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16 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Violencia e inseguridad, sus causas

Los medios de información nos recuerdan a diario que el país se encuentra enfrentado a una escalada de violencia e inseguridad. Reclaman...

Los medios de información nos recuerdan a diario que el país se encuentra enfrentado a una escalada de violencia e inseguridad. Reclaman del nuevo Gobierno una política de “mano dura”, que incluye nuevas legislaciones para enfrentarla y un mejor desempeño de sus autoridades. La comunidad, consultada a través de una serie de encuestas y programas radiales, revela su propia visión del problema, considerándolo como el más grave que existe en el país.

Un centenar de “expertos, analistas y cientistas sociales” han emitido por igual su opinión. Sin embargo, no encuentro en tan sabias reflexiones ni discursos, una referencia a la necesidad colectiva de que la sociedad se sume a esta lucha. Muchos de estos análisis se quedan en el diagnóstico o en propuestas generales que, pese a sus buenas intenciones, casi siempre terminan con responsabilizar únicamente a las autoridades de turno. La carencia de un espíritu solidario dentro de la población y la falta de una voluntad única para enfrentarla reducen la capacidad de solución y debilitan el desempeño de los mandos para sofocar la creciente escalada de violencia.

Es cierto que hay un trasfondo de miseria y marginalidad detrás de este tema. De trastrocamiento de los valores sociales. Pero no son los único causales ni siquiera ese señalamiento cubre la dimensión de este enfrentamiento entre la sociedad que tiene una aspiración de prosperidad y el crimen organizado.

Buena parte del fenómeno debemos estudiarlo en los factores externos. En la proliferación de bandas internacionales, con altos niveles de recursos y tecnología, que prácticamente han convertido la Región en un campo de batalla por el control de sus mercados. En el rol que juega nuestra posición geográfica en el depósito y tránsito de las modalidades de esa delincuencia. En el reclutamiento desmedido de panameños de todos los niveles sociales para sustentar sus operaciones ilegales. En la creación de una subcultura por el dinero rápido y fácil para sustentar el estatus de una parte de la población que no encuentra, a través del trabajo creativo, la base de su superación.

Y ese factor externo no se puede sofocar a través de políticas policíacas, sino interviene toda la sociedad a través de su organización territorial, de su solidaridad colectiva y de una política de búsqueda y captura de la delincuencia. Mientras sigamos atendiendo el problema según los daños colaterales que sufra individualmente el panameño, continuaremos metidos debajo de las camas o rezando porque nuestras familias no sean reclutadas o sufran una pérdida dolorosa. No podemos seguir delegando en las autoridades la responsabilidad única de la represión.

La doctrina de seguridad nacional debe comprender el componente social, su participación, en la búsqueda y neutralización de la delincuencia. No pueden ponerse límites ni cortapisas, cargadas de falsos escrúpulos, al establecimiento de una política de seguridad que incluye la creación de una verdadera red de inteligencia y coordinación internacional. No se le puede amarrar las manos a las fuerzas que luchan, muchas veces en desventaja, por el prurito egoísta de que se está lesionando la privacidad o los derechos humanos de los individuos.

Cuando los panameños entiendan que de lo que se trata no es de la lucha en contra de la violencia callejera ni de la delincuencia marginal, sino de todo un enfrentamiento internacional en donde el crimen organizado, el blanqueo de capitales, el contrabando y proliferación de armas, la migración ilegal, el narcotráfico en todas sus manifestaciones e inclusive el terrorismo, han penetrado todas las instancias sociales del país, sabrán de qué estamos hablando. Ojalá y no sea demasiado tarde.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net