Temas Especiales

29 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cultura y ritualismo: a propósito del ayuno cristiano

Tanto en Sociología como en la Antropología Social, se sabe que un conjunto de individuos es parte plena de una determinada cultura en l...

Tanto en Sociología como en la Antropología Social, se sabe que un conjunto de individuos es parte plena de una determinada cultura en la medida en que comparte ideas (creencias, conocimientos, saberes) instituciones (entidades que regulan su comportamiento) y medios o instrumentos útiles a sus quehaceres cotidianos, todos ellos aprendidos socialmente. Pero si solamente se comparten las creencias, pero no las normas prescritas o viceversa, es más probable que estemos frente a un grupo que es parte de otra cultura, por más parecidas que sean entre ellas.

Este es el caso de prácticas religiosas como la que se refiere al ayuno cristiano. Quienes están integrados(as) a esta cultura saben que el valor del ayuno poco tiene que ver con la renuncia a comer carnes y mucho tiene que hacer con conductas que tienden a privar de un tipo de placeres: aquél que pueda conducir a perjuicios de sí mismo o del prójimo (que en cualquiera de los dos casos significaría un rompimiento de su relación con Dios).

En el primer tipo de conducta, se sigue detrás de lo simbólico y no del principio que rige la cultura cristiana, es decir el segundo tipo de conducta. El sociólogo Robert Merton denominaba al primer caso “ conductas ritualistas ”, porque se utilizan los medios o los símbolos, sin que necesariamente se tenga un comportamiento identificado con los principios y valores de la cultura, en este ejemplo, la cristiana.

Esto no debe confundirse con la llamada religiosidad popular, toda vez que aquí se siguen prácticas de la cultura religiosa en sus formas más elementales, casi primitivas de la misma, pero que no implican una negación de los principios y valores, una vez sus practicantes estén adecuadamente educados(as) al respecto. De allí que en el caso de la Iglesia Católica, la religiosidad popular no es objeto de sanción, porque se ve como un escalón inicial dentro del proceso de culturización del cristianismo. El riesgo es que no se supere este nivel.

Cosa diferente es el ritualismo, aquí nos encontramos con confesos(as) seguidores(as) de la doctrina cristiana muy afanosos(as) en la privación de la degustación de carnes, pero que no se privan de darle rienda suelta al rumor o la calumnia en perjuicio de personas y grupos, porque no coinciden con sus “ creencias ” en temas sensitivos como el aborto, la guerra, la sexualidad o el ejercicio de la política.

Los maestros de mis primeros conocimientos teológicos (el difunto monseñor Carlos A. Lewis encabezándolos) calificaban a este tipo de “ fieles ” como “ ateos practicantes ”, o ejercientes modernos del más puro “ fariseísmo ”. Es el caso, de rabiosos(as) opositores(as) al aborto, pero que callan ante variadas formas de genocidios que se han venido llevando a cabo en África, Irak y hasta en Haití antes y después del terremoto, por parte de los más oscuros poderes de la geopolítica norteamericana. O de grupos de homofóbicos(as) que se amordazan ante denuncias de abusos sexuales por parte de religiosos heterosexuales, aún cuando el propio Papa Benedicto XVI ha planteado tolerancia cero ante estas conductas. Tales ritualistas, definitivamente hacen referencia a un ayuno que se parece al de la cultura judeo cristiana, pero sin serlo en lo esencial. Lo lamentable aquí es que se trata de gente con inconmensurable acceso al poder político, económico y mediático de nuestra sociedad contemporánea.

*Consultor en Sociología. pinnock2117@yahoo.com