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23 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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“Limpio”, no “carilimpio”

Como dijera Lorenzo Luzuriaga en su obra: La escuela de nuestros tiempos, “no todo lo de la escuela nueva es bueno y no todo lo de la es...

Como dijera Lorenzo Luzuriaga en su obra: La escuela de nuestros tiempos, “no todo lo de la escuela nueva es bueno y no todo lo de la escuela vieja es malo”. Esto significa —guardando las proporciones y ajustándolo a la realidad— que el presente no significa necesariamente lo correcto de manera absoluta. La experiencia de vida acumulada a lo largo de la existencia ha llevado a poner en la balanza el pretérito con el ahora, para finalmente balancear y concluir.

El resultado de ese examen concluirá en los términos de indicar que hay mayores y mejores logros que los que pueden percibirse hoy, principalmente en el aspecto ético-moral. Contradictoriamente el pasado con sus limitaciones no poseía como el presente las posibilidades de acceso a la tecnología y al conocimiento. Pero contradictoriamente también, mientras hoy se avanza en la ciencia y mientras se abren los campos del saber, pareciera que se retrocede en la parte humanística y de los valores.

Claro está, en las sociedades consumistas como la nuestra, en donde los paradigmas se mueven dentro del contexto de lo estrictamente material, es más importante esto, que cualquier otra cosa. Eso explica, entonces, que se entienda y que se observe como obligado la acumulación de bienes materiales. Precisamente eso es lo que da “ rango social “ y la ubicación en el selecto conjunto de los poseedores de riqueza y consecuencialmente con ello la adquisición de poder.

Así el político panameño observa la política como una inversión, y de la misma manera la oportunidad de recuperar, aprovechando las oportunidades sin reparar el gran daño que hacen a la sociedad. La tesis de que salir limpio de las posiciones ocupadas es un contrasentido con el “ verdadero hacer ”, cada vez más cobra vigencia en el hombre político nacional.

Justamente se afirma que: “ cuánto tienes cuánto vales ”, y no “ vales, si no tienes ”, ha llevado a la sociedad panameña a los supremos niveles de corrupción.

Esa ha sido la consigna de quienes de cualquier manera han acumulado riquezas en este país, y los que se resisten a dar las claras explicaciones cuando se les pide la rendición de cuentas. Son los que utilizan todos los subterfugios y los tecnicismos legales para evadir sus responsabilidades ante los señalamientos comprometedores.

Son los mismos que con la arrogancia que le da lo “ obtenido ”, sienten que pueden obnubilar los comportamientos atrofiados por la ambición. Son los mismos a quienes, procurando riquezas para los suyos, no les importa quitarles a los que no tienen. Son los mismos que sin repulsión presentan sus “ éxitos ”, a la comunidad y los mismos que se andan con pasos olímpicos como si el país le perteneciera. Son los mismos que exponen sus rostros en las pantallas televisivas con apariencia de inocentes, pero con la conciencia del dolo, tratando de aparentar lo que no se es. Son los mismos que usan el discurso de la amenaza, cuando se les han agotado las falacias. En suma, son los “ carilimpios “ que se resistieron a ser unos “ limpios ”.

No obstante la sapiencia de los hombres de experiencia, lograda muchas veces en sus largos años de vida, enseñó a los jóvenes de ayer, muchos de los cuales son los hombres de hoy, que era mejor vivir y morir “ limpio, pero no carilimpio ”. Ese aleccionador mensaje se torció en el camino para darle paso al despropósito, a la ramplonería y al latrocinio.

*Docente universitario.Jorge0913@pa.inter.net