20 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Violencia, tolerancia y realidad

Cuando se dio la noticia del hecho de violencia que tuvo como protagonista principal al director de uno de nuestros principales centros ...

Cuando se dio la noticia del hecho de violencia que tuvo como protagonista principal al director de uno de nuestros principales centros educativos y el cual ha sido mi compañero de trabajo, quedé profundamente impactado. Pareciera que cada día se hace más irreal y somnolienta la aspiración a una convivencia humana tolerante; el individualismo, el egoísmo, y el valemadrismo se sobreponen a consideraciones esencialmente humanas, como la democracia, la libertad y el respeto a la integridad personal. Tal desconocimiento de la realidad nos está conduciendo al entumecimiento, la desesperación y al abismo de la violencia.

Existen quienes piensan que esta reflexión flota sobre la realidad y surge de una actitud romántica. Imaginan que siendo la realidad dominante violentamente desigualatoria, fatalmente irracional, conllevaría obstinadamente a una respuesta cortante, radical e igualmente violenta. Sin embargo, es precisamente la realidad brutal la que nos empuja a pensar que una conjunción transformadora supone una altísima condición reflexiva, que pueda competir con inteligencia en los escenarios de dominación material y cultural, de la cual la simple violencia automática y emocional vendría a convertirse en un elemento de retraso y entorpecimiento histórico. En ninguna circunstancia puede tener cabida la intolerancia obsesiva y desesperada, antes por el contrario el llamado es a producir un clima favorable para hacer converger ideas y estrategias de distintas sensibilidades, para una suma favorable al cambio, bajo el signo de la tolerancia productiva y activa.

¿Quién pudiera esperar que la principal figura administrativa y académica de uno de los centros educativos que nació con la República, y que tantas veces le ha dado a este país artesanos que han contribuido con su desarrollo económico y social, gracias a la formación que en esa escuela han recibido, estuviera involucrado en un acto de intolerancia de esa magnitud? Mi respuesta es que hace falta un educación para la tolerancia, pero esa educación no puede reducirse a iniciativas aisladas, mediáticas y desarticuladas; aun cuando la tolerancia no es un fin en sí mismo, debe asumirse como una finalidad del proceso enseñanza—aprendizaje; debe integrarse como filosofía, consustanciada con la existencia y esencia misma de la escuela.

Como señalé al inicio de este artículo, conozco al director y tengo de él y pese a todo, muy buena experiencia en todo el tiempo que lo traté: respetuoso, cauteloso, técnicamente calificado: no obstante falló. Nadie puede pensar que en algún momento de su diario vivir estará eximido de convertirse en un Powell, este suceso me trae a mi memoria la obra del sociólogo Stanley Cohen: Folk Devils and Moral Panics. Donde define el pánico moral como un episodio, condición, persona o grupo de personas que han sido definidos como una amenaza para los valores e intereses de la sociedad. Según Cohen, los pánicos morales giran alrededor de una amenaza percibida como un valor o norma detentada por una sociedad normalmente estimulada por la glorificación en los medios masivos o leyenda popular en las sociedades.

La importancia y la necesidad de la tolerancia en este país se hacen evidentes, cuando observamos el resurgimiento de diversas manifestaciones de intolerancia que atentan contra los derechos básicos de las personas. Por eso, hoy más que nunca se requiere que la tolerancia amplíe su presencia y norme las relaciones entre los ciudadanos.

*Educador. romagrau19@hotmail.com