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07 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Rumbo autoritario de Martinelli

Panamá realizó esta semana una transacción exitosa mediante la cual obtuvo $1000 millones en los mercados financieros internacionales pa...

Panamá realizó esta semana una transacción exitosa mediante la cual obtuvo $1000 millones en los mercados financieros internacionales para pagar la deuda interna, lo que permitirá al Estado un ahorro presupuestario de $80 millones en 10 años. La operación, con bajas tasas de interés, se realizó en un momento de perspectivas positivas para el país, porque el presidente Ricardo Martinelli ha continuado la política fiscal de la pasada administración.

Pero ese hecho fue empañado por la noticia de que Panamá rompió el compromiso diplomático alcanzado por consenso en la OEA y anunció en forma unilateral su respaldo a las elecciones presidenciales en Honduras. También prosiguió la fractura del consenso con la salida del Parlacen, por razones meramente personalistas.

Los aciertos económicos, tienen como contraparte retrocesos políticos. Con el mazo del populismo, el derroche de propaganda y la demagogia —explotando el hechizo de la imagen, porque para el gobierno el Homo videns lo es todo— Martinelli ha derribado los consensos alcanzados por anteriores administraciones y la sociedad panameña. El objetivo es someter los poderes del Estado para perseguir a adversarios reales o imaginarios. En ese aspecto el gobierno actual es lo más parecido a la tan denostada dictadura militar.

En lugar de atemperar la supremacía del Poder Ejecutivo sobre los demás Órganos del Estado, Martinelli ha dado rienda suelta, en forma compulsiva y sin equilibrios, a la idea de que todo vale menos la razón. En el medio está el silencio elocuente de la otrora vociferante sociedad civil y la complacencia de los medios de comunicación. Al final lo que se pretende es subordinar la Constitución al poder y el poder a los intereses privados de quienes lo detentan. No hay sensibilidad social ni pueda haberla en un gobierno de empresarios que no disimula su desprecio por la miseria, el dolor y la vida humana.

El objetivo ostensible es instaurar una autocracia y devenir en un gobierno autoritario. De allí el porqué se asfixia la dinámica participativa y se fomentan los abusos a las normas constitucionales con sus efectos perniciosos en las libertades, los derechos y las garantías individuales. En este golpe desde el Estado, las instituciones centrales de la República están siendo debilitadas y privadas de sus elementos sustanciales. No se anticipa la alienación de los que no se sienten representados y lo que puede ocurrir en una Nación cuya democracia va perdiendo lo que ganó en dos décadas.

Hay que preguntarse dónde está el espacio para las ideas, dónde el pensamiento para la construcción de una sociedad integrada en su totalidad. Dónde está el proyecto incluyente de Martinelli, si ni siquiera mantiene un diálogo político al interior de la alianza que lo llevó al poder.

El consenso y la interdependencia son el fundamento de toda democracia sólida, madura, próspera, garante de una convivencia civilizada. Lo contrario es gobernar en solitario y encaminarse hacia un sendero excluyente y autoritario. Subordinarse a las leyes del juego democrático no amenaza la gobernabilidad. Lo que la compromete es que un gobierno electo democráticamente no gobierne democráticamente. Panamá rechaza los iluminados y exalta a quienes construyen instituciones sólidas y consensos que involucren el quehacer colectivo.

*Periodista.d_olaciregui@hotmail.com