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17 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cuando se pierde la dirección

Acabamos de cumplir 10 años de haber cerrado la más gloriosa y significativa de los capítulos de nuestra vida como nación: la recuperaci...

Acabamos de cumplir 10 años de haber cerrado la más gloriosa y significativa de los capítulos de nuestra vida como nación: la recuperación plena de nuestra soberanía sobre todo el territorio nacional. Después de tan histórico evento, resulta profundamente desalentador para muchos panameños que crecimos y nos formamos cultural e intelectualmente durante los últimos 35 años, sentir que la nación anda sin rumbo.

Mientras algunos gastan enormes sumas de dinero para distraerse y distraer a la población con escenas navideñas que no agregan valor a la cultura, las desigualdades económicas entre los grupos sociales están entre las más altas del hemisferio. El contexto de los rascacielos y centros comerciales modernos, es el mismo en donde más del 30% de la población vive en pobreza o pobreza extrema.

En este mismo contexto, los primeros días de este nuevo año han marcado en la discusión nacional un intenso matraqueo político, con el fin de procurar control y ventaja en lo que debe definir durante este año, una reestructuración del acontecer político. “ Matraqueo y definición ” que atentan contra la seguridad jurídicas y los derechos ciudadanos.

Mientras los de los rascacielos y las villas navideñas ven el país desde esa óptica, las condiciones para llevar adelante una vida digna, para la inmensa mayoría de los panameños, es una lucha constante entre condiciones de supervivencia insatisfactorias: Un proceso de desarrollo visionario no se pueden llevar hacia delante en estas condiciones.

Los sociólogos Mawlana y Wilson señalan que desarrollo es “.. toda la gama de procesos y recursos por medio de los cuales un sistema social se aleja de condiciones ampliamente percibidas de alguna manera como insatisfactorias, hacia condiciones reconocidas como humanamente mejores ”. Las generaciones que nos garantizaron nuestra soberanía, se sacrificaron para alejarnos de esas condiciones “ insatisfactorias ” como nación y nos garantizaron la libertad necesaria para construir un justo proceso de desarrollo.

Es generalmente cierto que nuestros gobernantes de los últimos 20 años —cada uno desde su propia perspectiva— cree que asumió la responsabilidad de conducir a la Nación por un camino de prosperidad y progreso. Eso es lo que ellos creen. Bajo estas administraciones tenemos hoy el sistema educativo que amenaza el bienestar de las futuras generaciones. Bajo estas administraciones, el sistema de transporte y de seguridad social es hoy lo que tenemos. Bajo estas administraciones la inseguridad ciudadana afecta considerablemente nuestra vida en sociedad.

Cada una de estas cuatro últimas administraciones, aparentemente, han dejado huellas significativas en el ambiente de deterioro institucional que hoy ocupa nuestra atención. La corrupción y el juegavivo ha sido un cáncer que se hace evidente cada día y que visiblemente consume con perversidad la estructura social nacional. Y no debemos aceptar que esto únicamente ha ocurrido en las administraciones políticas de los gobiernos. En el sector privado parece haber claras evidencias de la misma conducta.

Por beneficios puramente económicos, hay señales de que el sector privado ha bailado al son de las mismas tonadas. La puja y repuja que hoy sale poco a poco a la luz pública, tiene el potencial de finalmente exponer las realidades de lo actuado por estos y, entre estos, con el único objetivo de engrosar sus cuentas bancarias.

Todavía como nación nos queda mucho trabajo por hacer para mejorar los procesos de educación aprovechando las herramientas tecnológicas que el primer mundo ofrece; perfeccionar los sistemas de salud; desarrollar infraestructura, desincentivar la emigración hacia las ciudades, desarrollando estructuras locales que permitan la inclusión de toda la sociedad en los esfuerzos de productividad y mejoramiento; respetar y salvaguardar el medio ambiente; preservar la herencia cultural. Todo esto enmarcado en un uso más consciente de los medios masivos de comunicación, que permitirá a largo plazo que nuestra sociedad robustezca su independencia.

Hemos perdido la dirección de llevar a la nación a un estado superior de desarrollo. Los jóvenes en formación están mirando y preocupa que por donde miro, siento que esta generación la estamos perdiendo en lo educativo, lo social y lo cultural con los ejemplos que imperan. Si no salen las verdades de lado y lado y los responsables no pagan sus deudas a la sociedad, ese será el ejemplo a seguir para los que están en formación; los que deben asumir la conducción de la nación dentro de muy poco en la cadena de sucesiones generacionales. Sin dirección no hay futuro promisorio.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com