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18 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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Una decisión justa (II)

Cuando, Alicia Franco y yo, acompañamos a Haydée en las elecciones que le arrebataron en el 2004, subiendo y bajando con ella, todos los...

Cuando, Alicia Franco y yo, acompañamos a Haydée en las elecciones que le arrebataron en el 2004, subiendo y bajando con ella, todos los centros de votación que pudimos; cuando el partido la dejó sola, a su suerte, enfrentándose a la maquinaria de un PRD que había ganado las elecciones y que dispuso transportes por aire, mar y tierra a sus electores; que tenía en cada centro de votación a abogados y militantes de cualquier parte del país, custodiando los votos de su adversario, Haydée estaba serena, apacible. Fueron tan escasos los votos con los que le ganaron, que estoy segura, debieron haber sentido vergüenza tanto los magistrados del Tribunal Electoral, que le arrebataron su curul, como los del PRD.

Haydée nunca perdió su brújula. Siempre supo lo que quería y cómo lograrlo. En los peores momentos, cuando los magistrados se ensañaban más con ella, yo la llamaba y le decía: “ Haydée, ¿dónde estás? Quiero acompañarte… ” Ella me decía: “ Estoy en Darién, con mi gente. Tengo tal o cual actividad. Llego tal día a la ciudad… ”.

Mientras inventaban nuevas fórmulas para destruirla política y moralmente, ella estaba en lo suyo, con tranquilidad, con su gente. Su gente que nunca la abandonó; su gente que votó por ella por canchas de votos en las primarias del Partido Panameñista. Su gente, que cuando los magistrados del Tribunal Electoral, le impidieron correr en las pasadas elecciones generales, le dieron el voto a ella, a través de su hijo.

Una Haydée Milanés, que como Obama, se niega a aceptar que la desesperanza sea el fin último del ser humano. Una Haydée, que como Obama, no permite que las debilidades de la naturaleza humana destruyan las potencialidades que tiene dentro de sí el ser humano. Una Haydée, que como Obama, tiene en su alma la chispa de la inspiración divina y se aferra a ella.

Yo, como ella y tantas mujeres, confiamos en la palabra de dos hombres: del presidente de la República y la de su vicepresidente. Ella y yo, como tantas otras mujeres, no queremos sentirnos decepcionadas, como muchas veces, del incumplimiento de la palabra de los hombres. Apostaremos a la esperanza, a la justicia; apostaremos a la alegría de un día nuevo donde Haydée pueda, nuevamente, ser una panameña, nacida en Darién.

*Presidenta del Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada y de la Aparlexpa.gloria.young1@gmail.com