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10 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Aspectos positivos de la crisis hondureña

En medio de todo lo negativo de lo sucedido en Tegucigalpa, hay aspectos positivos que están aflorando. A esos me referiré a continuación.

En medio de todo lo negativo de lo sucedido en Tegucigalpa, hay aspectos positivos que están aflorando. A esos me referiré a continuación.

Contra todo pronóstico, la crisis hondureña llega a su tercera semana, a pesar del inusitado y masivo apoyo de la Comunidad Internacional al depuesto presidente Manuel Zelaya. Este solo hecho marca un hito. Pero, quizás, lo más resaltante es que este inesperado paréntesis está llevando a ver más allá de los paradigmas tradicionales y con sorpresa descubrir elementos que pudieran hacer avanzar por mejores caminos la democracia en América Latina.

La situación es muy fluida en Honduras y quién sabe cuál sea para el momento en que se publique este artículo. Pero tres cosas son ciertas: Si regresa Zelaya al poder encontrará una situación harto complicada, que le costará controlar. Al presidente en funciones Roberto Micheletti se le está complicando cada vez más la situación. Y, en fin, los que recogerán los vidrios rotos de todos estos errores son los hondureños. Ojalá la sensatez se imponga.

Parto de un axioma: En Honduras hubo un golpe, que tiene como carta de presentación un presidente en pijama desterrado.

Esta imagen que inicialmente alimentó la bizantina discusión sobre si hubo o no golpe, ha venido quedando en un segundo plano, cobrando relevancia el desapego de los actores políticos hondureños a las reglas de juego democráticas, característica que no es exclusiva de ese país, sino moneda corriente de varios gobiernos del Continente. Al relacionarlo con el “masivo apoyo” internacional al depuesto Zelaya, fue evidente    que los gobiernos más activos y radicales eran aquellos con serias falencias de sus estados de derecho.

La democracia que defienden unos, no es la misma que defienden los otros gobiernos: quedó nuevamente probado. Sin embargo, lo destacable radica en que la crisis en Honduras mostró que esa diferencia atenta no solo contra la democracia, sino, además, contra la paz, estabilidad y seguridad hemisférica, lo que llevó a otra constatación que ya comienza a ser lugar común: que la Carta Democrática Interamericana cayó en obsolescencia, porque solo mira la democracia desde la limitada perspectiva del Poder Ejecutivo, dejando de lado los otros poderes del Estado y evidentemente a los ciudadanos, de allí su fracaso presente y futuro, de no reformarse.

No menos importante consecuencia positiva de la actual crisis hondureña es que en la actualidad varios gobiernos de la Región finalmente han levantado su voz fuerte y contundente para afirmar que la democracia es mucho más que las elecciones: Son líderes que arbitren sus diferencias apelando a las herramientas que les ofrecen sus instituciones formales, respecto al Estado de Derecho, donde los poderes limiten el poder. En fin, donde todos los ciudadanos tengan iguales oportunidad de participar.

Evidentemente que todavía queda un largo camino por delante con enormes escollos y en el medio el manipulado principio de la no intervención.

Pero, no me cabe duda de que lo sucedido en Honduras le pudiera dar una nueva dimensión al tema de la gobernabilidad democrática en América Latina y si se sabe aprovechar, y eso espero, pudiera ser la oportunidad para comenzar a desterrar peligrosos atajos y prácticas que están socavando los cimientos de la convivencia pacífica de los pueblos de América.

*Profesor y Consultor Internacional.francisconietog@gmail.com