverbio que dice “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Hay que separar los asuntos del Estado de la religión, tal como lo establece nuestra Constitución.

-El autor es ingeniero y analista político.blandonc@cwpanama.net