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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Populismo penal y mano inteligente

En los últimos días el país ha sido testigo del enfrentamiento de concepciones de dos ministros de Estado con relación a la aplicación d...

En los últimos días el país ha sido testigo del enfrentamiento de concepciones de dos ministros de Estado con relación a la aplicación de las estrategias de seguridad para el combate a la ola de delincuencia y violencia criminal que se ha tomado el país. Este debate gubernamental ha instalado el tradicional dilema entre los que proponen una política de mano dura y los que son acusados de “románticos” por propugnar la mano blanda (entiéndase resocialización).

A mi juicio, se trata de un debate artificial con efectos dañinos y devastadores para la política de seguridad, el debate es artificial, por cuanto amplios sectores sociales han expresado la necesidad de políticas de prevención y control de la delincuencia actual, lo que implica hacer un fuerte hincapié en los factores sociales que desencadenan actitudes criminales. ¿Es “ romántico ” querer preocuparse de la deserción escolar o de la violencia intrafamiliar, del desempleo o de la falta de alternativas de formación del recurso humano?

Así, el debate gubernamental entre “ mano dura ” y “ romanticismo ” ignora una discusión más profunda sobre los métodos para enfrentar las verdaderas causas del fenómeno delictual. Se ponen a un lado propuestas sobre la deserción escolar, maternidad infantil, abuso del consumo de drogas y alcohol, violencia escolar e intrafamiliar, la institucionalidad a cargo de la seguridad, la estructuración de un sistema de inteligencia criminal, la eficiencia de los organismos de seguridad pública, la redefinición del sistema carcelario, la efectividad del modelo económico.

Luego de casi veinte años (20) de periodo postinvasión, el combate a la delincuencia es uno de los pocos temas en que el debate programático se lleva por los medios de comunicación masiva, generándose un “ populismo penal ”: las propuestas de aumento de las penas de cárcel a cincuenta años carecen de consulta y justificación técnica, solo se ha utilizado el temor de la ciudadanía para obtener un apoyo popular y mantener cautiva la clientela electoral. Es hora ya de salir del debate mediático, poco constructivo, sobre la mano dura o la blanda, y poner énfasis en una “ mano inteligente ”, que pueda enfrentar la delincuencia de forma efectiva.

La represión violenta como alternativa a la inseguridad ciudadana ha fracasado en todos los países donde se ha aplicado y más bien ha contribuido a incrementar la criminalidad. Lo que corresponde es combatir las causas que promueven la pobreza, la desintegración familiar y la falta de oportunidades, principalmente para los más jóvenes.

Simplificar el crimen sin desagregar sus múltiples rostros, culpabilizar a los jueces y un debate pobre y lleno de mitos, son tres de las falacias que están llevando a América Latina a promover la “mano dura” contra la violencia. En nuestro país no nos exceptuamos de esta realidad.

La criminalidad es un fenómeno complejo y no es reducible a un calificativo genérico, lo que conlleva el riesgo de plantear soluciones erróneas y provocar un retroceso en los derechos humanos.

*Educador.romagrau19@hotmail.com