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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La raíz del narcotráfico

La batalla contra las drogas parece oponerse solo a ciertas sustancias como la cocaína. No así con el alcohol, la cafeína y el tabaco, q...

La batalla contra las drogas parece oponerse solo a ciertas sustancias como la cocaína. No así con el alcohol, la cafeína y el tabaco, que son legales en casi todo el mundo, y sin embargo, causan iguales problemas de salud como las prohibidas actualmente. Esta prohibición ha estimulado al mercado negro a buscar sustancias nuevas, adictivas y más peligrosas que la cocaína, como lo es el crack, que puedan ser transportadas con mayor facilidad y seguridad y así tener una clientela perseverante.

En la medida en que ese tráfico es más lucrativo, los delincuentes tienen el dinero con que comprar banqueros, policías y jueces.

El consumo de drogas es un fenómeno complejo que involucra elementos culturales, políticos y del sistema financiero. Las sociedades modernas no tienen la capacidad necesaria para regularlo, por tanto, no es solo un problema policial, sino de los complejos sentidos que rigen el consumo de estas sustancias.

En las sociedades tradicionales su uso se mantuvo como parte de su cultura. En la actualidad, en algunas sociedades indígenas no les conviene regular el consumo entregándose de forma enfermiza al antojo de una sustancia infame cuyo objetivo único es el negocio redondo. Y, si la producción es de parte de grandes empresarios es peor la autorregulación, porque se obtienen ganancias por encima de la salud del ser humano.

Lo mismo sucede con el adicto a la cocaína, es el último y más débil eslabón de una cadena que comienza en el cultivo, preparación, distribución de la sustancia y finalmente por el lavado del capital obtenido. Es un negocio inmenso que ocupa todos los días la prensa escrita, el cine, la radio y la televisión. Participan en ese proceso los grandes bancos y empresas para mantener esta enorme operación financiera que se ubica entre las más poderosas, probablemente solo superada por el petróleo. Lo mismo es con la industria del tabaco.

El narcotráfico es un problema grave, y no debiera manipularse como chantaje para justificar guerras y planes de represión, precisamente con la instalación de bases aeronavales extranjeras en que la primera potencia del mundo tiene un interés evidente, pues, están destinadas a fines políticos infames, como ocurre en otros países.

Algo sabido por todos es que, los Estados Unidos como superpotencia, han intervenido en muchos países con los más diversos pretextos, desde la primera intervención en Cuba, las Filipinas y Puerto Rico en 1898. El de la guerra contra las drogas es solo uno más de esos pretextos, alegando un “ peligro ” que amenaza la civilización occidental de enemigos exteriores. Y si no hay enemigos, se los inventa, como cuando prohibieron el consumo de alcohol durante los años 20, lo que fortaleció la mafia que producía y traficaba bebidas espiritosas.

Igual que el Plan Colombia, la guerra contra las drogas no ha dado ningún resultado desde que el presidente Richard Nixon la inició en 1972. Más bien ha aumentado desde que esa guerra comenzó. Un negocio perversamente redondo, que sigue dando grandes ganancias a los narcotraficantes y al sistema financiero que le sirve de sustento.

Para erradicar el consumo y el tráfico de drogas lo que se debe hacer es reforzar la familia en todo su contexto, mejorar la educación en todos sus niveles y erradicar la pobreza de hambre y de espíritu.

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net