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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

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La fe cristiana, matriz de una civilización

El pasado lunes 19 de octubre el Papa Benedicto XVI recibió al nuevo jefe de la delegación europea ante la Santa Sede. Le recordó el Pon...

El pasado lunes 19 de octubre el Papa Benedicto XVI recibió al nuevo jefe de la delegación europea ante la Santa Sede. Le recordó el Pontífice “usted ha ha definido a la Unión Europea como ‘un área de paz y de estabilidad que reúne a 27 Estados con los mismos valores fundamentales”. “Esa es “una definición feliz”, afirmó laudatoriamente el Santo Padre.

Luego agregó: “Y sin embargo, la U. Europea no se ha dotado de estos valores, sino que más bien han sido estos valores compartidos los que la han hecho nacer”. Incluso los que han atraído hacia su seno a un número creciente de naciones con el paso del tiempo.

Es necesario preguntarse: ¿quién o qué fuerza ha inspirado estos valores? Ellos han tenido una historia larga, dice el Papa, “en la cual el cristianismo ha sido protagonista”. En apretada y sabia síntesis el Papa menciona algunos de estos valores: “La igual dignidad de todos los seres humanos, la libertad del acto de fe como raíz de las demás libertades civiles, la paz como elemento decisivo del bien común, el desarrollo humano, intelectual, social y económico —en cuanto vocación divina— y el sentido de la historia que de él se deriva, son otros tantos elementos centrales de la Revelación cristiana que siguen modelando la civilización europea”.

El europeo, agrego yo, no es pues una “bestia disímil” en relación con otros seres humanos (que tampoco lo son, conste), sino que es un ser domesticado por conceptos como igualdad, dignidad, fe, libertad, paz, bien común, desarrollo humano”. Aportes que le han llegado en una síntesis feliz de manos del cristianismo.

El Romano Pontífice aclara que con este recorderis, “la Iglesia no está buscando un estatuto privilegiado para sí misma”. Pero recuerda —¿hace falta decirlo?— que los Padres fundadores de la Unión Europea tenían una inspiración decididamente cristiana y la base de estos valores “procede de la herencia cristiana”.

El Papa no habría tenido de recordar estas cosas si no fuera, pienso yo, porque a menudo se piensa en reinventar a Europa como una negación de estos valores, mediante la adopción de leyes, costumbres, modas de pensamiento que quieren institucionalizarse negando esta base. Se pretende negar un modo de ser y de entenderse profundamente humano, inspirado por esa fe. Dice Benedicto ¿no corren el riesgo estos valores de ser instrumentalizados por individuos y grupos de presión deseosos de hacer valer intereses particulares en detrimento de un proyecto colectivo que —esperan los europeos— se preocupe por el bien común de los habitantes del Continente? Es importante -concluye- que Europa no permita que su modelo de civilización se desmorone. Su impulso original no debe ser sofocado por el individualismo o el utilitarismo. Así es.

*Filósofo e historiadorjordi1427@yahoo.com.mx