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17 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

A 20 años de la criminal invasión

La primera mentira: fue para arrestar a Manuel Antonio Noriega. La segunda: fue para traer la democracia.

La primera mentira: fue para arrestar a Manuel Antonio Noriega. La segunda: fue para traer la democracia.

Quienes nos explicamos los hechos históricos a partir de la participación de las clases sociales y no por el papel (solo) de los individuos, tenemos una interpretación distinta.

La invasión (y la cruzada civilista) tuvo como objetivo fundamental, impedir que el pueblo panameño alzado contra el régimen militar, que aplicaba los mismos planes dictados por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI”s), que aplican hoy los gobiernos postinvasión, tumbara la dictadura.

Este descontento y levantamiento popular surge a partir de las luchas de 1976, siguiendo con la lucha contra los tratados de 1977 y; tiene un punto álgido en 1978-1979, cuando los educadores realizan una lucha reivindicativa, que termina en la derogación de la Reforma Educativa.

Los yanquis y los militares toman medidas preventivas, para evitar la caída al estilo de Anastasio Somoza en Nicaragua. El “general se repliega a los cuarteles” , dando paso a un “proceso de democratización” , con legalidad de partidos en 1978; elecciones parciales legislativas en 1980, reformas constitucionales antinacionales en 1983; las elecciones de 1984, todo con el control de las Fuerzas de Defensa.

El descontento popular se reflejó en las elecciones de 1984, obligando a Noriega y los yanquis, a hacer fraude a favor de Nicolás Ardito Barletta.

“Fraudito” y los militares no pudieron detener el ascenso. Una ley de impuestos es echada abajo después de ser aprobada, lo cual se combina con un hecho político de los desmanes del dictador, el asesinato de Hugo Spadafora, acentuándose el descontento.

En 1986, el régimen impone las primeras reformas laborales y al agro con muertos, heridos y presos. Se profundiza la crisis.

El movimiento popular siguió luchando contra reformas neoliberales a la educación, contra los despidos masivos de empleados públicos, etc.

Cuando se da la invasión el régimen se desquebrajaba. Dos intentonas de golpe de sus aliados íntimos lo comprueban, y el deseo de lucha continuaba, detenido momentáneamente en ese momento por los dirigentes “yesman” de la cruzada y de los partidos tradicionales que canalizaron el descontento decían en las elecciones de 1989: “el mundo nos mira” , es decir, tal como el escudo, “mundo” significa, “Washington”. Es decir, “esperen a los gringos”.

Perdimos entre 1987—1989 y la invasión lo que corresponde al Producto Interno Bruto (PIB) de 1990 (6000 millones), los gobiernos hasta hoy han aceptado migajas del imperio y, lo que es peor, como cómplices de la invasión, han callado ante los asesinatos de centenas de panameños y panameñas por las tropas invasoras.

Esta es la razón de por qué seguimos peor.

La invasión fue para seguir imponiendo el plan de las Instituciones Financieras Internacionales. Perdimos familiares, empleos que jamás se recuperaron, nuestras viviendas, etc. Se inaugura una falsa democracia. El antidemocrático Código Electoral, la lista de partidos políticos legales y cómo ganó la Presidencia de la República el gobierno actual nos muestran que, así como la justicia es para los ricos, la participación electoral también lo será, hasta que el pueblo se una independientemente de quiénes hoy son oposición y mañana gobierno, hoy dicen una cosa y mañana hacen otra.

Seguir de cola, unos de los militares como batallones o no (o Partido Revolucionario Democrático) y otros a los partidos tradicionales, incluyendo a Cambio Democrático, solamente nos trae muertes y zozobras, esta es la gran lección.

*Escritor y editor.vearauzm@hotmail.com