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17 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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Impuestos y carnaval

Ya se ha anunciado la inminente presentación de un nuevo paquete de impuestos que comenzarán a regir este año. No conocemos detalles de ...

Ya se ha anunciado la inminente presentación de un nuevo paquete de impuestos que comenzarán a regir este año. No conocemos detalles de su contenido, pero podemos tomar como referencia aspectos del Plan de Gobierno 2009-2014 de la Alianza por el Cambio, que incluía la eliminación de varios impuestos, entre ellos el CAIR, la creación de una tarifa única (flat tax) en lo concerniente al impuesto sobre la renta, un aumento de exoneraciones y deducciones personales y nuevos subsidios e incentivos fiscales. Ahora se escucha la posibilidad de aumentar la tasa del ITBMS a 8%, posibilidad anteriormente no incluida en el Plan de Gobierno.

Cierto que una primera preocupación de cada nuevo gobierno es asegurar fondos para financiar su prometida obra de gobierno. Es lógico que así sea, porque comienza su período con la carga de todas las promesas hechas durante la campaña electoral, promesas que al cabo de cinco años serán evaluadas frente a las obras públicas ejecutadas. Se aduce también que el gobierno saliente deja las arcas vacías y, como no podemos imprimir balboas, los ingresos estatales para financiar las promesas de campaña solo pueden provenir de contadas fuentes, de las cuales la más importante son los impuestos que pagamos todos.

Fuentes oficiales han asegurado que los nuevos gravámenes no recaerán sobre las clases más necesitadas ni sobre la golpeada clase media, sino que se concentrarán en gravar aquellas actividades económicas que hasta ahora no han contribuido en su justa dimensión y se cita, a título de ejemplo, algunas actividades bancarias. Lo cierto es que, por mucho que se afirme lo contrario, quien paga un impuesto se lo carga más adelante —en la mayoría de los casos y cada vez que puede— a su cliente, sea este rico, clase media o pobre. Resulta aún más cierto si se trata del anunciado aumento del ITMBS que castiga el bolsillo del comprador final.

La historia se repetirá. Quienes sean señalados como nuevos contribuyentes adelantarán toda clase de argumentos: unos válidos, otros exagerados. El gobierno aducirá su compromiso social. Las clases más necesitadas serán convidados de piedra. Pocos entenderán las repercusiones verdaderas. Mucho se hablará sobre justicia tributaria. Sobrará la controversia.

Luego de los cálculos, las sumas, las restas y los malabarismos con cifras fiscales necesarias para estimar cómo poder financiar el ambicioso programa de inversiones públicas —respetando también el principio de equidad tributaria— no sabemos cuál será el balance final de los nuevos impuestos y a quiénes golpeará directa e indirectamente. Es imprescindible que los cálculos oficiales sean muy precisos para evitar innecesarias cargas tributarias que produzcan un exceso de recursos o desatinadas cargas que produzcan menos de lo deseado.

Como miembro de la Asamblea Nacional durante los debates de la Ley de Responsabilidad Fiscal en 2004, podemos vaticinar que seremos testigo de la crónica de un fiero choque anunciado con sectores involucrados, como sucedió entonces y como siempre sucede cuando el tema es abordado. Pero esta vez hay una circunstancia que puede influir de una manera o de otra: mientras el choque coincidirá con la distracción propia del carnaval, cabe preguntar si el oficialismo aún contará con suficiente poder político para hacer aprobar una reforma tributaria de la magnitud propuesta. ¿Será tarde ya? El asunto es peliagudo.

*Ex diputada de la República. mireyalasso@yahoo.com

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