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09 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Institucionalidad e independencia

Hace unos años escribí sobre este tema, pero en vista de que los vientos que soplan traen un fuerte aroma a cambio, siento la obligación...

Hace unos años escribí sobre este tema, pero en vista de que los vientos que soplan traen un fuerte aroma a cambio, siento la obligación de desempolvar la historia patria y propiciar el debate sobre aspectos que inciden en la marcha de las cosas de Estado.

Es una realidad que las crisis por las que atraviesan los países subdesarrollados se debe en gran medida al desprestigio de la institucionalidad y la falta de independencia de sus funcionarios. Es decir, más que una afectación del entorno externo, las crisis proceden de debilidades internas. Y es precisamente la situación por la que la mayoría de los países latinoamericanos no han aguantando los rigores de las reformas económicas y se han estancado o retrocedido.

Muchos pensaron que para que la economía de mercado funcionara solo era necesario dejar en libertad a los precios y privatizar las empresas estatales. Bueno, ¡se equivocaron!, porque la economía de mercado es imposible sin instituciones respetadas por los ciudadanos y partidos políticos, e independientes de los vaivenes de quienes suben al poder. Estas instituciones deben ser autónomas en su régimen interno y en el ejercicio de sus funciones. Y eso es obvio, porque es la única forma de que impartan justicia rápida e impongan sentencias a los infractores.

Si se analizan las razones del porqué en los diferentes países no ha calado la economía de mercado, lo primero que salta a la vista es la existencia de instituciones débiles y funcionarios políticos. El premio Nobel de Economía, Douglas North, se refirió a las instituciones como un concepto trascendental, una nueva idea que desafía las formas tradicionales de hacer las cosas, y señaló que sus funcionarios deben estar dispuestos a trabajar con honestidad, transparencia, equidad, creatividad, iniciativa y energía.

En una ocasión, el mismo North, en referencia a la pregunta de por qué algunas naciones se desarrollan y otras se mantienen inmersas en la pobreza, cuando de pronto todas han adoptado políticas similares de apertura, han privatizado sus empresas públicas y han desrregulado los precios, contestó que la razón responde a la aplicación del marco legal institucional. Es decir, ya no basta con solo ver el mercado, es necesario que haya reglas claras y bien comprendidas, que existan mecanismos para que las reglas se cumplan y para que la gente crea que esas reglas se van a cumplir. Solamente así, las reglas tendrán sentido y la gente va entonces a apreciar las instituciones.

Resulta que, para que las políticas de Estado funcionen, no basta con aplicar políticas correctas, sino que es necesario contar con instituciones sólidas e incorruptas. Y para muestra de un botón, la recién crisis financiera mundial, que no ha causado más pobreza, sino que la ha revelado.

Hay que tener cuidado con aquellos que siempre quieren buscar camorra y están dispuestos a extraer consecuencias contra la económica de mercado. Lo que deben entender es que las políticas económicas no trabajan cuando los gobernantes irrumpen con la institucionalidad y descarrilan el curso de las cosas. La conclusión es que el mercado rendirá sus frutos cuando respetemos a las instituciones. Es decir, sin instituciones independientes, el mercado no funciona.

*Empresario.lifeblends@cableonda.net